lunes, 10 de febrero de 2014

La Sangre en la Botella: Cap 1 (Moral inexistente)

Tolezz descendió por la cuerda lentamente al tiempo que arrojaba varias bengalas al fondo del abismo, este túnel era de construcción reciente y partía desde el medio del campamento arrasado hasta las entrañas de la tierra. Él y su patrulla habían sido enviados del campamento principal hasta uno de las bases avanzadas del frente. El panorama que encontraron era el del silencio absoluto y un hoyo de unos 3 metros situado en el centro del campamento que se perdía en las entrañas de la tierra. Nadie en la partida de reconocimiento había encontrado un solo cadáver durante su barrido inicial por la zona, lo cual era extraño ya que los blancos nunca tocaban los cadáveres de sus enemigos. El capitán de la partida cuando hubieron informado  de la situación determinó que por precaución uno de los soldados  investigaría ligeramente el túnel y si: Habían elegido a Tolezz. Este,molesto, refunfuñaba mientras sus compañeros disponían un sistema de cuerdas para subirlo en caso de emergencia, el propio capitán de la partida lo instruyó de que diese un tirón fuerte de la cuerda si se encontraba en apuros  o el túnel finalizaba. Dicho esto el soldado comenzó a descender por la pared del vertical túnel hasta que la oscuridad lo engulló. Ahora  el soldado lamentaba haberse ofrecido voluntario para aquella misión de reconocimiento, él no era un explorador, era simplemente un soldado raso que nunca había entrado en combate, había creído que  la  tarea de explorar sería constatar que todos estaban muertos o rescatar a los heridos y volver… Craso error, como podía ahora constatar al descender penosamente por la pared de roca. –Al menos ya se ve el fondo- Pensó, eso lo animó un poco y de forma temeraria decidió salvar los metros que le separaban del suelo de un salto. Su tobillo crujió de forma desagradable al estrellarse pesadamente contra el suelo, no gritó pero soltó una maldición en voz alta y se retorció en el suelo mientras el dolor subía en oleadas desde su tobillo, la altura no presentaba problemas para alguien que tuviese cierta experiencia en espeleología. Sin embargo, como se adivinaría sin esfuerzo alguno la experiencia de nuestro soldado era nula y no solo eso, además cayó de forma bastante ridícula aterrizando sobre su pierna  y partiéndose el tobillo con los 20 kilos de armadura añadidos a la gravedad. No obstante aunque Tolezz Eurecian (Así se llamaba en realidad) fuese un inútil conservó la calma y en lugar de gritar de dolor como muchos otros hubiesen hecho en su lugar, activó la función de autonomía hidráulica de su armadura al tiempo que se ponía en pie con dificultad. La función de autonomía hidráulica de la armadura estándar de las Fuerzas de Trónico era un gran invento que permitía al soldado herido por fracturas continuar empleando esa extremidad sin dificultad aunque esta se encontrase totalmente inutilizada, esto también permitía a los soldados de Trónico proseguir la lucha aún cuando les faltase alguna extremidad. Esto no calmaba el dolor punzante que sentía el soldado pero al menos le permitía moverse libremente por el suelo del túnel. El túnel se bifurcaba en una serie de oscuras galerías sumidas en la sombra , el aspecto de las galerías también parecía reciente y Tolezz se planteó  tomar una de las bengalas e investigar. El abuelo de Tolezz había sido un gran explorador y algo en la sangre de su nieto se activó animándolo a proseguir, por desgracia el soldado no había estado en un desierto en su vida y no conocía los peligros de gritar en un lugar donde el silencio que reina es sepulcral y un simple paso puede ser oído a unas decena de metros por unos oídos normales, ya no diremos unos especialmente aguzados ara los que la caída del soldado era como el sonido de uno de los grandes cañones de plasma de la artillería Trónica.  Por ello no reparó en el furtivo sonido de patas en movimiento que se desplazaban a  gran velocidad hacia su posición y que doblaron el paso grito de: -Despejado!- .  Hasta que para Tolezz fue tarde, nuca pudo avisar a sus compañeros siquiera del peligro  terrible que corrían.  Surgiendo de un corredor lateral a la velocidad de un coche  en marcha media, un inmenso ser blanco con aspecto de escorpión  provisto de unas afiladas pinzas  clavó un afilado aguijón en el pecho de Tolezz, la armadura Trónica salvó la vida del soldado pues el apéndice rebotó aunque el impulso catapultó a Tolezz con fuerza contra la pared de roca cortándole la respiración, el soldado cayó pesadamente y la criatura sin perder tiempo trató de ensartarlo nuevamente, en un acto reflejo Tolezz rodó hacia un lado y trató de incorporarse pero la criatura siguió avanzando y atacándolo sin tregua a rodar y a retorcerse al tiempo que el peligroso aguijón oscilaba tratando de apuntar correctamente. Finalmente Tolezz rodó esquivando las pinzas de la bestia hasta acabar bajo su cuerpo y abrió fuego con el arma de pico de su armadura, la bestia se retorció de dolor cuando las agujas balísticas se clavaron en su carne perforando el exoesqueleto y arrojando fluidos que empaparon al soldado. Tolezz se arrastró fuera del alcance de la criatura y continúo disparando hasta que cesó de moverse,  la criatura semejaba un gigantesco escorpión totalmente blanco de casi 5 metros de largo.-Y quizás 2 de alto, aunque es difícil saberlo tumbado en el suelo- pensó. No penséis que Tolezz no tenía miedo, todo lo contrario, le temblaban las piernas de tal manera que tuvo que activar la autonomía hidráulica completa de la armadura. Su miedo se duplicó cuando de la abertura del túnel comenzaron a llegarle unos gritos horribles y el sonido inconfundible de los rifles de plasma abriendo fuego.

Permaneció paralizado sin poder siquiera pensar hasta que un cuerpo cayó desde la superficie sobre él, derribándolo y provocando una oleada de dolor proveniente del tobillo, el soldado se desplomó pesadamente contra el suelo pero el cuerpo rodó y se incorporó de inmediato, poniéndose en guardia  y parapetándose tras una roca al tiempo que abría fuego a diestro y siniestro. Ninguno de los disparos alcanzó a Tolezz de puro milagro,su compañero desconocido continúo disparando hasta que el soldado gritó: -Basta!, Basta!. Soy Tolezz, alto al fuego!- Los disparos cesaron de inmediato y Tolezz se incorporó usando su rifle como apoyo. Ante él se encontraba uno de los soldados de su partida con la armadura estándar salpicada de sangre y una grieta en la placa del brazo izquierdo que le colgaba inerte. No pudo continuar su observación  ya que un segundo cuerpo cayó desde la superficie y esta vez, preparado y alerta ,pudo esquivarlo sin dificultad arrojándose contra la pared. Dos cuerpos más se estrellaron contra el suelo y el primero que resultó ser su capitán al cual reconoció por su ametralladora de hombro acoplada que delataba su rango, el capitán se incorporó como un rayo y tiró de los dos cuerpos que trataban penosamente de incorporarse al tiempo que gritaba:- Fuego!! Fuego! Disparad a la boca del túnel! .Alejaos y disparad! Vamos vamos vamos vamooosss!.- De forma inconsciente, guiado únicamente por su instinto, Tolezz comenzó a correr en dirección a una de las galerías centrales mientras abría fuego contra la boca del túnel con su rifle de plasma, el hecho de que disparaba sin ver en absoluto propició la muerte instantánea de uno de sus compañeros al impactarle en plena cabeza un chorro ardiente de plasma que llenó el aire del túnel con un espantoso hedor a carne quemada aunque afortunadamente para Tolezz  el grito de agonía de su compañero fue silenciado por el inmenso estruendo causado por el túnel al derrumbarse. Una nube de polvo y rocas envolvió a los soldados que pugnaban por huir del derrumbe que amenazaba con sepultarlos bajo un manto de rocas. Tolezz corría como no lo había hecho en su vida, su armadura no daba más de sí como atestiguaban los mensajes mentales de alerta que  él apartaba sin más de su mente, era jugarse todo o nada ya que si la armadura cedía no podría moverse y sería sepultado, pero, si se detenía sería enterrado por las rocas lo cual no le dejaba muchas opciones. Sin apenas pensar y sin ver en absoluto tropezó, cayó y dobló incontables corredores hasta que finalmente emergió a la superficie, justo a tiempo, para ver cómo el soldado que había tratado de asesinarlo era alcanzado por una roca en el casco. Tolezz nunca supo explicar qué le impulsó a volver a entrar en el túnel e ignorando el aluvión de piedra, sacar el cuerpo del soldado ensangrentado rápidamente y    arrastrarlo fuera del túnel donde se desplomó sin sentido y con la sensación de tener la espalda partida en dos.


Despertó en plena noche temblando de frío, la autonomía de la armadura todavía se mantenía de forma milagrosa, consultó el estado y la cantidad de horas que restaban para que el ingenio tecnológico dejase de actuar de forma autónoma y se convirtiese en un armazón de titanio con revestimiento de Zeltark totalmente inútil , la estructura aguantaba perfectamente, sin apenas daños, considerando la cantidad de eventos que había sufrido. Se incorporó con lentitud y se quitó el casco. El aire del desierto acarició su rostro, era gélido pero lo necesitaba, el casco le provocaba claustrofobia pero Tolezz tenía que reconocer que esta vez le había salvado la vida, sin él las rocas lo habrían dejado inconsciente como a su compañero…Era cierto! Su compañero!, ahora recordaba haberlo sacado penosamente en lugar de abandonarlo.- Por qué lo hice?- se preguntó. Debo decir que aquel tipo de actos no se adaptaban para nada a la forma de proceder habitual de Tolezz,  mientras se sumía en estos pensamientos retiró con cuidado el casco de Rojo (Así había decidido llamar al misterioso compañero).  Su sorpresa fue mayúscula al descubrir… una mujer!. El ejército Trónico aceptaba mujeres, estas eran tanto o más capaces y letales que los hombres pero sin embargo lo que de verdad sorprendió a Tolezz era que su compañera no parecía pasar de los 16 años cuando era de sobra sabido que los soldados  permanecían en la academia hasta los 21 años. Momento en el que se licenciaban y pasaban a engrosar filas en el ejército Trónico como soldados completos y entrenados. ÉL mismo acababa de graduarse en la academia y era su primera misión… Tolezz no pudo pensar ya que su compañera se encogió y le asestó una patada en la cabeza que le partió el labio y lo lanzó rodando cuesta abajo medio aturdido. El soldado no tuvo mucho tiempo de lamentarse antes de que unas manos expertas lo inmovilizaran por completo, comenzó a patalear tratando de liberarse, sin embargo,  la presa no solo no cedió ni un centímetro sino que además de ello Tolezz constató aterrorizado que no podía respirar, su compañera roja trataba de matarlo!, lentamente el soldado comenzó a perder la visión, el sueño de la muerte lo llamaba y débilmente intentó un último esfuerzo antes de entregarse a su aparentemente ineludible destino… Desactivó totalmente su armadura. Sin la autonomía, la armadura se transformó en un saco metálico de 60 kg de peso que se derrumbaron sobre el desierto, la presa se desvaneció y Tolezz permaneció inmóvil  respirando débilmente. La primera patada en la cabeza le hizo gritar, la sangre lo cegó y todo comenzó a dar vueltas, reactivó la armadura y alzo los brazos deteniendo la siguiente patada que resonó de forma metálica contra la armadura de Tolezz. En unos segundos otra patada llovió sobre él, esta vez no la vio venir y la bota metálica se estrelló contra su nariz, la sangre comenzó a brotar y toda su visión se tiñó de rojo al tiempo que el dolor cruzaba su mente y estallaba invitándolo al sueño. –Duerme…. Vamos , duerme… es hora de dejar que otros tomen tu lugar…ya has sufrido bastante… duerme…-. –No…-pensó el soldado.-Todavía no…Dame un último intento… solo quiero intentarlo una vez más… esto no puede acabar así… no puede…. No puede… NO PUEDE!-.Subitamente   Tolezz se levantó a ciegas gritando, con su visión totalmente teñida de rojo y el dolor martillándole las sienes y el cuerpo entero. Se arrojó contra su asaltante  en un último intento de  huir o al menos infringirle algún daño antes de fenecer, esto pilló por sorpresa a su agresora que en ese momento se disponía a asestar una nueva patada sobre el soldado, desequilibrándola y cayendo ambos al suelo en un abrazo que los hizo rodar hasta la base de la duna mientras se asestaban mutuamente puñetazos y patadas que resultaban inútiles por sus armaduras. Tolezz renunció a tratar de incorporarse y se aferró a las piernas de su rival derribándola de nuevo, esta trató de golpear con las piernas en la cara al soldado pero Tolezz esquivó por puro instinto la bota metálica y asestó un puñetazo en  lo que sospechó que podía ser la cara de su rival. Para sorpresa mayúscula del soldado, su grito no fue de dolor sino de enfado y Tolezz pudo oir la voz de su rival por primera vez, una suave y melódica voz ahora iracunda que gritó: 

-POR QUÉ ME PEGAS?!.

Acto seguido se derrumbó por el golpe que le asestó en la sien y se desplomó.


Despertó con el calor del sol sobre él, el dolor ahora era un sordo zumbido en su cerebro que reverberaba en su interior, con esfuerzo trató de moverse pero la armadura carecía ya de autonomía y no tenía fuerzas para quitársela, para colmo de males en su radio de visión una cosa blanca diminuta se acercaba:  un escorpión diminuto de menos de un palmo iba en su dirección, blanco como la nieve, lo identificó vagamente como uno de los animales peligrosos mencionados en el folleto de información distribuido por el alto mando a todos los soldados de la base, en aquel neurofolleto , que Tolezz ojeó con desgana aparecía el diminuto insecto que ahora se dirigía hacia él: Turydos Tasarios, si usted o su patrulla es herido por uno, no soliciten ningún tipo de asistencia. Ejecuten de inmediato el protocolo nº 7. El protocolo número siete era conocido entre los soldados con el siniestro nombre: último beso del ejército  y consistía básicamente ajusticiar a tu compañero con un tiro en la cabeza. El protocolo nº 7 se ejecutaba normalmente en casos de deserción, de traición o en caso de que alguien cayese herido grave durante una operación militar. Aunque, hay que decir que no todo el ejército usaba este código, de hecho era considerado obsoleto y solo su división lo utilizaba todavía.  Ante su inevitable destino, Tolezz, se sorprendió al comprobar que no tenía miedo, al fin y al cabo, aunque pudiese levantarse, no podría llegar al campamento él solo, antes moriría de sed, ya que el campamento se encontraba a no menos de 200km de distancia insalvables a pie… -Pero por qué pienso todo esto?- se preguntó-.
 –Si la realidad es que ese pequeño insecto pondrá fin a mi vida… nadie sabrá nada de mí jamás, mi abuela nunca sabrá que caí sin llegar al frente… Oh dios! Pero que patético soy! Un soldado que muere sin llegar a luchar!. Esto no es justo!, se suponía que no debía acabar así… al menos moriré mirando a mi adversario… que no es otro que un simple insecto…-.
Lentamente giró el cuello hasta apoyar su ensangrentada mejilla en la ardiente arena, esta quemaba su cara, pero, aguantó el dolor, si tenía que morir moriría viendo como aquel pequeño bastardo se acercaba. Por una vez no sería un cobarde. El pequeño insecto se encontraba a menos de 30 centímetros de su cara, ya podía verle los diminutos, múltiples y brillantes ojos que adornaban su cabeza, como un delicado encaje negro, la travesía de su ejecutor era totalmente recta, casi como si hubiese sido enviado por el mismo desierto para aliviar la carga de aquel soldado herido. Sus ojos se llenaron súbitamente de inesperadas lágrimas, pero, sin dejar de esbozar una sonrisa, se preparó, y respiró una última vez antes de que su verdugo cumpliera su tarea. En ese mismo momento, una bota metálica de color carmesí aplastó al níveo asesino. Tolezz, tan concentrado y preparado como estaba no pudo evitar lanzar un grito de protesta y enfado, su esperanza de muerte rápida se había esfumado al igual que su aplomo, ahora la mejilla estaba totalmente quemada y le dolía mucho, con esfuerzo, trató de regresar su cara a su posición original. Pero la bota metálica se posó contra el su otra mejilla y le apretó con fuerza, hundiéndole la cara en la arena candente, el soldado aulló al sentir como la parte derecha de su cara era introducida en algo a una temperatura similar  a una plancha y comenzó a llorar. Pero no podía, no le quedaban lágrimas así que solo gritaba. Poco a poco, ante los gritos, la bota aflojó la presión, aunque, no se retiró de su mejilla. Tolezz no sabía que cojones quería lograr aquella psicópata pero si quería que suplicara, si lo único que quería antes de matarlo era que le suplicase que lo hiciera. Lo haría. Débilmente comenzó a susurrar  de forma monótona y repetitiva: -Mátame ya, por favor… hazlo… no sé quién eres ni qué diablos quieres pero… por favor… mátame ya…-


Los primeros cinco intentos no tuvieron éxito pero tras un rato repitiendo de forma demencial aquella desesperada petición, el soldado notó que un sombra caía sobre él y el aliento de alguien sobre su cara, no trató de abrir los ojos… ya no le importaba la cara de su verdugo, escorpión o soldado… eran lo mismo. –Por qué me pegaste en la cara?- le preguntó la voz de la niña asesina.  –Por qué?... por qué me atacaste de esa forma?- logró decir con esfuerzo y no menos estupor. –Atacarte?, te estaba saludando y dándote las gracias.- replicó con un tono de sorpresa que de no ser por la situación actual y los hechos acontecidos sonaba de alguna forma, sincero. Tolezz no pudo evitarlo, no quiso evitarlo, una risa maníaca, desesperada y rota brotó de sus maltrechos labios y resonó demente por el desierto, era la risa de la desesperación, la risa de la incongruencia y sobretodo, era la risa de la confusión más grande que había albergado el soldado en su vida. Tras  reponerse de las convulsiones que le produjo aquella diabólica risa , con grandes dosis de esfuerzo y sarcasmo Tolezz finalmente contestó:- Lamento… mucho… haberte pegado, damisela…. En cuanto a agradecimiento…. Habría bastado con darme la mano, un abrazo o un beso…
Ella se encogió de hombros y  le cortó cualquier pensamiento inclinándose sobre él y besándolo sin preocuparse en absoluto por la sangre o la arena, él estaba demasiado impactado para poder reaccionar, luchar o hablar y permaneció quieto hasta que ella se separó de él, trató de decir algo pero su lengua estaba paralizada, la sombra se retiró y el sol volvió a golpearle en la cara. – Se ha ido- pensó. –Se va para dejarme morir… pero no ha sido una mala despedida, sino estuviese rematadamente loca… en fin, el final está aquí y yo… Oh! No!, que es eso? Que va a hacer? No… por qué?, por qué no lo dejaba morir en paz, bajo el abrasador sol del desierto…- La razón de estos pensamientos era que la sombra había vuelto y ahora portaba un objeto alargado que no auguraba nada bueno para él. Armadura Carmesí  le rodeó y se colocó justo delante de sus pies blandiendo una espada que parecía hecha de arena, el soldado en un acto reflejo trató de alzar los brazos pero entonces ,recordó el estado de su armadura  y desistió, la hoja parda descendió  y se estrelló contra la armadura de la pierna emitiendo un sonido metálico, la hoja se descargó de nuevo, esta vez  contra su pecho. Tolezz estaba confundido, el rostro de Armadura carmesí era imperturbable mientras sin descanso golpeaba con su extraño sable pardo la armadura generando un repiqueteo metálico que se perdía en el desierto, con el paso de los minutos  el repiqueteo se convirtió en una sorda letanía que culminó con un crujido que indicaba que la armadura había cedido, pero la mirada de Tolezz se nublaba y la sed y el sentimiento de resistencia que había albergado secretamente  se desvanecía. Su cabeza cayó sin fuerzas sobre la arena y los parpados empezaron a pesarle demasiado como para mantenerlos abiertos. La muerte había llegado… y él la saludaba con la mano… que curioso… la muerte vestía de una manera extravagante , con prendas rojas y capa verde…


Ella soltó un grito de desánimo cuando la cabeza del soldado cayó sin fuerzas a la ardiente arena.  La espada se disolvió y la arena resbaló entre sus dedos, con rapidez se acercó y se dejó caer de rodillas frente al cuerpo de su presa, tomó la cabeza del soldado y la puso en su regazo acorazado, acto seguido, comenzó a retirarle la armadura del pecho extrayendo la placa delantera, el soldado estaba completamente desnudo pero no le importó, tirando con suavidad pero con firmeza fue sacando al soldado de la armadura. Sin pensar siquiera, activó la autonomía de la armadura y se cargó al soldado al hombro. No sabía si viviría, tampoco es que le importase demasiado pero había encontrado una fuente de información por primera en todo los años que llevaba en aquel desierto y le interesaba saber que más cosas podía enseñarle aquel interesante personaje, caminó durante horas a través del sol abrasador sin detenerse en ningún momento, ningún habitante de la zona se atrevió a cruzarse en su camino, ya que conocían de sobra al misterioso demonio rojo que habitaba en aquel desierto. Caminó sin desviarse  en dirección a las gigantescas montañas que se recortaban en el horizonte al oeste. Cada hora le tomaba el pulso para comprobar si su invitado  seguía con vida, le daba de beber agua cada cierto tiempo o más bien: Le humedecía los labios con un dedo al tiempo que ella bebía copiosamente. Con calma,lo arrastró hasta su cueva oculta bajo una pequeña duna, la entrada era apenas visible, un pequeño hueco sobresalía de la duna, suficientemente ancho como para que ella pasase pero fue un problema arrastrar al soldado por la pequeña abertura ya que en varios momentos se atascó, pero con paciencia finalmente logró , la cueva era espaciosa, de techo alto y acomodada con toscos muebles de madera que ella misma había tallado en sus intentos de viajar a las montañas, las paredes estaban revestidas planchas metálicas de factura extrañas y gran cantidad de abolladuras, como si algo las golpease con fuerza regularmente. tras depositar al soldado en su nido de suaves pieles, salió de la cueva en busca de comida, halló dos lagartos Fomárides cerca de las ruinas antiguas a los que dio caza fácilmente y tras cortarlos en pedazos los transportó a la cueva.


 El soldado despertó seis horas después de que los lagartos comenzaran a asarse (Ya despellejados, eviscerados y sazonados), fuera, el anochecer cubría el desierto con una capa de aterciopelada oscuridad y unas temperaturas gélidas. Supo que estaba despierto por el quejido que emitió al tratar de incorporarse con demasiada velocidad, tras desplomarse de nuevo, el invitado habló con voz pastosa pidiendo lo que toda persona que sobrevive por intervención divina en un desierto pide…. Agua. –Agua… por favor, agua… por…por…. Por piedad… agua…-. Ella se levantó y llenó un cuenco de piel con agua, se lo tendió y observó cómo bebía con avidez, pidió más y ella volvió a levantarse de nuevo a por el preciado líquido. Saciada la sed del invitado, ambos se miraron en silencio, su aspecto era horrible, su nariz rota colgaba torcida hacia la derecha y sus labios estaban partidos, no obstante se abstuvo a hacer ningún comentario, al menos, hasta que él habló: -Como te llamas?- preguntó. –Tolezz- contestó ella al instante. –Eso es imposible, ese es mi nombre, así me llamo yo… a ver, cómo te llamas tú?-. –Tolezz- repitió ella con una sonrisa impresa en el rostro. –Agggg, no importa, en fin, ya veo que sabes mi nombre muy bien… Ahora… si puedo preguntar… Por qué me has salvado?-  continuó él, resignado, no le apetecía discutir con alguien como Armadura Carmesí, de hecho temía por su vida, pensaba que solo le había salvado para continuar torturandolo… Hasta que recordó el beso. –Para disculparme por haberte agradecido el que me salvaras- Contestó ella con rapidez.


  Tolezz todavía no creía nada de lo que decía su anfitriona, estaba loca, eso era un hecho, pero le había salvado y el soldado no era ningún desagradecido con lo cual… -Gracias, supongo- dijo mientras trataba de lavarse la cara con el resto del agua del cuenco, al tocar su nariz una ola de dolor le recorrió el cuerpo. –Esto va a doler… mucho- pensó él al tiempo que de un tirón colocaba su apéndice nasal en su lugar correcto. No pudo evitar gritar y se mordió la lengua que empezó a sangrar abundantemente, su anfitriona se alejó de él de un salto al tiempo que se daba la vuelta creyendo, quizás, que algo había entrado en la cueva sin invitación. El soldado la calmó  con un gesto y le señaló su nariz, explicándole el motivo del grito, ella más tranquila recuperó la sonrisa y él prosiguió –Pero la próxima vez, si puede ser , agradécemelo con…  -Con un beso- completó ella, acto seguido lo besó de nuevo y Tolezz perdió el equilibrio, cayendo de espaldas sobre las pieles. Mentiríamos  si dijésemos que no enrojeció. No era para menos,  ya que Armadura carmesí era la primera chica real que besaba a Tolezz,- y eso marca a uno- pensó él mucho más tarde en su defensa, aunque la chica haya tratado de matarte previamente. 


Se separaron y ella sonrió de nuevo, tenía una sonrisa muy bella que contrastaba con su pelo corto en punta de color carmesí, como su armadura, sus labios en cambio eran de un tono negro que Tolezz nunca había visto antes, estos, constrastaban de igual forma con la palidez casi marmórea . El soldado también sonrió y se atrevió a tomar la iniciativa un poco más confiado, fue rechazado con un bofetón por su anfitriona que hizo que se desplomara de nuevo. La cabeza le daba vueltas, mientras pensaba en que clase de mujer abofeteaba al hombre que besaba… -Está loca, pero me ha salvado la vida, no sé sus motivos, ni creo que sean lógicos… debería preguntarle donde estamos y donde están sus padres-. Ella le contestó que a salvo, en su casa  y después preguntó con completa inocencia que qué eran los padres y, si se podían comer, él la escuchó con incredulidad, era imposible, una niña de su edad sola en el desierto, zona catalogada como muy peligrosa por el ejército. Y ella, sin embargo, sobrevivía sin problemas, como pudo constatar al ver las numerosas pieles colgadas por la cueva. Ante su silencio, ella comenzó a hablar y  le preguntó qué era “saludar” y “abrazo”, interesándose en especial en la palabra “por favor”.Tolezz intentó explicarle lo que era cada una, aunque al principio creyó que ella le tomaba el pelo, sin embargo, al mirar sus ojos verdes lo descartó por completo, aquellos ojos reflejaban la soledad más profunda que el soldado había visto en su vida. Con lo cual, le creyó, y trató de explicárselo de forma neutral, aunque no pudo evitar sentirse ligeramente estúpido mientras lo hacía, ella absorbía cada gota de información como él había bebido el agua que le había ofrecido: con anhelo. Por su parte,al quedar satisfecha su aparente e infantil curiosidad, le habló de como llevaba viviendo en el desierto desde que tenía memoria y le explicó como por simple curiosidad y diversión se había integrado en la patrulla de exploración asesinando a uno de los miembros y robandole la armadura, acto seguido habían atacados por los acechantes de la arena y había tenido que saltar al interior del túnel, -Tus compañeros- dijo con total naturalidad- ya estarán muertos, ya sea a mano de los acechantes, por el calor abrasador o congelados por los gélidos vientos que barrían el desierto.-

 Tolezz escuchaba con una mezcla de espanto y pena, él nunca había sido una persona ejemplar.pero al menos tenía un mínimo sentido moral, cosa de lo que ella, al parecer,  carecía por completo, -Qué le ha pasado para qué su moral esté destruida?, que terrible trauma había sufrido para que la muerte y la vida no significaran nada para ella?- pensó él. Le habló mientras cenaban el lagarto fomárides (Que Tolezz devoró con verdadero entusiasmo) del chasquido musical de las vértebras del cuello al quebrarse y la diversión de ver brotar la sangre como un torrente, no solo de seres del desierto como aquellos lagartos, sino también soldados moribundos que eran abandonados en el frente. Finalmente concluyó que no sabía lo que era un nombre, dado que nunca lo había necesitado y que Tolezz era el único nombre que había oído en su vida. Tolezz, después de salir de su asombro inicial, trató de explicarle que había muchos nombres en el mundo, que , de echo, todas las personas en el mundo tenían nombre, a continuación le habló de su propio nombre. –Pues en realidad ese no es mi nombre completo, es mi apellido paterno. Mi nombre real es Ronar, Ronar Tolezz Eurecian es mi nombre completo… y tú…- prosiguió- Tú… necesitas un nombre, un nombre de verdad y no mi apellido…mmm…si… un nombre facilitaría las cosas… nos da identidad…y define un poco lo que somos.- Finalizó. Ella, que había permanecido al otro lado de la hoguera escuchando extasiada en silencio, se levantó y se acercó, Ronar temió que fuera a golpearle de nuevo, ya que de nuevo su rostro carecía de emoción alguna, pero, para su sorpresa ella se sentó a su lado con suavidad, le agarró del hombro, acercó la boca a su oreja  y  susurró con una voz muy distinta a la que hasta ahora había empleado, una voz profunda con un timbre mecánico que puso los pelos de punta al soldado: 

-Entonces… Ronar, dame un nombre...dame identidad…  quiero un nombre…-


La forma en qué lo dijo estremeció a Ronar, que se alejó de forma inconsciente, ella por su parte se acercó de nuevo y formuló en voz alta la misma petición, Ronar comenzó a sentir un miedo desconocido dentro de sí, un miedo primigenio e insondable que no sabía identificar, ambos pena y miedo chocaban entre sí, debatiéndose dentro de él, luchando para tomar una decisión, que, era simple , pero a la vez le parecía la más difícil que había tomado en su vida. Como si de un holograma se tratase, recordó ,todo lo que había sucedido y de alguna manera que jamás comprendió vio llamas, muerte y un mundo que no era lo que parecía. Permaneció aturdido durante unos instantes pero finalmente  la pena venció, una sola palabra le vino al instante  a la mente, como traída por el mismo desierto, algo que, aunque no era un nombre, cumplía la misma función, quizás incluso más que un nombre. Esa fue la única palabra  que acudió a él cuando pensó en ella y curiosamente, le pareció un buen nombre, ella por su parte, aguardaba en silencio talandrándolo con sus ojos verdes… expectante. El tiempo se detuvo y él tomó aliento para decir:


-Alma- dijo Ronar Tolezz Eurecian, descendiente de una familia de importantes científicos, soldados y exploradores, cobarde, inútil y patético ser que ahora desempeñaba uno de los papeles más importantes de su vida, aunquea, como es lógico, no lo sabía. –Te llamas alma, porque es lo que te falta  y lo que sinceramente espero que encuentres, eres Alma, mi salvadora y espero que algún día… mi amiga…- Dejó de hablar cuando aturdido comprobó cómo los ojos de su anfitriona habían cambiado del verde a un color  dorado salpicado de extraños símbolos   violetas que no reconoció. Nunca en su vida había visto unos ojos así, tan profundos y hermosos, ella entonces, con sus ojos divinos y su voz melódica de vuelta ,preguntó: -Que es una amiga?-


Y Ronar no pudo evitar comenzar a llorar y a reir con gruesas lágrimas saladas para desconcierto de su anfitriona.

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