Tolezz descendió por la cuerda lentamente al tiempo que
arrojaba varias bengalas al fondo del abismo, este túnel era de construcción
reciente y partía desde el medio del campamento arrasado hasta las entrañas de
la tierra. Él y su patrulla habían sido enviados del campamento principal hasta
uno de las bases avanzadas del frente. El panorama que encontraron era el del
silencio absoluto y un hoyo de unos 3 metros situado en el centro del
campamento que se perdía en las entrañas de la tierra. Nadie en la partida de
reconocimiento había encontrado un solo cadáver durante su barrido inicial por
la zona, lo cual era extraño ya que los blancos nunca tocaban los cadáveres de
sus enemigos. El capitán de la partida cuando hubieron informado de la situación determinó que por precaución
uno de los soldados investigaría
ligeramente el túnel y si: Habían elegido a Tolezz. Este,molesto, refunfuñaba
mientras sus compañeros disponían un sistema de cuerdas para subirlo en caso de
emergencia, el propio capitán de la partida lo instruyó de que diese un tirón
fuerte de la cuerda si se encontraba en apuros
o el túnel finalizaba. Dicho esto el soldado comenzó a descender por la
pared del vertical túnel hasta que la oscuridad lo engulló. Ahora el soldado lamentaba haberse ofrecido
voluntario para aquella misión de reconocimiento, él no era un explorador, era
simplemente un soldado raso que nunca había entrado en combate, había creído
que la
tarea de explorar sería constatar que todos estaban muertos o rescatar a
los heridos y volver… Craso error, como podía ahora constatar al descender
penosamente por la pared de roca. –Al menos ya se ve el fondo- Pensó, eso lo
animó un poco y de forma temeraria decidió salvar los metros que le separaban
del suelo de un salto. Su tobillo crujió de forma desagradable al estrellarse
pesadamente contra el suelo, no gritó pero soltó una maldición en voz alta y se
retorció en el suelo mientras el dolor subía en oleadas desde su tobillo, la
altura no presentaba problemas para alguien que tuviese cierta experiencia en
espeleología. Sin embargo, como se adivinaría sin esfuerzo alguno la
experiencia de nuestro soldado era nula y no solo eso, además cayó de forma
bastante ridícula aterrizando sobre su pierna
y partiéndose el tobillo con los 20 kilos de armadura añadidos a la
gravedad. No obstante aunque Tolezz Eurecian (Así se llamaba en realidad) fuese
un inútil conservó la calma y en lugar de gritar de dolor como muchos otros
hubiesen hecho en su lugar, activó la función de autonomía hidráulica de su
armadura al tiempo que se ponía en pie con dificultad. La función de autonomía
hidráulica de la armadura estándar de las Fuerzas de Trónico era un gran
invento que permitía al soldado herido por fracturas continuar empleando esa
extremidad sin dificultad aunque esta se encontrase totalmente inutilizada,
esto también permitía a los soldados de Trónico proseguir la lucha aún cuando
les faltase alguna extremidad. Esto no calmaba el dolor punzante que sentía el
soldado pero al menos le permitía moverse libremente por el suelo del túnel. El
túnel se bifurcaba en una serie de oscuras galerías sumidas en la sombra , el
aspecto de las galerías también parecía reciente y Tolezz se planteó tomar una de las bengalas e investigar. El
abuelo de Tolezz había sido un gran explorador y algo en la sangre de su nieto
se activó animándolo a proseguir, por desgracia el soldado no había estado en
un desierto en su vida y no conocía los peligros de gritar en un lugar donde el
silencio que reina es sepulcral y un simple paso puede ser oído a unas decena
de metros por unos oídos normales, ya no diremos unos especialmente aguzados
ara los que la caída del soldado era como el sonido de uno de los grandes
cañones de plasma de la artillería Trónica.
Por ello no reparó en el furtivo sonido de patas en movimiento que se
desplazaban a gran velocidad hacia su
posición y que doblaron el paso grito de: -Despejado!- . Hasta que para Tolezz fue tarde, nuca pudo
avisar a sus compañeros siquiera del peligro terrible que corrían. Surgiendo de un corredor lateral a la
velocidad de un coche en marcha media,
un inmenso ser blanco con aspecto de escorpión
provisto de unas afiladas pinzas clavó un afilado aguijón en el pecho de Tolezz,
la armadura Trónica salvó la vida del soldado pues el apéndice rebotó aunque el
impulso catapultó a Tolezz con fuerza contra la pared de roca cortándole la
respiración, el soldado cayó pesadamente y la criatura sin perder tiempo trató
de ensartarlo nuevamente, en un acto reflejo Tolezz rodó hacia un lado y trató
de incorporarse pero la criatura siguió avanzando y atacándolo sin tregua a
rodar y a retorcerse al tiempo que el peligroso aguijón oscilaba tratando de
apuntar correctamente. Finalmente Tolezz rodó esquivando las pinzas de la bestia
hasta acabar bajo su cuerpo y abrió fuego con el arma de pico de su armadura,
la bestia se retorció de dolor cuando las agujas balísticas se clavaron en su
carne perforando el exoesqueleto y arrojando fluidos que empaparon al soldado.
Tolezz se arrastró fuera del alcance de la criatura y continúo disparando hasta
que cesó de moverse, la criatura
semejaba un gigantesco escorpión totalmente blanco de casi 5 metros de largo.-Y
quizás 2 de alto, aunque es difícil saberlo tumbado en el suelo- pensó. No
penséis que Tolezz no tenía miedo, todo lo contrario, le temblaban las piernas
de tal manera que tuvo que activar la autonomía hidráulica completa de la
armadura. Su miedo se duplicó cuando de la abertura del túnel comenzaron a
llegarle unos gritos horribles y el sonido inconfundible de los rifles de
plasma abriendo fuego.
Permaneció paralizado sin poder siquiera pensar hasta que un
cuerpo cayó desde la superficie sobre él, derribándolo y provocando una oleada
de dolor proveniente del tobillo, el soldado se desplomó pesadamente contra el
suelo pero el cuerpo rodó y se incorporó de inmediato, poniéndose en
guardia y parapetándose tras una roca al
tiempo que abría fuego a diestro y siniestro. Ninguno de los disparos alcanzó a
Tolezz de puro milagro,su compañero desconocido continúo disparando hasta que
el soldado gritó: -Basta!, Basta!. Soy Tolezz, alto al fuego!- Los disparos
cesaron de inmediato y Tolezz se incorporó usando su rifle como apoyo. Ante él
se encontraba uno de los soldados de su partida con la armadura estándar
salpicada de sangre y una grieta en la placa del brazo izquierdo que le colgaba
inerte. No pudo continuar su observación
ya que un segundo cuerpo cayó desde la superficie y esta vez, preparado
y alerta ,pudo esquivarlo sin dificultad arrojándose contra la pared. Dos
cuerpos más se estrellaron contra el suelo y el primero que resultó ser su
capitán al cual reconoció por su ametralladora de hombro acoplada que delataba
su rango, el capitán se incorporó como un rayo y tiró de los dos cuerpos que
trataban penosamente de incorporarse al tiempo que gritaba:- Fuego!! Fuego!
Disparad a la boca del túnel! .Alejaos y disparad! Vamos vamos vamos
vamooosss!.- De forma inconsciente, guiado únicamente por su instinto, Tolezz
comenzó a correr en dirección a una de las galerías centrales mientras abría
fuego contra la boca del túnel con su rifle de plasma, el hecho de que
disparaba sin ver en absoluto propició la muerte instantánea de uno de sus
compañeros al impactarle en plena cabeza un chorro ardiente de plasma que llenó
el aire del túnel con un espantoso hedor a carne quemada aunque afortunadamente
para Tolezz el grito de agonía de su
compañero fue silenciado por el inmenso estruendo causado por el túnel al
derrumbarse. Una nube de polvo y rocas envolvió a los soldados que pugnaban por
huir del derrumbe que amenazaba con sepultarlos bajo un manto de rocas. Tolezz
corría como no lo había hecho en su vida, su armadura no daba más de sí como
atestiguaban los mensajes mentales de alerta que él apartaba sin más de su mente, era jugarse
todo o nada ya que si la armadura cedía no podría moverse y sería sepultado,
pero, si se detenía sería enterrado por las rocas lo cual no le dejaba muchas
opciones. Sin apenas pensar y sin ver en absoluto tropezó, cayó y dobló incontables
corredores hasta que finalmente emergió a la superficie, justo a tiempo, para
ver cómo el soldado que había tratado de asesinarlo era alcanzado por una roca
en el casco. Tolezz nunca supo explicar qué le impulsó a volver a entrar en el
túnel e ignorando el aluvión de piedra, sacar el cuerpo del soldado
ensangrentado rápidamente y
arrastrarlo fuera del túnel donde se desplomó sin sentido y con la
sensación de tener la espalda partida en dos.
Despertó en plena noche temblando de frío, la autonomía de
la armadura todavía se mantenía de forma milagrosa, consultó el estado y la
cantidad de horas que restaban para que el ingenio tecnológico dejase de actuar
de forma autónoma y se convirtiese en un armazón de titanio con revestimiento
de Zeltark totalmente inútil , la estructura aguantaba perfectamente, sin
apenas daños, considerando la cantidad de eventos que había sufrido. Se
incorporó con lentitud y se quitó el casco. El aire del desierto acarició su
rostro, era gélido pero lo necesitaba, el casco le provocaba claustrofobia pero
Tolezz tenía que reconocer que esta vez le había salvado la vida, sin él las
rocas lo habrían dejado inconsciente como a su compañero…Era cierto! Su
compañero!, ahora recordaba haberlo sacado penosamente en lugar de
abandonarlo.- Por qué lo hice?- se preguntó. Debo decir que aquel tipo de actos
no se adaptaban para nada a la forma de proceder habitual de Tolezz, mientras se sumía en estos pensamientos retiró
con cuidado el casco de Rojo (Así había decidido llamar al misterioso
compañero). Su sorpresa fue mayúscula al
descubrir… una mujer!. El ejército Trónico aceptaba mujeres, estas eran tanto o
más capaces y letales que los hombres pero sin embargo lo que de verdad
sorprendió a Tolezz era que su compañera no parecía pasar de los 16 años cuando
era de sobra sabido que los soldados
permanecían en la academia hasta los 21 años. Momento en el que se licenciaban
y pasaban a engrosar filas en el ejército Trónico como soldados completos y
entrenados. ÉL mismo acababa de graduarse en la academia y era su primera
misión… Tolezz no pudo pensar ya que su compañera se encogió y le asestó una
patada en la cabeza que le partió el labio y lo lanzó rodando cuesta abajo
medio aturdido. El soldado no tuvo mucho tiempo de lamentarse antes de que unas
manos expertas lo inmovilizaran por completo, comenzó a patalear tratando de
liberarse, sin embargo, la presa no solo
no cedió ni un centímetro sino que además de ello Tolezz constató aterrorizado
que no podía respirar, su compañera roja trataba de matarlo!, lentamente el
soldado comenzó a perder la visión, el sueño de la muerte lo llamaba y
débilmente intentó un último esfuerzo antes de entregarse a su aparentemente
ineludible destino… Desactivó totalmente su armadura. Sin la autonomía, la
armadura se transformó en un saco metálico de 60 kg de peso que se derrumbaron
sobre el desierto, la presa se desvaneció y Tolezz permaneció inmóvil respirando débilmente. La primera patada en
la cabeza le hizo gritar, la sangre lo cegó y todo comenzó a dar vueltas,
reactivó la armadura y alzo los brazos deteniendo la siguiente patada que
resonó de forma metálica contra la armadura de Tolezz. En unos segundos otra
patada llovió sobre él, esta vez no la vio venir y la bota metálica se estrelló
contra su nariz, la sangre comenzó a brotar y toda su visión se tiñó de rojo al
tiempo que el dolor cruzaba su mente y estallaba invitándolo al sueño.
–Duerme…. Vamos , duerme… es hora de dejar que otros tomen tu lugar…ya has
sufrido bastante… duerme…-. –No…-pensó el soldado.-Todavía no…Dame un último
intento… solo quiero intentarlo una vez más… esto no puede acabar así… no
puede…. No puede… NO PUEDE!-.Subitamente Tolezz se levantó a ciegas gritando, con su
visión totalmente teñida de rojo y el dolor martillándole las sienes y el
cuerpo entero. Se arrojó contra su asaltante
en un último intento de huir o al
menos infringirle algún daño antes de fenecer, esto pilló por sorpresa a su
agresora que en ese momento se disponía a asestar una nueva patada sobre el
soldado, desequilibrándola y cayendo ambos al suelo en un abrazo que los hizo
rodar hasta la base de la duna mientras se asestaban mutuamente puñetazos y
patadas que resultaban inútiles por sus armaduras. Tolezz renunció a tratar de
incorporarse y se aferró a las piernas de su rival derribándola de nuevo, esta
trató de golpear con las piernas en la cara al soldado pero Tolezz esquivó por
puro instinto la bota metálica y asestó un puñetazo en lo que sospechó que podía ser la cara de su
rival. Para sorpresa mayúscula del soldado, su grito no fue de dolor sino de
enfado y Tolezz pudo oir la voz de su rival por primera vez, una suave y
melódica voz ahora iracunda que gritó:
-POR QUÉ ME PEGAS?!.
Acto seguido se derrumbó por el golpe que le asestó en la
sien y se desplomó.
Despertó con el calor del sol sobre él, el dolor ahora era
un sordo zumbido en su cerebro que reverberaba en su interior, con esfuerzo
trató de moverse pero la armadura carecía ya de autonomía y no tenía fuerzas
para quitársela, para colmo de males en su radio de visión una cosa blanca
diminuta se acercaba: un escorpión
diminuto de menos de un palmo iba en su dirección, blanco como la nieve, lo
identificó vagamente como uno de los animales peligrosos mencionados en el folleto
de información distribuido por el alto mando a todos los soldados de la base,
en aquel neurofolleto , que Tolezz ojeó con desgana aparecía el diminuto
insecto que ahora se dirigía hacia él: Turydos Tasarios, si usted o su patrulla
es herido por uno, no soliciten ningún tipo de asistencia. Ejecuten de
inmediato el protocolo nº 7. El protocolo número siete era conocido entre los
soldados con el siniestro nombre: último beso del ejército y consistía básicamente ajusticiar a tu
compañero con un tiro en la cabeza. El protocolo nº 7 se ejecutaba normalmente
en casos de deserción, de traición o en caso de que alguien cayese herido grave
durante una operación militar. Aunque, hay que decir que no todo el ejército
usaba este código, de hecho era considerado obsoleto y solo su división lo
utilizaba todavía. Ante su inevitable
destino, Tolezz, se sorprendió al comprobar que no tenía miedo, al fin y al
cabo, aunque pudiese levantarse, no podría llegar al campamento él solo, antes
moriría de sed, ya que el campamento se encontraba a no menos de 200km de
distancia insalvables a pie… -Pero por qué pienso todo esto?- se preguntó-.
–Si la realidad es
que ese pequeño insecto pondrá fin a mi vida… nadie sabrá nada de mí jamás, mi
abuela nunca sabrá que caí sin llegar al frente… Oh dios! Pero que patético
soy! Un soldado que muere sin llegar a luchar!. Esto no es justo!, se suponía
que no debía acabar así… al menos moriré mirando a mi adversario… que no es
otro que un simple insecto…-.
Lentamente giró el cuello hasta apoyar su ensangrentada
mejilla en la ardiente arena, esta quemaba su cara, pero, aguantó el dolor, si
tenía que morir moriría viendo como aquel pequeño bastardo se acercaba. Por una
vez no sería un cobarde. El pequeño insecto se encontraba a menos de 30
centímetros de su cara, ya podía verle los diminutos, múltiples y brillantes
ojos que adornaban su cabeza, como un delicado encaje negro, la travesía de su
ejecutor era totalmente recta, casi como si hubiese sido enviado por el mismo
desierto para aliviar la carga de aquel soldado herido. Sus ojos se llenaron súbitamente
de inesperadas lágrimas, pero, sin dejar de esbozar una sonrisa, se preparó, y
respiró una última vez antes de que su verdugo cumpliera su tarea. En ese mismo
momento, una bota metálica de color carmesí aplastó al níveo asesino. Tolezz,
tan concentrado y preparado como estaba no pudo evitar lanzar un grito de
protesta y enfado, su esperanza de muerte rápida se había esfumado al igual que
su aplomo, ahora la mejilla estaba totalmente quemada y le dolía mucho, con
esfuerzo, trató de regresar su cara a su posición original. Pero la bota metálica
se posó contra el su otra mejilla y le apretó con fuerza, hundiéndole la cara
en la arena candente, el soldado aulló al sentir como la parte derecha de su
cara era introducida en algo a una temperatura similar a una plancha y comenzó a llorar. Pero no podía,
no le quedaban lágrimas así que solo gritaba. Poco a poco, ante los gritos, la
bota aflojó la presión, aunque, no se retiró de su mejilla. Tolezz no sabía que
cojones quería lograr aquella psicópata pero si quería que suplicara, si lo
único que quería antes de matarlo era que le suplicase que lo hiciera. Lo
haría. Débilmente comenzó a susurrar de
forma monótona y repetitiva: -Mátame ya, por favor… hazlo… no sé quién eres ni
qué diablos quieres pero… por favor… mátame ya…-
Los primeros cinco intentos no tuvieron éxito pero tras un
rato repitiendo de forma demencial aquella desesperada petición, el soldado
notó que un sombra caía sobre él y el aliento de alguien sobre su cara, no
trató de abrir los ojos… ya no le importaba la cara de su verdugo, escorpión o
soldado… eran lo mismo. –Por qué me pegaste en la cara?- le preguntó la voz de
la niña asesina. –Por qué?... por qué me
atacaste de esa forma?- logró decir con esfuerzo y no menos estupor.
–Atacarte?, te estaba saludando y dándote las gracias.- replicó con un tono de
sorpresa que de no ser por la situación actual y los hechos acontecidos sonaba
de alguna forma, sincero. Tolezz no pudo evitarlo, no quiso evitarlo, una risa
maníaca, desesperada y rota brotó de sus maltrechos labios y resonó demente por
el desierto, era la risa de la desesperación, la risa de la incongruencia y
sobretodo, era la risa de la confusión más grande que había albergado el
soldado en su vida. Tras reponerse de
las convulsiones que le produjo aquella diabólica risa , con grandes dosis de
esfuerzo y sarcasmo Tolezz finalmente contestó:- Lamento… mucho… haberte
pegado, damisela…. En cuanto a agradecimiento…. Habría bastado con darme la
mano, un abrazo o un beso…
Ella se encogió de hombros y le cortó cualquier pensamiento inclinándose
sobre él y besándolo sin preocuparse en absoluto por la sangre o la arena, él
estaba demasiado impactado para poder reaccionar, luchar o hablar y permaneció
quieto hasta que ella se separó de él, trató de decir algo pero su lengua
estaba paralizada, la sombra se retiró y el sol volvió a golpearle en la cara.
– Se ha ido- pensó. –Se va para dejarme morir… pero no ha sido una mala
despedida, sino estuviese rematadamente loca… en fin, el final está aquí y yo…
Oh! No!, que es eso? Que va a hacer? No… por qué?, por qué no lo dejaba morir
en paz, bajo el abrasador sol del desierto…- La razón de estos pensamientos era
que la sombra había vuelto y ahora portaba un objeto alargado que no auguraba
nada bueno para él. Armadura Carmesí le rodeó
y se colocó justo delante de sus pies blandiendo una espada que parecía hecha
de arena, el soldado en un acto reflejo trató de alzar los brazos pero entonces
,recordó el estado de su armadura y
desistió, la hoja parda descendió y se
estrelló contra la armadura de la pierna emitiendo un sonido metálico, la hoja
se descargó de nuevo, esta vez contra su
pecho. Tolezz estaba confundido, el rostro de Armadura carmesí era
imperturbable mientras sin descanso golpeaba con su extraño sable pardo la
armadura generando un repiqueteo metálico que se perdía en el desierto, con el
paso de los minutos el repiqueteo se
convirtió en una sorda letanía que culminó con un crujido que indicaba que la
armadura había cedido, pero la mirada de Tolezz se nublaba y la sed y el
sentimiento de resistencia que había albergado secretamente se desvanecía. Su cabeza cayó sin fuerzas
sobre la arena y los parpados empezaron a pesarle demasiado como para
mantenerlos abiertos. La muerte había llegado… y él la saludaba con la mano…
que curioso… la muerte vestía de una manera extravagante , con prendas rojas y
capa verde…
Ella soltó un grito de desánimo cuando la cabeza del soldado
cayó sin fuerzas a la ardiente arena. La
espada se disolvió y la arena resbaló entre sus dedos, con rapidez se acercó y
se dejó caer de rodillas frente al cuerpo de su presa, tomó la cabeza del
soldado y la puso en su regazo acorazado, acto seguido, comenzó a retirarle la
armadura del pecho extrayendo la placa delantera, el soldado estaba
completamente desnudo pero no le importó, tirando con suavidad pero con firmeza
fue sacando al soldado de la armadura. Sin pensar siquiera, activó la autonomía
de la armadura y se cargó al soldado al hombro. No sabía si viviría, tampoco es
que le importase demasiado pero había encontrado una fuente de información por
primera en todo los años que llevaba en aquel desierto y le interesaba saber
que más cosas podía enseñarle aquel interesante personaje, caminó durante horas
a través del sol abrasador sin detenerse en ningún momento, ningún habitante de
la zona se atrevió a cruzarse en su camino, ya que conocían de sobra al
misterioso demonio rojo que habitaba en aquel desierto. Caminó sin desviarse en dirección a las gigantescas montañas que se
recortaban en el horizonte al oeste. Cada hora le tomaba el pulso para comprobar
si su invitado seguía con vida, le daba
de beber agua cada cierto tiempo o más bien: Le humedecía los labios con un
dedo al tiempo que ella bebía copiosamente. Con calma,lo arrastró hasta su
cueva oculta bajo una pequeña duna, la entrada era apenas visible, un pequeño
hueco sobresalía de la duna, suficientemente ancho como para que ella pasase
pero fue un problema arrastrar al soldado por la pequeña abertura ya que en
varios momentos se atascó, pero con paciencia finalmente logró , la cueva era
espaciosa, de techo alto y acomodada con toscos muebles de madera que ella
misma había tallado en sus intentos de viajar a las montañas, las paredes
estaban revestidas planchas metálicas de factura extrañas y gran cantidad de
abolladuras, como si algo las golpease con fuerza regularmente. tras depositar
al soldado en su nido de suaves pieles, salió de la cueva en busca de comida,
halló dos lagartos Fomárides cerca de las ruinas antiguas a los que dio caza
fácilmente y tras cortarlos en pedazos los transportó a la cueva.
El soldado despertó
seis horas después de que los lagartos comenzaran a asarse (Ya despellejados,
eviscerados y sazonados), fuera, el anochecer cubría el desierto con una capa
de aterciopelada oscuridad y unas temperaturas gélidas. Supo que estaba
despierto por el quejido que emitió al tratar de incorporarse con demasiada
velocidad, tras desplomarse de nuevo, el invitado habló con voz pastosa
pidiendo lo que toda persona que sobrevive por intervención divina en un
desierto pide…. Agua. –Agua… por favor, agua… por…por…. Por piedad… agua…-.
Ella se levantó y llenó un cuenco de piel con agua, se lo tendió y observó cómo
bebía con avidez, pidió más y ella volvió a levantarse de nuevo a por el
preciado líquido. Saciada la sed del invitado, ambos se miraron en silencio, su
aspecto era horrible, su nariz rota colgaba torcida hacia la derecha y sus
labios estaban partidos, no obstante se abstuvo a hacer ningún comentario, al
menos, hasta que él habló: -Como te llamas?- preguntó. –Tolezz- contestó ella
al instante. –Eso es imposible, ese es mi nombre, así me llamo yo… a ver, cómo
te llamas tú?-. –Tolezz- repitió ella con una sonrisa impresa en el rostro.
–Agggg, no importa, en fin, ya veo que sabes mi nombre muy bien… Ahora… si
puedo preguntar… Por qué me has salvado?-
continuó él, resignado, no le apetecía discutir con alguien como
Armadura Carmesí, de hecho temía por su vida, pensaba que solo le había salvado
para continuar torturandolo… Hasta que recordó el beso. –Para disculparme por
haberte agradecido el que me salvaras- Contestó ella con rapidez.
Tolezz todavía no
creía nada de lo que decía su anfitriona, estaba loca, eso era un hecho, pero
le había salvado y el soldado no era ningún desagradecido con lo cual…
-Gracias, supongo- dijo mientras trataba de lavarse la cara con el resto del
agua del cuenco, al tocar su nariz una ola de dolor le recorrió el cuerpo. –Esto
va a doler… mucho- pensó él al tiempo que de un tirón colocaba su apéndice
nasal en su lugar correcto. No pudo evitar gritar y se mordió la lengua que
empezó a sangrar abundantemente, su anfitriona se alejó de él de un salto al
tiempo que se daba la vuelta creyendo, quizás, que algo había entrado en la
cueva sin invitación. El soldado la calmó con un gesto y le señaló su nariz, explicándole
el motivo del grito, ella más tranquila recuperó la sonrisa y él prosiguió
–Pero la próxima vez, si puede ser , agradécemelo con… -Con un beso- completó ella, acto seguido lo
besó de nuevo y Tolezz perdió el equilibrio, cayendo de espaldas sobre las
pieles. Mentiríamos si dijésemos que no enrojeció.
No era para menos, ya que Armadura
carmesí era la primera chica real que besaba a Tolezz,- y eso marca a uno-
pensó él mucho más tarde en su defensa, aunque la chica haya tratado de matarte
previamente.
Se separaron y ella sonrió de nuevo, tenía una sonrisa muy bella
que contrastaba con su pelo corto en punta de color carmesí, como su armadura,
sus labios en cambio eran de un tono negro que Tolezz nunca había visto antes,
estos, constrastaban de igual forma con la palidez casi marmórea . El soldado
también sonrió y se atrevió a tomar la iniciativa un poco más confiado, fue
rechazado con un bofetón por su anfitriona que hizo que se desplomara de nuevo.
La cabeza le daba vueltas, mientras pensaba en que clase de mujer abofeteaba al
hombre que besaba… -Está loca, pero me ha salvado la vida, no sé sus motivos,
ni creo que sean lógicos… debería preguntarle donde estamos y donde están sus
padres-. Ella le contestó que a salvo, en su casa y después preguntó con completa inocencia que
qué eran los padres y, si se podían comer, él la escuchó con incredulidad, era
imposible, una niña de su edad sola en el desierto, zona catalogada como muy
peligrosa por el ejército. Y ella, sin embargo, sobrevivía sin problemas, como
pudo constatar al ver las numerosas pieles colgadas por la cueva. Ante su
silencio, ella comenzó a hablar y le
preguntó qué era “saludar” y “abrazo”, interesándose en especial en la palabra
“por favor”.Tolezz intentó explicarle lo que era cada una, aunque al principio
creyó que ella le tomaba el pelo, sin embargo, al mirar sus ojos verdes lo
descartó por completo, aquellos ojos reflejaban la soledad más profunda que el
soldado había visto en su vida. Con lo cual, le creyó, y trató de explicárselo de
forma neutral, aunque no pudo evitar sentirse ligeramente estúpido mientras lo
hacía, ella absorbía cada gota de información como él había bebido el agua que
le había ofrecido: con anhelo. Por su parte,al quedar satisfecha su aparente e
infantil curiosidad, le habló de como llevaba viviendo en el desierto desde que
tenía memoria y le explicó como por simple curiosidad y diversión se había
integrado en la patrulla de exploración asesinando a uno de los miembros y
robandole la armadura, acto seguido habían atacados por los acechantes de la
arena y había tenido que saltar al interior del túnel, -Tus compañeros- dijo
con total naturalidad- ya estarán muertos, ya sea a mano de los acechantes, por
el calor abrasador o congelados por los gélidos vientos que barrían el desierto.-
Tolezz escuchaba con una mezcla de espanto y pena, él nunca había sido una
persona ejemplar.pero al menos tenía un mínimo sentido moral, cosa de lo que
ella, al parecer, carecía por completo, -Qué
le ha pasado para qué su moral esté destruida?, que terrible trauma había
sufrido para que la muerte y la vida no significaran nada para ella?- pensó él.
Le habló mientras cenaban el lagarto fomárides (Que Tolezz devoró con verdadero
entusiasmo) del chasquido musical de las vértebras del cuello al quebrarse y la
diversión de ver brotar la sangre como un torrente, no solo de seres del
desierto como aquellos lagartos, sino también soldados moribundos que eran
abandonados en el frente. Finalmente concluyó que no sabía lo que era un
nombre, dado que nunca lo había necesitado y que Tolezz era el único nombre que
había oído en su vida. Tolezz, después de salir de su asombro inicial, trató de
explicarle que había muchos nombres en el mundo, que , de echo, todas las
personas en el mundo tenían nombre, a continuación le habló de su propio
nombre. –Pues en realidad ese no es mi nombre completo, es mi apellido paterno.
Mi nombre real es Ronar, Ronar Tolezz Eurecian es mi nombre completo… y tú…-
prosiguió- Tú… necesitas un nombre, un nombre de verdad y no mi apellido…mmm…si…
un nombre facilitaría las cosas… nos da identidad…y define un poco lo que somos.-
Finalizó. Ella, que había permanecido al otro lado de la hoguera escuchando
extasiada en silencio, se levantó y se acercó, Ronar temió que fuera a golpearle
de nuevo, ya que de nuevo su rostro carecía de emoción alguna, pero, para su
sorpresa ella se sentó a su lado con suavidad, le agarró del hombro, acercó la
boca a su oreja y susurró con una voz muy distinta a la que
hasta ahora había empleado, una voz profunda con un timbre mecánico que puso
los pelos de punta al soldado:
-Entonces… Ronar, dame un nombre...dame
identidad… quiero un nombre…-
La forma en qué lo dijo estremeció a Ronar, que se alejó de
forma inconsciente, ella por su parte se acercó de nuevo y formuló en voz alta
la misma petición, Ronar comenzó a sentir un miedo desconocido dentro de sí, un
miedo primigenio e insondable que no sabía identificar, ambos pena y miedo
chocaban entre sí, debatiéndose dentro de él, luchando para tomar una decisión,
que, era simple , pero a la vez le parecía la más difícil que había tomado en
su vida. Como si de un holograma se tratase, recordó ,todo lo que había
sucedido y de alguna manera que jamás comprendió vio llamas, muerte y un mundo
que no era lo que parecía. Permaneció aturdido durante unos instantes pero finalmente
la pena venció, una sola palabra le vino
al instante a la mente, como traída por
el mismo desierto, algo que, aunque no era un nombre, cumplía la misma función,
quizás incluso más que un nombre. Esa fue la única palabra que acudió a él cuando pensó en ella y
curiosamente, le pareció un buen nombre, ella por su parte, aguardaba en
silencio talandrándolo con sus ojos verdes… expectante. El tiempo se detuvo y
él tomó aliento para decir:
-Alma- dijo Ronar Tolezz Eurecian, descendiente de una
familia de importantes científicos, soldados y exploradores, cobarde, inútil y
patético ser que ahora desempeñaba uno de los papeles más importantes de su
vida, aunquea, como es lógico, no lo sabía. –Te llamas alma, porque es lo que
te falta y lo que sinceramente espero
que encuentres, eres Alma, mi salvadora y espero que algún día… mi amiga…- Dejó
de hablar cuando aturdido comprobó cómo los ojos de su anfitriona habían
cambiado del verde a un color dorado
salpicado de extraños símbolos violetas que no reconoció. Nunca en su vida
había visto unos ojos así, tan profundos y hermosos, ella entonces, con sus
ojos divinos y su voz melódica de vuelta ,preguntó: -Que es una amiga?-
Y Ronar no pudo evitar comenzar a llorar y a reir con gruesas
lágrimas saladas para desconcierto de su anfitriona.
Una vez mas fascinante
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