viernes, 31 de enero de 2014

La sangre en la botella: Prólogo (Cap 1: Infiltración)

El aire olía a muerto, y a monstruo le gustaba. De haberle preguntado alguien él no hubiese sabido como explicarle a su interrogador como  desde la primera hasta la última célula de su cuerpo se encontraban a gusto en aquel lugar que apestaba a ruina y a cadáver. Pero, lógicamente nadie podía hacerle esa pregunta pues Monstruo lo mataría antes de que pudiese abrir la boca para formular la ya citada cuestión.
Sumido en sus pensamientos no prestaba atención a su alrededor y eso en las tierras  olvidadas significaba la muerte, pero no en el caso de Monstruo. Las criaturas de las cercanías habían huido al olfatear su presencia, pues,  aunque torturadas por un hambre atroz y casi carentes de inteligencia todavía conservaban el sentido de la supervivencia y la auto-conservación por ello nada amenazaba a Monstruo en un radio de 13 Km como mínimo.
Su aspecto era chocante al compararlo con aquel lugar, bien vestido con traje negro, bombín, corbata y un maletín de piel. Cualquiera que lo viese  a primera vista simplemente vería a un niño perdido en un paisaje de pesadilla…Al menos hasta que mirara sus ojos, entonces sin duda echaría a correr tanto como sus pies se lo permitiesen olvidando los innumerables peligros de las tierras olvidadas. Y es que los ojos de Monstruo eran la única parte de su ser que no conseguía disfrazar de niño inocente, esto le disgustaba terriblemente y por eso llevaba siempre unos gruesos anteojos de cristales verdes, meramente decorativos dado que Monstruo no tenía problema alguno con su vista salvo quizás el hecho de espantar a la gente solo con una simple mirada y eso… eso no estaba bien, al fin ya al cabo la presa no debía saber quién era su ejecutor incluso en medio de una multitud…recordaba un caso…si, uno de sus primeros encargos. Había recibido la orden de eliminar a una joven al azar simplemente para determinar si su creación había sido un éxito. Mientras observaba a la presa que cantaba en un escenario rodeada de músicos y gente festejando, ella lo había visto y había comenzado a chillar y a pedir ayuda… -Bueno- se dijo Monstruo para si dejando atrás el recuerdo de la carnicería que había perpetrado sin dejar de reír y disfrutar un solo segundo.-Hora de moverse- pensó, y se centró en su objetivo.

Caminó durante días sin que le preocupase el hambre o la sed, tales necesidades mundanas ya no eran problema alguna para él. Por otra parte el aire era normalmente irrespirable pero eso tampoco le preocupaba, cruzó ciudades en ruinas y lagos de aguas letales para casi cualquier ser. Nadie le molestó dado que toda criatura consciente huía de su presencia, tras 6 días de camino ininterrumpido sin dormir, sin beber y sin comer, llegó a un yermo en apariencia infinito que se extendía en todas direcciones. El calor durante el día era mortal, al igual que el frío durante la noche pero a él ambos factores no le afectaban lo más mínimo, caminó en línea recta sin detenerse en ningún momento, los escorpiones del yermo lo atacaron en varias ocasiones pero en ambas  los mató sin piedad con sus propias manos  y esparció sus cadáveres en un frenesí de muerte y barbarie. Al anochecer de la séptima noche, tuvo a la vista por fin su objetivo: Como si de una herida en la tierra se tratase, un gigantesco abismo se abría varios kilómetros más adelante y se ensanchaba cubriendo  un diámetro ciclópeo , rayano quizás en los 100 kilómetros en total.  La emoción se apoderó de él y recorrió  corriendo  la distancia que le separaba de su presa, su velocidad de carrera era 10 veces superior a la humana, sin embargo, no mostraba síntoma alguno de fatiga tras recorrer casi 30 km a tal velocidad. Finalmente alcanzó el borde del abismo, se detuvo bruscamente y se maravilló con lo que aguardaba al fondo del foso.

Inmaculada y contrastando la perpetua desolación que la rodeaba, una gigantesca esfera plateada descansaba en el fondo del abismo. Su superficie parecía estar hecha de mercurio mezclado con la más pura plata dándole un aspecto de una gigantesca perla  oculta en el fango. –Solo que no es fango-Pensó Monstruo,-Sería mucho más fácil si fuese fango, pero no lo es aunque eso le da más emoción al asunto…- cavilaba apoyado en una cornisa al borde del abismo, la altura a la que se enfrentaba era de millares de metros de pared  totalmente lisa sin asidero alguno para descender pero la mirada de Monstruo no reflejaba la menor preocupación. Lentamente con, parsimonia tomó el maletín, este se abrió con un chasquido  revelando en su interior una serie de tubos de distintos colores, tomó uno de color azul chillón y arrancó la tapa con la boca, una aguja finísima sobresalía del tubo, de un golpe Monstruo se clavó la aguja en la espalda. –Maravilloso- pensaba, como siempre que el dolor amenazaba con matarlo, el dolor que sentía cuando su estructura vital era modificada de forma violenta y su cuerpo sufría cambios  terribles y espasmos bestiales que matarían a cualquier ser humano normal. Pero  Monstruo distaba mucho de ser un humano normal, él estaba hecho para  esto, para gritar de placer mientras su cráneo cambiaba de forma y se alargaba, mientras su espalda se ensanchaba y sus manos se tornaban en monstruosas garras negras. Monstruo aullaba de dolor y placer al tiempo que batía sus recién nacidas alas metálicas, los gritos del ser que ahora cambiaba de nuevo al tiempo que golpeaba las rocas con un asqueroso apéndice similar a una cola de escorpión rematada en una gran ventosa reverberaban por todo el abismo agitando la masa gris que rodeaba el suelo de la esfera, solo que ya no era una masa gris informe. Millones de gusanos  gigantes trataban de alzar su monstruosa mole, ansiosos por devorar a la fuente que producía aquel sonido infernal.
Monstruo se agitó, el cambio estaba completo: Ojos humanos sustituidos por  10 pares de ojos que ahora brotaban de su cara al azar, Mandíbulas provistas de una lengua de 6 metros de longitud. Alas listas para volar, de piel dura y resistente y con una envergadura de 12 metros. Una cola  impregnada de un potente adhesivo y…Lo más importante: El impenetrable exoesqueleto mimético que recubría todo su cuerpo, resistente incluso a las armas de energía. Todo estaba listo para la caza, y la presa aguardaba oculta en su palacio de luz.

-Tranquila, yo te sacaré de tu prisión querida mía- Dijo en voz alta un timbre deforme.

Monstruo tomó aire, necesitaba concentración para la tarea que se proponía ahora. Mucha concentración y por encima de todo eso: autocontrol. La misión era clara, con pautas bien definidas y sin huecos por los que cometer un ´´despiste``. Eso, irritaba a Monstruo bastante más de lo que estaba dispuesto a admitir, quería ver la sangre de su presa en su lengua y estallar con delicadeza  los globos oculares como lo había hecho en algunos de los sueños que había tenido desde que sus creadores le habían asignado esa misión. Pero las ordenes como ya sabía eran tajantes, el objetivo debía llegar vivo hasta sus amos y en perfecto estado de salud…Bien, así sería.

Y se arrojó al vacío con un grito de lo que podría llamarse alegría.

Monstruo disfrutó del aire en su cara unos segundos y desplegó sus alas, estas se hincharon de inmediato reduciendo la velocidad de su caída. Sin esfuerzo alguno, comenzó a planear en círculos aprovechando las corrientes de aire que generaba la propia esfera, sus múltiples corazones comenzaron a acelerarse cuando detectó la vía de respiración de la que sus amos le hablaron. Con sus 10 cm de diámetro habría pasado desapercibida hasta para  casi cualquier ser, pero, no para Monstruo y su veintena de ojos que recorrían  frenéticamente la superficie de la esfera tratando de determinar la mejor forma de atacar el objetivo…Y lo habían encontrado.

Localizado el objetivo, comenzó a batir las alas para elevarse , tras unos minutos consideró que la altura era la adecuada y echó un último vistazo a su alrededor. El abismo era el único accidente en el infinito yermo que lo rodeaba, la esfera de plata era ahora el único punto de luz en todo el yermo lo que le daba un aspecto místico y fantasmal. Monstruo respiró largamente  mientras se concentraba en el objetivo y plegaba sus extremidades preparándose para lanzarse en picado.

En un instante ya se encontraba a la altura del borde del abismo descendiendo a una velocidad de vértigo hacia la cúpula. Los gusanos gigantes, conscientes de que el intruso se acercaba, trataban por todos los medios  alzar sus enormes moles grises para devorar a Monstruo. Pero eran demasiado torpes y simplemente no pudieron alcanzarlo, en el fondo de su casi inexistente cerebro los gusanos gigantes, los guardianes de la cúpula sintieron que habían fracasado y se derrumbaron de nuevo en las profundidades del abismo. Monstruo no prestó atención a los insignificantes  gusanos ni a sus torpes embestidas, se encontraba solo a 100 m de la esfera y ya no había opción de frenada alguna. Si se le ocurriese intentarlo sus alas se desgarrarían y perdería la dirección y la posibilidad de cumplir su misión…Y eso nunca.

El impacto fue tal que la propio esfera tembló unos instantes, la velocidad de Monstruo había sido tal que su exoesqueleto quedo aplastado totalmente contra la esfera y además, había perdido las alas, ahora su cuerpo estaba totalmente destrozado por dentro . Pero, a Monstruo no le importaba, el dolor era atroz y apenas le quedaban fuerzas para pensar, no obstante, con un titánico esfuerzo fue capaz de fijar la ventosa de la cola para evitar desplomarse al vacío. Tanteando con los restos de su mano, localizó la minúscula abertura en la esfera y débilmente abrió la boca, al hacerlo, su mandíbula inferior se desprendió y una nueva nube de dolor cubrió su mente amenazándolo con la inconsciencia.


-Entiende lo que debe hacer?- le preguntó la voz desde la penumbra.
-Claro que si, amo- Contestó Monstruo sin vacilar
-Los demás dudan de ti, pero yo se que no fallaras, eres mi arma  y si triunfas mi posición será fuertemente reforzada. Tal vez incluso pueda sustituir a ese idiota de Aurrius… No me falles Monstruo.-  Ordenó la voz.
-Nunca, mi amo, cumpliré tal y como ordenaste aunque muera en el proceso…- Comenzó
-No seas idiota- Cortó la voz . –Tu no puedes morir, ya lo sabes, lo que me preocupa es que la mates durante la misión…No la mates, por tu bien, ni la toques…- Amenazó.
El por tu bien hizo estremecerse a Monstruo, conocía lo que sucedía cuando su amo se enojaba, su cólera era tan terrible que la idea de matar a su presa se borró durante días de su mente. Se arrodilló ante la mullida butaca que albergaba a su amo y juró que no tocaría a la presa y que no le defraudaría. Su amo finalmente y tras observarlo un largo rato sin decir nada, lo mandó marchar. Monstruo recorrió todo el camino de vuelta a su tanque en silencio, llorando lagrimas amargas y silenciosas, juró hacerle pagar a su presa por causarle tales reacciones humanas, porque sin duda era culpa de la presa. Monstruo era un ser perfecto, el asesino definitivo, la herramienta final de muerte y destrucción y esa presa le provocaba miedo al fracaso y otras emociones humanas que creía haber borrado hacía ya mucho tiempo. Las pocas personas que se encontró en su camino a su tanque fueron encontradas asesinadas con marcas de garras y dentelladas y sinceramente a nadie le sorprendió que el rastro de sangre acabase en el tanque del monstruo que dormitaba en un liquido sospechosamente  ligeramente rojizo, por fin tranquilo.


Volvió en si cuando su cola estaba a punto de ceder, estaba ciego, sus ojos se habían caído de las cuencas y su cara se desintegraba poco a poco: Monstruo se moría. Pero no sin cumplir su misión… eso nunca. Con un último esfuerzo titánico alzó su destrozada cabeza y sacó la lengua, tanteó con esfuerzo en busca de la brecha y cuando la encontró depositó la carga, su misión estaba cumplida, no habría retorno pero eso lo sabía desde el principio. Sus últimos pensamientos se dirigieron, sin saber como ni por qué, a su anterior vida, recordó todo lo que le habían quitado y lo que le habían hecho hacer y sintió felicidad, había sido útil a su amo y lo había logrado: No había dañado a la presa, ahora la misión estaba cumplida y él ya podía morir.

Las fuerzas se habían ido y ahora solo un dedo negro y rematado en garra se aferraba a la brecha en la esfera, su cola pendía inerte y la muerte rondaba cerca, Monstruo sonrió por última vez y susurró al viento, a los gusanos, al mundo, al abismo, a su amo, al infinito y sobretodo… a su presa:



-INFILTRACIÓN COMPLETA…ahora, que arda todo…- Pero nadie podía oírle, finalmente su garra se quebró y Monstruo se precipitó al abismo , cayó como un angel, con los restos de sus destrozados brazos abiertos en cruz y lo último que sintió fue las mandíbulas de los millones de gusanos contra su carne cuando alcanzó el fondo del abismo. Pero para entonces Monstruo, ya estaba muerto.

Comenzamos.

Hola a todos, soy un chaval de 19 años que tiene algo en la cabeza que contar...
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