El aire olía a muerto, y a monstruo le gustaba. De haberle
preguntado alguien él no hubiese sabido como explicarle a su interrogador
como desde la primera hasta la última
célula de su cuerpo se encontraban a gusto en aquel lugar que apestaba a ruina
y a cadáver. Pero, lógicamente nadie podía hacerle esa pregunta pues Monstruo
lo mataría antes de que pudiese abrir la boca para formular la ya citada
cuestión.
Sumido en sus pensamientos no prestaba atención a su
alrededor y eso en las tierras olvidadas
significaba la muerte, pero no en el caso de Monstruo. Las criaturas de las
cercanías habían huido al olfatear su presencia, pues, aunque torturadas por un hambre atroz y casi
carentes de inteligencia todavía conservaban el sentido de la supervivencia y
la auto-conservación por ello nada amenazaba a Monstruo en un radio de 13 Km
como mínimo.
Su aspecto era chocante al compararlo con aquel lugar, bien
vestido con traje negro, bombín, corbata y un maletín de piel. Cualquiera que
lo viese a primera vista simplemente
vería a un niño perdido en un paisaje de pesadilla…Al menos hasta que mirara
sus ojos, entonces sin duda echaría a correr tanto como sus pies se lo
permitiesen olvidando los innumerables peligros de las tierras olvidadas. Y es
que los ojos de Monstruo eran la única parte de su ser que no conseguía
disfrazar de niño inocente, esto le disgustaba terriblemente y por eso llevaba
siempre unos gruesos anteojos de cristales verdes, meramente decorativos dado
que Monstruo no tenía problema alguno con su vista salvo quizás el hecho de
espantar a la gente solo con una simple mirada y eso… eso no estaba bien, al fin
ya al cabo la presa no debía saber quién era su ejecutor incluso en medio de
una multitud…recordaba un caso…si, uno de sus primeros encargos. Había recibido
la orden de eliminar a una joven al azar simplemente para determinar si su
creación había sido un éxito. Mientras observaba a la presa que cantaba en un
escenario rodeada de músicos y gente festejando, ella lo había visto y había
comenzado a chillar y a pedir ayuda… -Bueno- se dijo Monstruo para si dejando
atrás el recuerdo de la carnicería que había perpetrado sin dejar de reír y
disfrutar un solo segundo.-Hora de moverse- pensó, y se centró en su objetivo.
Caminó durante días sin que le preocupase el hambre o la
sed, tales necesidades mundanas ya no eran problema alguna para él. Por otra
parte el aire era normalmente irrespirable pero eso tampoco le preocupaba,
cruzó ciudades en ruinas y lagos de aguas letales para casi cualquier ser.
Nadie le molestó dado que toda criatura consciente huía de su presencia, tras 6
días de camino ininterrumpido sin dormir, sin beber y sin comer, llegó a un
yermo en apariencia infinito que se extendía en todas direcciones. El calor
durante el día era mortal, al igual que el frío durante la noche pero a él
ambos factores no le afectaban lo más mínimo, caminó en línea recta sin
detenerse en ningún momento, los escorpiones del yermo lo atacaron en varias
ocasiones pero en ambas los mató sin
piedad con sus propias manos y esparció
sus cadáveres en un frenesí de muerte y barbarie. Al anochecer de la séptima
noche, tuvo a la vista por fin su objetivo: Como si de una herida en la tierra
se tratase, un gigantesco abismo se abría varios kilómetros más adelante y se
ensanchaba cubriendo un diámetro
ciclópeo , rayano quizás en los 100 kilómetros en total. La emoción se apoderó de él y recorrió corriendo
la distancia que le separaba de su presa, su velocidad de carrera era 10
veces superior a la humana, sin embargo, no mostraba síntoma alguno de fatiga
tras recorrer casi 30 km a tal velocidad. Finalmente alcanzó el borde del
abismo, se detuvo bruscamente y se maravilló con lo que aguardaba al fondo del
foso.
Inmaculada y contrastando la perpetua desolación que la
rodeaba, una gigantesca esfera plateada descansaba en el fondo del abismo. Su
superficie parecía estar hecha de mercurio mezclado con la más pura plata
dándole un aspecto de una gigantesca perla
oculta en el fango. –Solo que no es fango-Pensó Monstruo,-Sería mucho
más fácil si fuese fango, pero no lo es aunque eso le da más emoción al asunto…-
cavilaba apoyado en una cornisa al borde del abismo, la altura a la que se
enfrentaba era de millares de metros de pared totalmente lisa sin asidero alguno para
descender pero la mirada de Monstruo no reflejaba la menor preocupación.
Lentamente con, parsimonia tomó el maletín, este se abrió con un chasquido revelando en su interior una serie de tubos
de distintos colores, tomó uno de color azul chillón y arrancó la tapa con la
boca, una aguja finísima sobresalía del tubo, de un golpe Monstruo se clavó la
aguja en la espalda. –Maravilloso- pensaba, como siempre que el dolor amenazaba
con matarlo, el dolor que sentía cuando su estructura vital era modificada de
forma violenta y su cuerpo sufría cambios
terribles y espasmos bestiales que matarían a cualquier ser humano
normal. Pero Monstruo distaba mucho de
ser un humano normal, él estaba hecho para
esto, para gritar de placer mientras su cráneo cambiaba de forma y se
alargaba, mientras su espalda se ensanchaba y sus manos se tornaban en
monstruosas garras negras. Monstruo aullaba de dolor y placer al tiempo que
batía sus recién nacidas alas metálicas, los gritos del ser que ahora cambiaba
de nuevo al tiempo que golpeaba las rocas con un asqueroso apéndice similar a
una cola de escorpión rematada en una gran ventosa reverberaban por todo el
abismo agitando la masa gris que rodeaba el suelo de la esfera, solo que ya no
era una masa gris informe. Millones de gusanos
gigantes trataban de alzar su monstruosa mole, ansiosos por devorar a la
fuente que producía aquel sonido infernal.
Monstruo se agitó, el cambio estaba completo: Ojos humanos
sustituidos por 10 pares de ojos que
ahora brotaban de su cara al azar, Mandíbulas provistas de una lengua de 6
metros de longitud. Alas listas para volar, de piel dura y resistente y con una
envergadura de 12 metros. Una cola
impregnada de un potente adhesivo y…Lo más importante: El impenetrable
exoesqueleto mimético que recubría todo su cuerpo, resistente incluso a las
armas de energía. Todo estaba listo para la caza, y la presa aguardaba oculta
en su palacio de luz.
-Tranquila, yo te sacaré de tu prisión querida mía- Dijo en
voz alta un timbre deforme.
Monstruo tomó aire, necesitaba concentración para la tarea
que se proponía ahora. Mucha concentración y por encima de todo eso:
autocontrol. La misión era clara, con pautas bien definidas y sin huecos por
los que cometer un ´´despiste``. Eso, irritaba a Monstruo bastante más de lo
que estaba dispuesto a admitir, quería ver la sangre de su presa en su lengua y
estallar con delicadeza los globos
oculares como lo había hecho en algunos de los sueños que había tenido desde
que sus creadores le habían asignado esa misión. Pero las ordenes como ya sabía
eran tajantes, el objetivo debía llegar vivo hasta sus amos y en perfecto estado
de salud…Bien, así sería.
Y se arrojó al vacío con un grito de lo que podría llamarse
alegría.
Monstruo disfrutó del aire en su cara unos segundos y
desplegó sus alas, estas se hincharon de inmediato reduciendo la velocidad de
su caída. Sin esfuerzo alguno, comenzó a planear en círculos aprovechando las
corrientes de aire que generaba la propia esfera, sus múltiples corazones
comenzaron a acelerarse cuando detectó la vía de respiración de la que sus amos
le hablaron. Con sus 10 cm de diámetro habría pasado desapercibida hasta
para casi cualquier ser, pero, no para
Monstruo y su veintena de ojos que recorrían
frenéticamente la superficie de la esfera tratando de determinar la mejor
forma de atacar el objetivo…Y lo habían encontrado.
Localizado el objetivo, comenzó a batir las alas para
elevarse , tras unos minutos consideró que la altura era la adecuada y echó un
último vistazo a su alrededor. El abismo era el único accidente en el infinito
yermo que lo rodeaba, la esfera de plata era ahora el único punto de luz en
todo el yermo lo que le daba un aspecto místico y fantasmal. Monstruo respiró
largamente mientras se concentraba en el
objetivo y plegaba sus extremidades preparándose para lanzarse en picado.
En un instante ya se encontraba a la altura del borde del
abismo descendiendo a una velocidad de vértigo hacia la cúpula. Los gusanos
gigantes, conscientes de que el intruso se acercaba, trataban por todos los
medios alzar sus enormes moles grises para
devorar a Monstruo. Pero eran demasiado torpes y simplemente no pudieron
alcanzarlo, en el fondo de su casi inexistente cerebro los gusanos gigantes,
los guardianes de la cúpula sintieron que habían fracasado y se derrumbaron de
nuevo en las profundidades del abismo. Monstruo no prestó atención a los
insignificantes gusanos ni a sus torpes
embestidas, se encontraba solo a 100 m de la esfera y ya no había opción de frenada
alguna. Si se le ocurriese intentarlo sus alas se desgarrarían y perdería la
dirección y la posibilidad de cumplir su misión…Y eso nunca.
El impacto fue tal que la propio esfera tembló unos instantes, la velocidad de Monstruo había sido tal que su exoesqueleto quedo
aplastado totalmente contra la esfera y además, había perdido las alas, ahora
su cuerpo estaba totalmente destrozado por dentro . Pero, a Monstruo no le
importaba, el dolor era atroz y apenas le quedaban fuerzas para pensar, no obstante,
con un titánico esfuerzo fue capaz de fijar la ventosa de la cola para evitar
desplomarse al vacío. Tanteando con los restos de su mano, localizó la minúscula
abertura en la esfera y débilmente abrió la boca, al hacerlo, su mandíbula
inferior se desprendió y una nueva nube de dolor cubrió su mente amenazándolo con
la inconsciencia.
-Entiende lo que debe hacer?- le preguntó la voz desde la
penumbra.
-Claro que si, amo- Contestó Monstruo sin vacilar
-Los demás dudan de ti, pero yo se que no fallaras, eres mi
arma y si triunfas mi posición será
fuertemente reforzada. Tal vez incluso pueda sustituir a ese idiota de Aurrius…
No me falles Monstruo.- Ordenó la voz.
-Nunca, mi amo, cumpliré tal y como ordenaste aunque muera
en el proceso…- Comenzó
-No seas idiota- Cortó la voz . –Tu no puedes morir, ya lo
sabes, lo que me preocupa es que la mates durante la misión…No la mates, por tu
bien, ni la toques…- Amenazó.
El por tu bien hizo estremecerse a Monstruo, conocía lo que
sucedía cuando su amo se enojaba, su cólera era tan terrible que la idea de
matar a su presa se borró durante días de su mente. Se arrodilló ante la
mullida butaca que albergaba a su amo y juró que no tocaría a la presa y que no
le defraudaría. Su amo finalmente y tras observarlo un largo rato sin decir
nada, lo mandó marchar. Monstruo recorrió todo el camino de vuelta a su tanque
en silencio, llorando lagrimas amargas y silenciosas, juró hacerle pagar a su
presa por causarle tales reacciones humanas, porque sin duda era culpa de la
presa. Monstruo era un ser perfecto, el asesino definitivo, la herramienta
final de muerte y destrucción y esa presa le provocaba miedo al fracaso y otras
emociones humanas que creía haber borrado hacía ya mucho tiempo. Las pocas
personas que se encontró en su camino a su tanque fueron encontradas asesinadas
con marcas de garras y dentelladas y sinceramente a nadie le sorprendió que el
rastro de sangre acabase en el tanque del monstruo que dormitaba en un liquido
sospechosamente ligeramente rojizo, por
fin tranquilo.
Volvió en si cuando su cola estaba a punto de ceder, estaba
ciego, sus ojos se habían caído de las cuencas y su cara se desintegraba poco a
poco: Monstruo se moría. Pero no sin cumplir su misión… eso nunca. Con un
último esfuerzo titánico alzó su destrozada cabeza y sacó la lengua, tanteó con
esfuerzo en busca de la brecha y cuando la encontró depositó la carga, su
misión estaba cumplida, no habría retorno pero eso lo sabía desde el principio.
Sus últimos pensamientos se dirigieron, sin saber como ni por qué, a su
anterior vida, recordó todo lo que le habían quitado y lo que le habían hecho
hacer y sintió felicidad, había sido útil a su amo y lo había logrado: No había
dañado a la presa, ahora la misión estaba cumplida y él ya podía morir.
Las fuerzas se habían ido y ahora solo un dedo negro y
rematado en garra se aferraba a la brecha en la esfera, su cola pendía inerte y
la muerte rondaba cerca, Monstruo sonrió por última vez y susurró al viento, a
los gusanos, al mundo, al abismo, a su amo, al infinito y sobretodo… a su
presa:
-INFILTRACIÓN COMPLETA…ahora, que arda todo…- Pero nadie
podía oírle, finalmente su garra se quebró y Monstruo se precipitó al abismo ,
cayó como un angel, con los restos de sus destrozados brazos abiertos en cruz y
lo último que sintió fue las mandíbulas de los millones de gusanos contra su
carne cuando alcanzó el fondo del abismo. Pero para entonces Monstruo, ya
estaba muerto.