La Liberación De Eternal.
lunes, 4 de enero de 2021
lunes, 12 de diciembre de 2016
viernes, 28 de febrero de 2014
La Sangre En La Botella: Cap 3 (Ka)
El cazador despertó por el viento que atravesaba la montaña, un viento frío, que barrió la cornisa en la que dormitaba. Despertó al instante, sus profundos ojos azules recorrieron la cornisa lentamente al tiempo que se incorporaba. Con calma, olisqueó el aire y tras unos segundos se aproximó al borde de la cornisa: El viento le golpeó en la cara y revolvió su melena blanca, observó el diminuto camino que se distinguía débilmente un centenar de metros más abajo, permaneció por un espacio de casi cinco minutos sin moverse, observando la ladera opuesta en busca de la más mínima sensación de peligro. Finalmente suspiró satisfecho y regresó hasta su lecho donde recogió con movimientos ágiles su saco de viaje, que cargó al hombro. De una patada extinguió la pequeña hoguera que lo había mantenido caliente durante su siesta y se dirigió hacia el peligroso sendero que ascendía desde la cornisa hasta lo alto de la montaña.
Para la mayoría de personas, llamar sendero a aquello era como decir que un puente es una rama de madera que toque ambos lados de un abismo, este era una suerte de muescas grabadas en la piedra por el viento que se intercalaban con la pared lisa de la montaña creando huecos de una distancia variable entre los 2 y los 6 metros. Sin embargo al cazador, esto no le suponía problema alguno, saltaba ágilmente los escalofriantes huecos con una seguridad completa ante la letal senda, en cierta ocasión el cazador erró por espacio unos centímetros y solo pudo aferrarse con su única mano a un saliente en la roca, durante unos instantes permaneció suspendido en el vacío sin más lugar en el que apoyar los pies que la pared de resbaladiza roca (Había comenzado a llover de forma copiosa). El cazador permaneció aferrado mientras la lluvia empapaba sus ropas y cegaba su rostro, en ese momento apoyó las piernas en la pared y de un potente impulso ascendió hasta la relativa seguridad del peldaño. Tras unos diez minutos de peligrosa ascensión la pared de roca se tornó en una pronunciada ladera atravesada por un pequeño sendero que ascendía lentamente hasta perderse en un denso bosque de Edös.Más allá del bosque la Cordillera conocida como Los Nidos se levantaba como un conjunto de gigantescos centinelas rocosos que custodiaban la frontera del valle.
El cazador se internó en la maleza que cubría por completo la ladera con un manto de tonos marrones y verdes, a pesar de desplazarse entre arbustos espinosos y pequeños arboles de montaña el cazador apenas hacía ruido al abrirse paso, caminaba con ligereza, sin signos de fatiga visibles, con sus ojos y oídos atentos a cualquier sonido que indicara la proximidad de algún habitante de las montañas. No era para menos, ya que Los Nidos ,eran las montañas con mayor población de dragones de todo Eternal, estos acudían de todas partes del mundo a desovar en la montaña conocida como Ann Zieger (El Gran Padre) en la lengua natal del valle (El Anng). Aparte de dragones otros seres no menos peligrosos habitaban las montañas, seres capaces de reducir aldeas o ciudades enteras a meros escombros. El sonido de un pequeño curso de agua le indicó que el sendero se encontraba a un par de metros de distancia de su posición, aceleró el paso y empapó sus botas grises en el pequeño riachuelo que ahora era la citada senda. Sin darle demasiada importancia, ascendió chapoteando al tiempo que hacía una coleta con la mojada melena y trataba de localizar el punto más seco del sendero. Un poco más tarde, la pendiente se volvió más pronunciada y en el horizonte el cazador distinguió una masa de nubes terriblemente negras que avanzaban rápidamente desde la gran alfombra verde del Gigantesco bosque de Foskogur que limitaba con el valle por el Noreste, su ánimo mejoró notablemente cuando tras doblar una curva del camino divisó a poco más de un kilómetro la arboleda azul de los arboles Edö, dobló el paso mientras observaba con el ceño fruncido la masa tormentosa que se abatiría en breves sobre él, el viento empeoraba por momento y hasta él llegaba claramente el sonido del crujido del bosque azotado por el inclemente viento que descendía de Los Nidos como el aliento de los dragones que allí moraban. Finalmente alcanzó la densa arboleda azul al tiempo que el sonido del primer trueno aportaba el toque de percusión a la tormentosa sinfonía.
En pocos minutos el accidentado sendero-riachuelo se reveló invadido por la maleza hasta tal punto que el cazador prefirió internarse en el bosque aún a riesgo de extraviarse, a medida que el cazador avanzaba estoicamente por el bosque la pálida luz azulada que se filtraba entre las hojas de los árboles se transformaba en una mortecina y fantasmal claridad que otorgaba al bosque un aspecto encantado y misterioso. Los Edö se contaban entre las pocas especies de árboles capaces de moverse de forma perceptible para el ojo humano, de carácter bondadoso con los visitantes del bosque, los Edö guiaban a los viajeros perdidos de buen corazón hasta la salida del bosque con débiles destellos de luz purpura que emitían a voluntad en su corteza, la madera de estos árboles era completamente ignifuga y a diferencia de la mayoría de vegetales los Edö carecían de raíces, en su lugar poseían una suerte de ventosa que los fijaba al suelo y que les permitía resistir los más potentes embates de los vientos y las tormentas. Cuando la luz finalmente se extinguió por completo y una penumbra azulada lo rodeó solo rota por el ocasional destello de los relámpagos, no le sorprendió ver poco después un lejano coro de luces purpuras que iluminaban el bosque con una extraña luz pulsante, el cazador sonrió y avanzó en dirección a las luces con seguridad, al cabo de media hora alcanzó el final del bosque donde los árboles lo despedían emitiendo unas cálidas luces que inundaban el bosque entero.
Para la mayoría de personas, llamar sendero a aquello era como decir que un puente es una rama de madera que toque ambos lados de un abismo, este era una suerte de muescas grabadas en la piedra por el viento que se intercalaban con la pared lisa de la montaña creando huecos de una distancia variable entre los 2 y los 6 metros. Sin embargo al cazador, esto no le suponía problema alguno, saltaba ágilmente los escalofriantes huecos con una seguridad completa ante la letal senda, en cierta ocasión el cazador erró por espacio unos centímetros y solo pudo aferrarse con su única mano a un saliente en la roca, durante unos instantes permaneció suspendido en el vacío sin más lugar en el que apoyar los pies que la pared de resbaladiza roca (Había comenzado a llover de forma copiosa). El cazador permaneció aferrado mientras la lluvia empapaba sus ropas y cegaba su rostro, en ese momento apoyó las piernas en la pared y de un potente impulso ascendió hasta la relativa seguridad del peldaño. Tras unos diez minutos de peligrosa ascensión la pared de roca se tornó en una pronunciada ladera atravesada por un pequeño sendero que ascendía lentamente hasta perderse en un denso bosque de Edös.Más allá del bosque la Cordillera conocida como Los Nidos se levantaba como un conjunto de gigantescos centinelas rocosos que custodiaban la frontera del valle.
El cazador se internó en la maleza que cubría por completo la ladera con un manto de tonos marrones y verdes, a pesar de desplazarse entre arbustos espinosos y pequeños arboles de montaña el cazador apenas hacía ruido al abrirse paso, caminaba con ligereza, sin signos de fatiga visibles, con sus ojos y oídos atentos a cualquier sonido que indicara la proximidad de algún habitante de las montañas. No era para menos, ya que Los Nidos ,eran las montañas con mayor población de dragones de todo Eternal, estos acudían de todas partes del mundo a desovar en la montaña conocida como Ann Zieger (El Gran Padre) en la lengua natal del valle (El Anng). Aparte de dragones otros seres no menos peligrosos habitaban las montañas, seres capaces de reducir aldeas o ciudades enteras a meros escombros. El sonido de un pequeño curso de agua le indicó que el sendero se encontraba a un par de metros de distancia de su posición, aceleró el paso y empapó sus botas grises en el pequeño riachuelo que ahora era la citada senda. Sin darle demasiada importancia, ascendió chapoteando al tiempo que hacía una coleta con la mojada melena y trataba de localizar el punto más seco del sendero. Un poco más tarde, la pendiente se volvió más pronunciada y en el horizonte el cazador distinguió una masa de nubes terriblemente negras que avanzaban rápidamente desde la gran alfombra verde del Gigantesco bosque de Foskogur que limitaba con el valle por el Noreste, su ánimo mejoró notablemente cuando tras doblar una curva del camino divisó a poco más de un kilómetro la arboleda azul de los arboles Edö, dobló el paso mientras observaba con el ceño fruncido la masa tormentosa que se abatiría en breves sobre él, el viento empeoraba por momento y hasta él llegaba claramente el sonido del crujido del bosque azotado por el inclemente viento que descendía de Los Nidos como el aliento de los dragones que allí moraban. Finalmente alcanzó la densa arboleda azul al tiempo que el sonido del primer trueno aportaba el toque de percusión a la tormentosa sinfonía.
En pocos minutos el accidentado sendero-riachuelo se reveló invadido por la maleza hasta tal punto que el cazador prefirió internarse en el bosque aún a riesgo de extraviarse, a medida que el cazador avanzaba estoicamente por el bosque la pálida luz azulada que se filtraba entre las hojas de los árboles se transformaba en una mortecina y fantasmal claridad que otorgaba al bosque un aspecto encantado y misterioso. Los Edö se contaban entre las pocas especies de árboles capaces de moverse de forma perceptible para el ojo humano, de carácter bondadoso con los visitantes del bosque, los Edö guiaban a los viajeros perdidos de buen corazón hasta la salida del bosque con débiles destellos de luz purpura que emitían a voluntad en su corteza, la madera de estos árboles era completamente ignifuga y a diferencia de la mayoría de vegetales los Edö carecían de raíces, en su lugar poseían una suerte de ventosa que los fijaba al suelo y que les permitía resistir los más potentes embates de los vientos y las tormentas. Cuando la luz finalmente se extinguió por completo y una penumbra azulada lo rodeó solo rota por el ocasional destello de los relámpagos, no le sorprendió ver poco después un lejano coro de luces purpuras que iluminaban el bosque con una extraña luz pulsante, el cazador sonrió y avanzó en dirección a las luces con seguridad, al cabo de media hora alcanzó el final del bosque donde los árboles lo despedían emitiendo unas cálidas luces que inundaban el bosque entero.
jueves, 20 de febrero de 2014
La sangre en la Botella: Cap 2: Fuego Luz Y Miedo.
El crepitar de la hoguera y el masticar de los ocupantes,
era el único sonido que reinaba en la cueva, este espeso silencio, tan poco habitual desde
que el nuevo invitado había llegado a la cueva. Era generado por el resultado de una
disputa. La discusión, que había tenido lugar hacia apenas unos instantes todavía
se saboreaba en el ambiente. Esta fue provocada por el soldado. A raíz, de la idea de Ronar de
proponerle a Alma abandonar para siempre junto a él la cueva. Sin embargo, los
planes acerca de que destino debían tomar divergían: Ella deseaba que él la acompañase a las montañas que adoptaban la función de frontera natural del Gran Desierto y al mundo que se ocultaba tras de
estas. Él, deseaba que ella le acompañase al campamento central del ejército, donde, tras dar
parte, se alistaría en las fuerzas Trónicas. Ya que, conocía el desierto, mejor
que cualquier campista Trónico, por no citar, el hecho de que era letal en
combate.
– Pero es tan Tozuda…- Pensó.-Si supiera lo que podría hacer
con su potencial, se convertiría en un soldado de élite en menos de un año…-.
Ronar había visto como Alma cazaba los lagartos Femárides que constituían su
principal fuente de alimento en el desierto. Para el estupor de Ronar, los
Femárides eran grandes depredadores de casi 3 m de largo y 2 de alto, provistos
de 6 patas rematadas en garras y unas mandíbulas comparables a cepos de cazar osos, si
eso no fuese suficiente, los reptiles estaban dotados de un potente veneno
somnífero que inyectaban con un simple roce de las púas que los recubrían por
completo, dándoles el aspecto de gigantescos erizos verdosos. Alma, sin embargo, los cazaba cuerpo a cuerpo, sin arma alguna. Ronar
se había quedado asombrado el primer día ya que suponía que su anfitriona
disponía de primitivas armas para realizar tan arriesgada tare. Cuando la
interrogó acerca de sus herramientas de caza, ella, por toda respuesta había
señalado sus nudillos y él no le había creído hasta que ella se lo demostró
cazando sin esfuerzo alguno tres grandes lagartos con una destreza que Ronar solo podía
soñar. Por si aquello no fuese suficiente prueba de valía, de un solo puñetazo, aplastó
el cráneo de uno de los escamosos seres sin apenas inmutarse y sin verse afectada en absoluto por el potente agente somnífero.Tras semejante hazaña, sin siquiera resoplar, arrastró las tres pesadas presas de vuelta a la cueva. El soldado, no había podido arrastrar una sola, cada uno de los reptiles pesaba más de 200 kilos, por no mencionar el hecho de que el desierto castigaba la tarea con unas temperaturas de más de 40º. Ronar, al regresar de vuelta a la cueva con los tres grandes trofeos, comenzó a pensar seriamente la posible veracidad sobre las intenciones de Alma cuando casi acaba con su vida...
Ahora, tras discutir acaloradamente, los dos comían en
silencio y se negaban a mirarse siquiera, al menos ella, (ya que el soldado no
podía dejar de contemplarla e intentar medir su increíble capacidad de
combate). Fue Ronar, tras casi 30 minutos de miradas furtivas e intentos vanos de convencerse de que él poseía la razón (No era así). Cuando, finalmente, tomó aire para empezar a disculparse y
acabar con aquella reyerta inútil, pero ella, antes de que comenzase a hablar
siquiera ,lo fulminó con la mirada de tal forma que él solo pudo arrebujarse en
sus pieles y, tras lanzar una última mirada de tristeza hacia su aparentemente indiferente
anfitriona, que daba cuenta de otra ración de lagarto medio cruda con entusiasmo. sumirse en un sueño intranquilo y plagado de
pesadillas.
Ronar soñó con la muerte, la sangre y la derrota, veía a las
fuerzas de un ejército desconocido, compuesto por seres deformes y monstruos
mecánicos, aplastar a las fuerzas Trónicas que trataban de retirarse mediante
transporte aéreos que nunca llegaban. Tolezz era uno de los encargados de
aguantar la posición y observaba impotente como todos sus compañeros eran
destrozados hasta que algo se vislumbraba en los cielos, pero no eran los
transportes, sino fuerzas de ataque de Ciudad Futura que se abalanzaban sobre
el ejército Trónico para rematarlo. Finalmente, una luz blanca llovía del cielo
y lo siguiente que vió Tolezz fue su blanca calavera siglos después, todavía en
el desierto que le miraba como reprochándole su decisión…
Despertó empapado de sudor, con el corazón latiéndole
desaforadamente en el pecho, reprimió un grito y miró a su alrededor: El alegre fuego era ahora una serie de brasas que se debatían por mantener a raya a las sombras, extasiado contempló durante unos minutos la débil lumbre. Con un suspiro, se desperezó y a tientas comenzó a empacar su escaso equipaje. Quince minutos más tarde partió en medio de la noche, pertrechado únicamente con un odre de agua y un poco de lagarto frío, las 13
lunas adornaban el firmamento desde lo alto, esa noche Lifer destacaba inusualmente en la bóveda celeste. Ronar contempló el orbe azul que arrojaba una tenue luz etérea sobre el
desierto transformándolo con un poco de imaginación en un mar cuajado de gigantescas olas congeladas, silencio y frío eterno. Un súbito ruído proveniente de la cueva le sobresaltó, miró hacia atrás y vió a Alma deslizarse por la pequeña abertura de la cueva y ponerse en pie. Ambos permanecieron en silencio, ella clavó sus cautivadores ojos en Ronar y
formó una sola palabra con los labios sin llegar a hablar en ningún momento… Ven…
Él, de forma casi inconsciente, negó con la cabeza. Ella al instante se dio la vuelta y comenzó a ascender por una gran duna en dirección oeste, hacia las montañas que se vislumbraban en el horizonte. Ronar se quedó clavado sin moverse en el sitio, consciente de que estaba cometiendo un error, quizás el más grave de toda su corta vida, al dejarla marchar de esa
forma. No obstante, permaneció sin moverse hasta que ella desapareció tras la duna.Tras un instante de duda remanente, él comenzó a andar en dirección Este, hacia el campamento central de
las fuerzas Trónicas.
La noche traía al desierto un frío glacial que provocó que
el soldado se mantuviese en movimiento en todo momento, en cuanto se detenía,
un sueño dulce y conveniente trataba de apoderarse de él y sumirlo en un sopor
que equivaldría a una muerte segura. Por ello, el soldado se movía al trote sin
detenerse siquiera para introducir en su garganta unas gotas de agua . En el
lejano horizonte, al sur, se recortaban en el cielo las luces del frente de
batalla Trónico. A pesar de la gran distancia (No menos de 100 km) que lo separaban de la zona de combate,grandes estallidos en el firmamento nocturno marcaban el lugar donde los Drones de los
Blancos y los Aeras de Trónico, combatían sin cesar en arriesgadas maniobras y
misiones casi suicidas en busca de un hueco que permitiese comenzar un ataque
de bombardeo sobre los campamentos centrales de ambos ejércitos. En tierra, los soldados Trónicos
resistían la acometida de los Drones de ciudad futura desde los fortines usados en la guerra antigua,sin ceder siquiera un palmo
de tierra al enemigo, aún asi, la situación era desesperada, los soldados enviados al
frente eran considerados desaparecidos en combate desde el mismo momento en que
los convoyes blindados abandonaban el campamento central. Sin embargo,ese sacrificio era necesario,
sin la línea de tierra no había posibilidad alguna de resistir los embates de las
devastadoras fuerzas de Ciudad Futura. Por ello, el soldado se había alistado
en aquella misión de rastreo y exploración, dado que, la alternativa, era
dirigirse al frente. El soldado sintió nauseas al pensar en el simple hecho de
ser enviado al frente, incluso los perforadores, grandes guerreros que siempre
había considerado como indestructibles,
tenían problemas para aguantar más de unos segundos fuera de las trincheras,
bajo el arrasador fuego de línea de las cruces blancas, contra este ataque, que
consistía en un barrido a nivel minúsculo con laser de alta potencia en forma
de red de pesca, no había defensa posible. Conocía este ataque de boca de uno
de los pocos supervivientes del frente que habían vuelto cuerdos del frente. A
aquel tipo un Drone le había arrancado un brazo limpiamente y sus piernas
habían quedado reducidas a simples jirones sanguinolientos. Sin embargo, aquel
tipo de nombre olvidado, daba gracias constantemente por haber salido de aquel
lugar con al menos una extremidad intacta, y no era para menos. Ya que un superviviente del frente era considerado un milagro viviente, normalmente, los
convoyes traían cadáveres o moribundos que presentaban las habituales dantescas
quemaduras provocadas por los avanzados sistemas de armamento de Ciudad Futura.
Ante heridas como esas, las atenciones que recibían los heridos se reducían a
una eutanasia rápida basada en un tiro en la cabeza y un entierro en una fosa
común, aún asi, todos los efectivos entendían la importancia de mantener el frente
e incluso algunos se ofrecían voluntariamente para ser destinados allí.
Ronar comenzó a pensar mientras corría atravesando de forma irregular las gigantescas dunas que conformaban aquella parte del desierto:
Ronar comenzó a pensar mientras corría atravesando de forma irregular las gigantescas dunas que conformaban aquella parte del desierto:
En el fondo de su corazón no podía
entenderlo… que razón existía para dejarse la vida en aquella gigantesca sartén
llamada El Gran Desierto?... tantos seres vivos que veían su fin en el frente o
a los mandos de vehículos de combate, tantos heridos de guerra que quedarían marcados en cuerpo y alma durante el resto de sus vidas… todo para qué?...- por venganza… por
simple y cruda venganza- dijo una voz oscura en su cabeza… la guerra está totalmente justificada. Y
eso es lo único que te tiene que importar soldado de nombre Ronar Eurecian Tolezz- prosiguió la voz… Venganza, por tus hermanos y hermanas y por todos
los habitantes de Pateutare que habían sido masacrados sin piedad por los
Drones de Ciudad Futura.- completó
Ante estos pensamientos, el soldado dobló el paso, al tiempo
que clavaba su mirada en el sur y observaba preocupado los crecientes
resplandores que bañaban el desierto con una luz fantasmagórica y sombría. Él
no podía saberlo, pero, mientras el soldado atravesaba el desierto en dirección
al campamento central, mientras se esforzaba por atravesar el mar de dunas en dirección contraria a su auténtico destino… EL FRENTE TRÓNICO CAÍA.
Sucedió como suelen suceder estas cosas, por un error, un
simple y estúpido error que en este caso consistió en no cerrar una simple
puerta que conducía a una pequeña despensa donde los soldados guardaban las
reservas de suero alimenticio existentes. Esa pequeña puerta, que los centinelas de ese sector habían olvidado cerrar fue la causa de todo, por esa puerta penetró la
ruina del frente, la misteriosa causa de la derrota Trónica en la guerra de la trinchera Gigas que durante años y años, eruditos Trónicos buscaron sin descanso para tratar de completar el complejo puzzle que suponía la derrota de Tres Líneas. El frente Trónico, consistía en una serie de búnkeres de forma octogonal protegidos por un gigantesco generador de escudo que garantizaba que el frente continuase siendo totalmente
impenetrable (Incluso ante los devastadores ataques de ciudad Futura). Sin embargo, dentro de este acorazado complejo, algunos de los edificios aún conservaban su antigua estructura base,de entre todos ellos,el decimoquinto
edificio era especial, databa de la antigua guerra y en concreto en esa zona, en esa pequeña sala, tras los tanques de suero
que proveían a los soldados de alimento, la pared simplemente estaba revestida de roca
natural, por tanto, carecía de escudo defensor alguno. Esto no resultó problema alguno en la antigua
guerra, de hecho, los soldados agradecían este hecho ya que la temperatura de
la sala era de unos 15 grados, comparándolo con los casi 75 grados
achicharrantes que imperaban en el resto de la base. Por este motivo, nadie
informó jamás de este hecho ya que los soldados temían que el oficial al mando
restringiese las guardias en aquel pequeño cuarto, privándolos del único respiro
verdadero en toda la base, quizás algún ingeniero informó de ello pero su
informe fue convenientemente extraviado o quizás simplemente fuese el destino.
Ciudad Futura, utilizaba con gran eficacia unos ingenios
extremadamente letales conocidos como Drones
explosivos, modelo araña o como los llamaban los soldados; Las
latas de polvora (Aludiendo a su forma cilíndrica). Estos drones poseían dos
pares de patas rematados en ganchos que permitían a los Drones trepar con
facilidad por paredes, estos ingenios causaban pavor en las fuerzas Trónicas,
ya que además de poseer tres letales vectores laser en la parte superior ,
estaban equipados con un potentísimo explosivo limitado por un escudo que
reducía su rango a una decena de metros, no obstante, algunos de esos Drones
eran usados simplemente como arietes para derribar las fortificaciones enemigas. Estos drones ariete se diferenciaban de
los Drones araña estándar simplemente por ser totalmente negros, además de
carentes de escudo limitador, las explosiones dejadas por estos drones en la
guerra habían creado una segunda
Trinchera Gigas alrededor del frente Trónico (un abismo de cientos de metros de profundidad y casi 80 de anchoque bordeaba el frente Trónico de forma perfecta). Además de todo su equipamiento destructor,
estos drones estaban equipados con un taladro excavador en su parte superior que les permitía abrir túneles con gran
facilidad, esto usualmente era usado para transformar estos letales ingenios en
terribles minas anti-vehículos capaces de atravesar el blindaje más resistente,
sin embargo, recientemente, eran usados
para tender emboscadas emergiendo por la retaguardia y detonando en las
posiciones vulnerables del enemigo. Ahora la táctica había evolucionado y el plan actual consistía en un intento de infiltración Drone a traves del frente por los túneles
excavados por los Tuoppis escorpión o Turydos que se extendían por todo el desierto, sin embargo la operación inicial había
fracasado ya que la colmena había destruido de inmediato todos y cada uno de
los efectivos enviados… salvo uno.
El Drone Uk-1352 actualizaba sus datos, casi emocionado,
como todo drone de combate de ciudad
futura el uk-1352 estaba pilotado por un soldado suspendido en la red, esto
quería decir que pese a que el soldado controlaba absolutamente todas las
acciones realizadas por el drone. En caso de detonación o simple destrucción el soldado no sufría daño alguno, de hecho, reaparecía de nuevo en otro drone
similar para guiarlo en su misión. El drone uk-1352 procesaba a toda velocidad
las ordenes enviadas por su piloto, la emoción nublaba ligeramente el contenido
de estas pero entendió lo básico. Habían abierto brecha, se aplicaba el paquete
de misión número 32, esta misión, comprendía el hecho de que de alguna forma,
uno o más drones habían logrado atravesar el impenetrable escudo y se
encontraban en la base enemiga.
Cargando… aplicando paquete de misión nº 32… validando
paquete… descargando directrices protocolarias restringidas… eliminando escudo
limitador… espere… espere… espere… escudo eliminado… escaneando área local…
área local descargada… objetivo a 1755 metros… eliminando obstáculos… espere…
eliminando objetivo hostil… ejecutando… eliminación completada… Perforador
destruido… dirigiéndose a objetivo…
espere… espere… espere…espere… objetivo a 35 metros… resistencia localizada…
múltiples objetivos detectados… procesando… procesando… calculando consecuencias
por detonación… cálculos finalizados… misión cumplida… elaborando informe…
informe enviado… eyectando piloto… espere… espere… espere… piloto asegurado…
detonación inminente…3…2…1…0.
La explosión inicial barrió por completo la sede de mando,
el generador de escudo y los edificios 7,9,12 y 43. Sin el escudo protector,
los drones ariete desintegraron en escasos segundos los edificios restantes. A la mayoría de efectivos no les dio tiempo
siquiera de darse cuenta de lo que sucedía antes de desaparecer engullidos por
la cegadora luz blanca,en menos de un minuto, el frente Trónico dejó de
existir. Un balance posterior indicó que el número de victimas había rozado la
escalofriante suma de casi 10.000 efectivos. Los salones de Exitus recibieron una cantidad inusitada de
huéspedes súbitamente que provocó que la durmiente diosa se agitase en su sueño, molesta por los gritos que desgarraban el habitual silencio del salón, pero pronto, regresó a su eterno sopor.
Debido a la rapidez del ataque el campamento central
Trónico nunca supo que el frente había caído, achacaron la imposibilidad de
comunicarse a la gran tormenta de arena que ahora azotaba el desierto y que
dificultaba de forma importante el avance de Ronar. La tormenta le había pillado por sorpresa y lo
había rodeado en cuestión de segundos, la visibilidad era nula y la arena se
introducía en sus ojos y boca por mucho que tratase de escupirla. Por unos
instantes se quedó quieto, tratando de cubrirse inútilmente con las pieles,
desistió y volvió a ponerse en marcha solo para descubrir que era incapaz de encontrar sus
huellas, lo único que le indicaba que dirección seguir dentro de aquel vórtice
que ahora lo acosaba sin descanso. El soldado trataba de encontrar
algún rastro de sus huellas, Esto lo condujo a andar en círculos durante lo que
le parecieron horas hasta que presa de un cansancio y una sed terribles (Ya que
durante su forcejeo con las pieles había perdido su odre) se desplomó sobre la
arena incapaz de moverse.Poco después la tormenta siguió su camino, dejando al pobre soldado
tirado en medio del desierto a merced de sus habitantes.
A Yakie le gustaba su trabajo como conductor de transportes
de exploración, combate, mercancías y expediciones. Este trabajo le brindaba la
seguridad del blindaje de su L-45 y conseguía poner un plato caliente al final
del día ante su familia, que constaba de 19 hijos, 3 hermanos, su mujer y 3 Pattales (Unos curiosos animales miméticos similares a los perros). En aquella ocasión Yakie, trasladaba un grupo de
Ingenieros del frente al campamento central, donde les esperaba un merecido
descanso tras realizar ciertas reparaciones en los generadores de energía. Los ingenieros no ofrecían mucha conversación a diferencia de Yakie, al que le
encantaba bombardear con anécdotas de sus numerosos viajes a sus pasajeros, la realidad es que no era para menos: Yakie había sido una leyenda en las carreras en su juventud y le avalaban casi 40 años de experiencia como piloto. En aquel
momento, Yakie, se encontraba ocupado describiendo a los ausentes pasajeros
como él solo había logrado destruir un Drone clase dragón con su L-45.
-Os lo aseguro…- Relataba él con su voz cascada –Yo esquivé
no se hoy todavía como la salva de proyectiles que aquel cabrón me había soltado...el aire se llenó del olor a carne quemada y metal fundido y supe que estaba solo ante aquel engendro mecánico. Tras
eso decidí jugármelo todo a una carta y entonces… Oh mierda…- Cortó. –Chicos, vamos a
tener un trayecto un poco movido dentro de unos minutos… pero tranquilos eh?
Que no hay tormenta que pueda con Elen…- Aseguró mientras se abrochaba el
cinturón y se atusaba el grueso bigote de morsa que poblaba su cara. La
tormenta se acercaba hacia el vehículo a gran velocidad, semejaba que el
desierto deseaba jugar a ser mar y había decidido empezar con un pequeño
Tsunami ,que ahora se arrojaba, contra el L-45 y su intrépido conductor.Penetraron en la tormenta con un rugido de motor y tras eso durante 3 casi 4 horas no escucharon nada más que el terrible aullido del viento. La
visibilidad se redujo a una ilusión y la oscuridad los cubrió por completo,
Yakie ni siquiera trató de encender las luces , sabía por experiencia que eran
totalmente inútiles ante un fenómeno como ese. Esquivó casi por instinto los
dos Femárides que se cruzaron en su camino y aumentó la velocidad del L-45. El
vehículo se desplazaba dando violentos bandazos que amenazaban constantemente con hacerlo volcar, sin
embargo, Yakie siempre lograba mantener el control en el último segundo
devolviendo al L-45 la estabilidad, al menos durante unos segundos. La fuerza
de la tormenta crecía por momentos, golpeando sin piedad al L-45 mientras este
luchaba por no ser arrastrado, los pasajeros habían abandonado su actitud
ausente y ahora miraban de forma nerviosa al conductor. Yakie, al reparar en
esto, se apresuró a tranquilizarlos:
-Tranquilos amigos, Elen (Asi llamaba de
forma cariñosa a su L-45) nunca me ha fallado en mis 38 años de piloto. Os digo
que esta tormenta no es nada, las he visto mucho peores, la clave está en no
disminuir la velocidad…-se interrumpió para esquivar de un brusco volantazo a
un Femárides que dormitaba en el medio de la planicie que ahora atravesaban y
al que estuvieron a punto de arrollar.
.
-Maldita sea!,… bien como os decía, si disminuímos por un casual la velocidad, la tormenta nos
arroyará y es probable que no lo contemos… pero si mantenemos esta velocidad
seremos como un cuchillo que
atraviese la mantequilla… y hablando de
mantequilla. ¿Quereis unas barritas coronel Skar?, si?, toma toma y tu reparte
las demás… Y estad Tranquilos eh?, saldremos de esta, como que me llamo Yakie
Rafert Fife.-
La situación se prolongó 3 horas más, 3 horas insomnes que
transcurrieron con lentitud, salvo para el piloto. Yakie, a diferencia de los
ingenieros, disfrutaba de la situación enormemente, para él aquel tipo de cosas le hacían sentirse vivo, le daban un
sentido a su existencia, era algo mágico que solo Elen y Yakie eran capaces de
entender, le recordaba a cuando competía en las carreras ilegales Trónicas en el mar de chatarra, donde era ganar o morir. Por eso la decepción tiñó la voz de Yakie cuando anunció:
-Bien chicos, esto se ha acabado, Lo que os decía no?, no
hay tormenta que pueda con el viejo Yakie amigos míos… Jajajajajaja, en fin, ya
estamos fuera, que precioso cielo nocturno… Hoy Lifer está enorme… a mi hijo
pequeño le encanta Lifer, tiene su cuarto lleno de trastos de astronomía y yo
siempre… un momento!, que es eso?.-
Los potentes sensores
del L-45 habían llamado la atención del viejo piloto, a unos 3km al norte según
el radar se encontraba un ser humano.Yakie meneó la cabeza con desaprobación,
era imposible que alguien merodease por aquella parte del desierto en plena
noche menos aún en medio de una tormenta de arena. Aún así Yakie volvió a
consultar el escáner, más por averiguar si el escáner había sufrido una avería durante la tormenta que por tratar de averiguar si era un ser humano lo que el radar había detectado. Sin embargo, no había error posible, era un ser humano, con un suspiro
Yakie informó de la situación a los ingenieros que aprobaron su petición de comprobar la zona e
investigar el origen de la señal. Con un giro de volante, El L-45 comenzó a
ascender por una enorme duna de formación reciente al tiempo que un timido sol despuntaba en el
horizonte, Yakie contempló el amanecer mientras se toqueteaba el bigote en
busca de los restos de la barrita Coronel Skar que había engullido durante la tormenta,
el vehículo coronó la duna y descendió a toda velocidad en dirección al bulto
que ahora era visible y que aguardaba tirado en el desierto a unos 500 metros
de distancia, al pie de la duna. Suspirando de nuevo, Yakie se desabrochó el
cinturón de seguridad que le oprimía la voluminosa panza y abrió la compuerta
de salida, acto seguido se incorporó y descendió por la escalerilla que
conducía a la dorada arena, el viento cortante agitó su melena plateada que alcanzaba la nada desdeñable longitud de su cintura. Sus pesados zapatos de seguridad hicieron contacto
con la arena con un peculiar crujido, con calma, comenzó a aproximarse
lentamente al bulto que yacía a apenas unos 20 metros de su posición, al
alcanzar el enigmático bulto cubierto con burdas pieles. Yakie, comenzó a
desenvolver otra sabrosa barrita energética al tiempo que con el pie, retiraba
las pieles lo suficiente como para revelar a un muchacho alto, delgado, de
cabello rizo negro y con signos de violencia por toda la cara; su nariz
ligeramente torcida, el labio aún sin curar del todo, el morado que adornaba su
ojo… Fuese quien fuese aquel pobre diablo, había recibido una buena tunda-
Pensó el viejo piloto al tiempo que se metía la barrita entre los escasos
dientes que aún le restaban y se cargaba al muchacho al hombro, sin esfuerzo
aparente.
Acto seguido, regresó al
vehículo y entregó al inconsciente muchacho a los ingenieros, que lo
observaban con una mezcla de curiosidad y sospecha. Cerró de nuevo la compuerta y puso a Elen de nuevo
en marcha, el L-45 respondió con un suave ronroneo y Yakie ejecutó un temerario
trompo, ignorando las protestas que llegaban del compartimento de pasajeros el
piloto sonrió.
-Y ahora… sin más preámbulos… A casa Elen!!- Gritó con voz
potente y descendió la duna a toda velocidad hasta perderse en El gran desierto.
Ronar despertó con un potente reflector de luz que le golpeó
en la cara cegándolo por completo, trató de moverse instintivamente pero descubrió que estaba completamente atado de forma tan
experta que no podía moverse un solo milímetro. El haz le golpeaba en pleno
rostro obligándole a cerrar completamente lo ojos. No bien había cerrado los ojos cuando oyó que alguien cerraba una puerta metálica, tomaba asiento o al menos
arrastraba algo similar a una silla y depositaba algo en ella. En ese momento
un voz potente, profunda y afectada habló:
-Nombre?-
Ronar no respondió en el acto y eso le costó caro. Tras un tiempo de 7 segundos
exactos recibió un puñetazo en plena cara que volvió a fracturarle su mal
curada nariz, Ronar gritó de dolor al tiempo trató de abrir los ojos sin éxito, tras unos segundos notó de nuevo la sangre chorreando por su cara y entonces regresó
la voz:
-Nombre?:
-Ronar Eurecian Tolezz- contestó de inmediato. Prefería no tentar demasiado a la suerte.
No hubo golpe esta vez, tras una pausa breve de menos de un
minuto la voz continúo:
-Ronar Eurecian Tolezz, se le considera muerto en acto de
servicio, en concreto en una misión de exploración. Como explica el hecho de
que lo encontrara un transporte a más de 350 km de su posición original de desaparición?-.
-Qué?… un transporte?, no recuerdo…- esta vez el golpe fue
entre las costillas. El soldado comenzó a toser mientras pugnaba por respirar, la fuerza de los golpes le recordaban las caricias de Alma solo que carecían totalmente de aquella delicadeza que siempre distinguía sus golpes.
La voz regresó, como ajena a las circunstancias, el tono no había cambiado pero Ronar adivinó un deje de impaciencia:
-Expliquese o nos veremos obligados a usar métodos más
severos, no le conviene alargar mucho más su estancia aquí sabe?. Si es usted
quien dice ser no hay ningún problema, le soltaremos y trataremos sus heridas, ya que al fin y al cabo usted es uno de los nuestros, sin embargo, debo
confesarle que tememos que sea usted un espía del bando enemigo, si bien es cierto que es poco probable, en estos tiempos no podemos correr riesgos innecesarios. De ser asi
usted ya conoce su destino, lo que si puedo decirle es que si no responde a
todo lo que le pregunto, es decir, si se niega a cooperar… jamás saldrá de esta
sala con vida.
La voz se detuvo, sin
duda, esperaba causar miedo en el corazón del
prisionero. Y en el caso de Ronar
funcionó a las mil maravillas. La voz esperó un par de minutos antes de proseguir.
-Bien, ha decidido cooperar?-
-Si,- Contestó el soldado secamente.
-Explique cómo llegó hasta el lugar donde lo encontraron-
-Fui… salvado-
-De qué fue salvado- Preguntó de inmediato la voz.
-De… de unos monstruos con forma de insecto, nos atacaron y
creo que toda mi patrulla fue asesinada…-
-Limitese a contestar la pregunta, no nos interesan sus
divagaciones-le cortó la voz.
-Por quien fue salvado?- continúo.
-Por un habitante del desierto…-
-Un habitante del desierto?, expliquese- inquirió la voz.
Ronar procedió a explicarle todo con pelos y señales, el
túnel, la salvación, su estancia con su salvadora y finalmente su marcha, la
voz permaneció en silencio mientras el soldado desgranaba sus últimos 12 días, aunque por alguna razón omitió el incidente del nombre. No hubo interrupciones durante su relato, que duró aproximadamente 1 hora,finalmente, la voz emitió un profundo suspiro y comenzó a hablar:
-Es decir, que usted fue rescatado por una niña que posee
una fuerza increíble, capaz de matar a un femárides de un puñetazo cuando hasta
nuestros perforadores tienen problemas al lidiar con tales criaturas. Además de eso, la niña en cuestión vive
sola, sin padres en uno de los lugares más inhóspitos de todo Eternal. Ah! Si claro!,
tiene en teoría un refugio decorado con
un montón de pieles de lagartos que ha cazado, y encima de todo eso usted
abandonó a esa niña para regresar al campamento base, solo, sin comida y
únicamente provisto de un supuesto pellejo de agua. Pero claro, ya no lo tiene
porque fue sorprendido por una tormenta de arena y acabó desmayándose de
cansacio… Amigo, reconozco una cosa: es usted valiente, nadie hasta ahora ha tratado de tomarme el pelo de esta forma, te felicito esta es la historia más falsa que he oído
en mi larga vida de interrogador… y creeme... he oído cosas muy curiosas...Bien, tu que crees que debería hacer contigo
y esa especie de explicación delirante que me has dado?.-
-Haga lo que quiera, yo le he contado la verdad.- Contestó
Ronar abatido, ya estaba, era hombre muerto.
-La verdad… curioso concepto cita usted… en mi opinión es
usted un espía y un mentiroso, será fusilado y su cuerpo será arrojado al
desierto donde las alimañas y los Turydos, así se llaman esos monstruos que le atacaron darán buena cuenta de él. O al menos
eso es lo que me gustaría poder hacerle con mis propias manos, sin vacilación
ni piedad…pero... parece que mis superiores no están de acuerdo conmigo y han
decidido que si que es usted Ronar Eurecian Tolezz, por tanto su destino ya no
me compete a mi, lástima… en fin, ha
tenido suerte. Desatadlo, dadle de comer y de beber e internadlo en el pabellón
médico... Sacadlo fuera de mi vista…-
Ronar notó como alguien aflojaba sus ataduras, el soldado se
masajeó las dormidas manos mientras
lentamente se ponía de pie sin poder creerselo todavía, estaba vivo e iba a vivir, sintió que podría ponerse a cantar pero se abstuvo de hacerlo. Todavía estaba cegado y notaba el sabor de la
sangre en la boca, sin miramientos, alguien lo agarró de la mano aún dormida y sin mediar
palabra alguna fue guiado hasta una diminuta habitación. Era un cubículo de no más de 3 metros de largo, totalmente
desprovista de muebles salvo una silla metálica y una pequeña mesa, la vista
del soldado se recuperaba lentamente pero pudo detectar al instante los
pequeños envases metálicos que aguardaban encima de la mesa. Se abalanzó sobre
ellos y engulló las raciones de comida Trónicas compuestas por una pasta gris
de sabor neutro y un liquido blanco ( cuyo sabor se aproximaba bastante a una cerveza
sin alcohol rebajada con agua) con una voracidad rayana en la desnutrición. No
tardó ni cinco minutos en dar cuenta de la comida, sus centinelas aguardaron
pacientemente sin hace comentario alguno hasta que constataron que había
finalizado tan frugal almuerzo, acto seguido lo condujeron por una serie de
pasillos metálicos con una gran cantidad de puertas, el soldado los reconoció
al instante; Los barracones de los regulares, cuantos días había pasado Ronar
limpiando aquellos pasillos que siempre estaban en silencio, por muchos efectivos que circulasen por ellos, no se oía
una voz en ningún momento del día, la razón era muy simple, no había motivo
alguno de alegría en que finalizase un día…si otro idéntico o peor te aguardaba.
Sus captores aceleraron el paso y finalmente lo condujeron
al exterior. La luna de Lifer pendía
como una esfera de agua pura en el
firmamento, el viento seco y frío del desierto le agitó el cabello, el soldado
movió la cabeza para aprovechar mejor la sensación de libertad, con calma, respiró
profundamente, la nariz le dolía pero quizás fuese ya cuestión de costumbre
porque la verdad no le daba demasiada importancia. Los dos soldados que lo
escoltaban le increparon en un tono hueco que se pusiese en marcha de nuevo, el
campamento permanecía completamente silencioso y oscuro, salvo por las intermitentes
luces producidas por las numerosas hogueras que indicaban el lugar de las patrullas
Trónicas. Rápidamente, descendieron hasta la hoguera más cercana, antes de
llegar, torcieron a la derecha y se internaron en la oscuridad, los dos
soldados portaban linternas que iluminaban una suerte de camino metálico que había
sido cubierto por la arena. Tras unos minutos siguiendo el camino, Ronar
distinguió la forma de una gigantesca duna, en su base, se adivinaba una
compuerta custodiada por no menos de seis figuras que aguardaban inmóviles. Al llegar hasta la puerta,
las figuras dieron el alto a sus carceleros, un perforador (Un soldado equipado con una armadura
acorazada de casi 4 metros de altura, provisto de un taladro gigantesco en una de sus
manos y una ametralladora de plasma pesada en la otra) interrogó con rapidez a
los soldados por el motivo de su visita, estos le explicaron que Ronar había
sido identificado como un posible espía. El perforador frunció el ceño durante un instante pero finalmente asintió y se apartó, al
instante el resto le imitó y Ronar se internó en el pabellón médico.
Las paredes blancas que revestían su habitación ofrecían un
panorama más que de curación, de desesperación. Siniestros artilugios quirúrgicos reposaban
en una mesa de tonalidad clara ubicada en la esquina, su cama, de un blanco
cegador, yacía en el medio de la habitación iluminada por luz totalmente
artificial, un gotero descansaba al lado derecho de esta junto con una pequeña mesita
auxiliar con varios Neuro-Libros de temas tan apasionantes como: Vida feliz,
guía de como vivir en armonía sin necesidad de Neuro-estimulantes artificiales
experimentales u otro todavía más positivo llamado Lo que se oculta tras el
velo, un estudio de lo que nos aguarda tras la muerte…
La puerta de la habitación estaba firmemente cerrada, ya lo
había comprobado cuando diez minutos atrás lo habían dejado solo en aquella
habitación que apestaba a muerte y a sueños rotos. Ronar tomó aire y golpeó con
el puño la puerta al tiempo que las lágrimas recorrían su cara y se mezclaban
con la sangre reseca cayendo al suelo donde formaba rosas liquidas que parecían mirarlo de forma burlona. Había cometido un terrible error, debía de haberla
acompañado, acompañarla si era necesario al fin del mundo y más allá. Pero en lugar de eso
la había rechazado y ahora era juzgado como espía, como traidor. Había atravesado el desierto
y renunciado a la libertad para encontrarse con el devastador puño mecánico del
ejercito Trónico. –Tanto esfuerzo… tanto sacrificio… tanta lealtad… para esto-
pensó Ronar. Encerrado en un habitación subterránea, juzgado como espía y
probablemente sería ejecutado por ello… -Salve Trónico, patria de la libertad!-
pensó con amargura, durante casi 40 minutos se mantuvo en pie mientras reflexionaba sobre la auténtica cara del ejército, la inhumanidad que imperaba era dantesca y reflejaba la verdadera naturaleza de su pueblo: Una naturaleza mecánica fría y eficiente que no permitía ningún tipo de piedad o pensamiento. Nadie acudió en las siguientes 3 horas según su neuro-reloj y Ronar finalmente
optó por tumbarse en la cama y sumirse en un sueño superficial y febril.
La habitación había cambiado, ahora era negra y goteaba un
liquido rojizo que se le antojó sangre, la puerta era ahora una bestia de
fauces horrendas y rostro metálico que no cesaba de escupir
epítetos acerca de la libertad, el respeto y la paz con voz solemne y deshumanizada. Las sabanas
poseían una textura y un olor similar al de la carne humana y el gotero parecía
haber cobrado vida y trataba inútilmente de atacarle con la aguda púa con la que
estaba dotado, el suero antes blanco ahora era de un color negruzco donde tumores innombrables flotaban en la superficie costrosa de color rojizo que lo cubría. El soldado se incorporó de un brinco y saltó de la cama, el
suelo al igual que la pared estaba inundado de sangre, Ronar se incorporó empapado en aquel icor rojo que apestaba a muerte y a vacío lentamente y vio con horror como las fauces de la bestia ondulaban hasta transformarse en
una compuerta totalmente negra, sin picaporte ni manilla alguna, una simple lámina de pura oscuridad. El soldado se acercó a la puerta chapoteando entre la sangre que se acumulaba en la habitación pero antes de
que pudiese abrirla esta se abrió y desde la más infinita oscuridad penetró por
ella un grupo de sombras sólidas que planearon de forma espectral por la habitación, Ronar chilló y trató de huir sin embargo la puerta se había cerrado, las sombras comenzaron a ondularse y aterrizaron frente a la cama, como monstruosas garrapatas comenzaron a inflarse al drenar la sangre que cubría el suelo,Ronar retrocedió horrorizado, finalmente las sombras eliminaron la sangre de la habitación y comenzaron a moldearse de forma extraña hasta
tomar la forma de hombres deformes.
-Asi que este es el…-comenzó una de ellas.
-Shhhhssss- cortó otro
-No es un poco joven para…?-
-Que cierres la boca!-
-No lo creo, yo a los siete años ya había cazado un blanco…-
-Una somanta de palos es lo que vas a cazar como no te calles…-
- Ya amenazas? No amenaces si no puedes cumplir…-
- Ya amenazas? No amenaces si no puedes cumplir…-
-Silencio- Cortó la más grande de las sombras.
Era difícil discernir si su piel era negra o simplemente el
tono negro era debido al hecho de que fuese una sombra difusa, sus ojos en
cambio era profundos penetrantes y estaban llenos de luz verdosa antinatural, portaba en las manos
un gran martillo de lo que parecían ser sombras sólidas y una gruesa armadura del mismo material provista de puntas misteriosas que brotaban de forma aparentemente aleatoria
por toda su estructura.
Alzó su martillo y golpeó a las demás sombras hasta que
estas finalmente cesaron su parloteo y se disolvieron, acto seguido se acercó a Ronar y le puso
una enorme mano informe sobre el hombro, el tacto era viscoso y muy frío, similar al pescado semicongelado.
Entonces fijó su mirada en el soldado y comenzó a hablar, su voz estaba
terriblemente distorsionada y perforaba los tímpanos del soldado con espantosos gallos que rivalizaban con las sirenas de aviso de ataque de las fuerzas Trónicas:
-Soy Gram Khram y lamento invadir tus sueños pequeño… pero
hay algo que tienes que saber… y no queda tiempo...-
-Qu-Qué eres?- preguntó el soldado con voz entrecortada al
tiempo que trataba de retroceder, pero, el abrazo de la sombra era férreo.
-Soy…o más bien debería decir era, hasta hace escasos quince
minutos, un cazador del valle de Ann… un mercenario si así lo prefieres ver… la
cuestión es que tienes que despertar… te han inyectado un suero que te mantiene
profundamente dormido pero…debes resistir y despertar... algo muy grave ha ocurrido… debes salir de aquí…
como puedas…tu destino no es morir aquí... ese es mi mensaje… ahora despierta y vete…-
-Que ha sucedido?!-inquirió Ronar con un deje de pánico en la voz-Que es eso tan grave?!-
-El esferador de escudo… ha caído… el de este campamento…
ahora debes despertar muchacho- contestó rápidamente la sombra.
Ronar sintió como el miedo le invadía como si se tratase de
una ola de agua helada, lo notó filtrarse dentro de él pugnando por hacerle
gritar y que la esperanza lo abandonase. Hasta aquel momento había albergado la
esperanza de poder escapar en un despiste de los médicos, conocía bien el campamento y aprovechando la noche la idea de escapar no parecía tan complicada, era una esperanza
casi nula pero estaba ahí, ahora, ante tan terribles noticias, Ronar se sintió
desfallecer, el miedo había tomado el control y ahora lo dominaba por completo.
Trató de zafarse del abrazo de la sombra y precipitarse a la infinita oscuridad
pero esta, adelantándose a sus movimientos, le bloqueó el paso justo antes de
que pudiese cruzar la puerta. Acto seguido, tomó a Ronar por una mano y lo
acercó a su rostro al tiempo que decía:
-Creeme pequeño, no quieres salir ahí afuera… lo que alberga
esa oscuridad es algo que no quieres conocer… si yo estuviera en tu lugar
despertaría lo más rápido posible… verás, mientras hablamos aquí… amigablemente…
el tiempo corre… y ya sabes lo que se aproxima…cuando ha caído el escudo…puedo
verlo entre tus pesadillas… la limpieza blanca…entonces si fuera tu…trataría de
salvarme…quizás aún puedas alcanzarla…ya sabes de qué hablo…ahora…mírame y dime…lucharas como lo haría un guerrero?...o
te hundirás con nosotros en la infinita oscuridad?... No hay mucho tiempo…decide
rápido pequeño…-
Ronar tragó saliva mientras trataba de imponerse al miedo,
la voz le temblaba de tal manera que no pudo hablar, solo asentir, algo que
Gram Khram interpretó como un: -si, lucharé-.
La sombra sonrió al tiempo que acercaba su boca a la oreja
de Ronar para susurrarle:
-Bien hecho…Una cosa más… si algún día
visitas el valle de Ann… Busca a Gram Kamino y dile…. Dile que su padre le
considera digno de entrar…él lo entenderá… ahora permite que te
ayude una vez más… te ayudaré a despertar… Adiós Eurecian… y… Buena Suerte…-.
Acto seguido, la sombra le asestó
un mordisco que se transformó en una explosión de dolor en la oreja izquierda.
Y Ronar despertó.
Despertó justo en el momento en que su cama comenzaba a
desplazarse contra la pared de la habitación, de un salto e ignorando tanto el
gotero, como el abrasador dolor en la oreja que lo atenazaban se precipitó
fuera de la cama, de forma inconsciente se arrancó el gotero que rodó hasta
estrellarse contra la pared con un sonido metálico. Acto seguido la cama siguió
el gotero y esta si que emitió un crujido importante al abollarse por el
impacto, sin embargo, el sonido de la cama era melodía de violines comparado
con la marabunta de sonidos y gritos que surgían de más allá de la puerta.
Ronar se dirigió a toda velocidad hacia la puerta y comprobó que seguía
cerrada, retrocedió rápidamente y cargó contra ella, la puerta emitió un sonido
metálico horrible pero permaneció inmutable,en ese momento el soldado escuchó una cacofonía de metálica espantosa que se intensificaba con cada segundo que pasaba, se agachó por puro instinto segundos antes de que
una inmensa viga metálica destruyese parte de la pared y aplastase totalmente
la puerta. Se levantó con el corazón latiéndole a toda velocidad y se precipitó al pasillo, la inclinación del
pabellón todavía permitía desplazarse por él, pero, esta aumentaba por momentos
y la viga que ahora bloqueaba el pasillo comenzaba a emitir unos crujidos que
indicaban de forma inequívoca que podía ceder en cualquier momento. El miedo dio
alas a los pies de Ronar, que enfiló el pasillo a toda velocidad en dirección a la abertura que se adivinaba en la cima de la viga metálica, Ronar esquivaba los restos metálicos que caían rodando por el pasillo en dirección desconocida ya que Ronar en ningún momento consideró viable mirar atrás. Respirando con dificultad por fin alcanzó la viga y comenzó a trepar por la inestable masa de escombros hasta
alcanzar la abertura, sin embargo, esta se hallaba bloqueada por un trozo de lo parecía ser los restos de una camilla. Desesperado, continúo escalando haciendo caso omiso a los cada vez más frecuentes crujidos que emitía la pesada viga. Soltó un grito de alegría cuando vislumbró un posible paso
hasta el otro lado del pasillo y se arrastró penosamente por el estrecho hueco
que separaba la viga del techo, sin siquiera pensarlo, cayó los dos metros que lo
separaban del suelo entre camillas y material médico. Además del lógico dolor al caer de cabeza sobre un montón de material médico y restos de pared, notó en particular un
afilado bisturí hundirse en su nalga derecha con lo que lanzó un grito de mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de dolor, aunque,
eso no le impidió incorporarse, y tras arrancarse el afiladísimo instrumento
quirúrgico que arrojó sin pensar comenzó a correr a toda velocidad en dirección a la
salida que se perfilaba a unos cien metros en línea recta. Sin embargo, había perdido mucho tiempo, Con horror no tardó
en comprobar que la inclinación comenzaba a aumentar de manera alarmante, más
alarmante aún era el hecho de que un horrible crujido indicaba que la viga había
cedido y que ahora la caída sería letal.
Aún asi no cejó en su empeño e ignoró totalmente los brutales pinchazos que comenzaba a notar en las piernas, apenas quedaban 6 metros cuando sintió que comenzaba a resbalar, la pendiente era excesiva, ya no podía avanzar, mantener el equilibrio era una ilusión al igual que alcanzar la puerta que blandía un rótulo ahora torcido que anunciaba: SALIDA. Con un aullido de terror se aferró al picaporte de la puerta más cercana para no caer y observó impotente como entre aterradores crujidos y chasquidos las paredes comenzaban a resquebrajarse, la arena comenzó a entrar a raudales en el pabellón, acelerando aún más su inevitable hundimiento. El soldado se aferraba desesperadamente al picaporte de la puerta, cualquier cosa antes que soltarse y precipitarse al vacío que ahora se abría bajo él, sus pies pataleaban en el vacío intentando aferrarse al marco de la puerta. Tras unos segundos comprendió que era inútil y entonces trató de respirar con calma,el miedo comenzaba a invadirlo de nuevo, notaba a los terribles pinchazos de sus piernas sumarse terribles calambres en los brazos, la cada vez más oscura idea casi certera de que la muerte era su único destino comenzaba a mermar su voluntad. En ese momento recordó la única frase dicha por su padre que le sería útil en muchas ocasiones:- Ronar, cuando el miedo te atenace de forma incontrolable es cuando no tienes tiempo de tener miedo, afronta lo que te asusta y cuando estés a salvo ya tendrás tiempo de tener miedo-. Ronar suspiró al tiempo que trataba de apoyar al menos un pie en el marco de la puerta, lo que fuera para darse el impulso que necesitaba para apoyarse sobre el picaporte alargado de esta. Al cabo de unos segundos sucedió algo inesperado: la puerta se abrió y Ronar estuvo a punto de soltarse por la sacudida, su cuerpo quedó suspendido simplemente del picaporte al que se aferraba con un brazo desesperadamente. Desde el torcido umbral de la puerta caminó vacilante un renqueante y aturdido enfermo que dio unos pasos antes de observar el vacío desde la puerta, Ronar no se lo pensó un segundo y gritó:
Aún asi no cejó en su empeño e ignoró totalmente los brutales pinchazos que comenzaba a notar en las piernas, apenas quedaban 6 metros cuando sintió que comenzaba a resbalar, la pendiente era excesiva, ya no podía avanzar, mantener el equilibrio era una ilusión al igual que alcanzar la puerta que blandía un rótulo ahora torcido que anunciaba: SALIDA. Con un aullido de terror se aferró al picaporte de la puerta más cercana para no caer y observó impotente como entre aterradores crujidos y chasquidos las paredes comenzaban a resquebrajarse, la arena comenzó a entrar a raudales en el pabellón, acelerando aún más su inevitable hundimiento. El soldado se aferraba desesperadamente al picaporte de la puerta, cualquier cosa antes que soltarse y precipitarse al vacío que ahora se abría bajo él, sus pies pataleaban en el vacío intentando aferrarse al marco de la puerta. Tras unos segundos comprendió que era inútil y entonces trató de respirar con calma,el miedo comenzaba a invadirlo de nuevo, notaba a los terribles pinchazos de sus piernas sumarse terribles calambres en los brazos, la cada vez más oscura idea casi certera de que la muerte era su único destino comenzaba a mermar su voluntad. En ese momento recordó la única frase dicha por su padre que le sería útil en muchas ocasiones:- Ronar, cuando el miedo te atenace de forma incontrolable es cuando no tienes tiempo de tener miedo, afronta lo que te asusta y cuando estés a salvo ya tendrás tiempo de tener miedo-. Ronar suspiró al tiempo que trataba de apoyar al menos un pie en el marco de la puerta, lo que fuera para darse el impulso que necesitaba para apoyarse sobre el picaporte alargado de esta. Al cabo de unos segundos sucedió algo inesperado: la puerta se abrió y Ronar estuvo a punto de soltarse por la sacudida, su cuerpo quedó suspendido simplemente del picaporte al que se aferraba con un brazo desesperadamente. Desde el torcido umbral de la puerta caminó vacilante un renqueante y aturdido enfermo que dio unos pasos antes de observar el vacío desde la puerta, Ronar no se lo pensó un segundo y gritó:
-Tu!, ayúdame!, rápido!-. El enfermo se sobresaltó de tal manera que estuvo a punto de precipitarse al vacío. Acto seguido se asomó con cautela y observó con estupor a
Roran, rápidamente se agachó con dificultad y procedió a quitarse el cabestrillo que le envolvía el brazo, con cuidado le tendió una mano totalmente vendada. El
soldado calculó mentalmente las posibilidades de que tuviese fuerzas suficientes para tomar el impulso necesario, finalmente tomó aire y se soltó del picaporte al tiempo que se aferraba al brazo
del enfermo, en un principio el enfermo se inclinó peligrosamente,sin embargo, recuperó el equilibrio y comenzó a tirar del brazo, en menos de 1 minuto entre quejidos y resoplidos finalmente Ronar se encontró en la
relativa seguridad que ofrecía la puerta. Ronar permaneció unos instantes en el suelo sin levantarse mientras asimilaba el hecho de que seguía vivo. A continuación sin perder un instante, abrazó al
desconocido como no había abrazado a nadie en su vida, el enfermo de ojos grises emitió un débil grito de dolor que Ronar ignoró completamente, el desconocido trató de
hablar pero Ronar le cortó antes de que pudiese empezar siquiera. La razón era muy simple, el soldado había encontrado una forma de salir del atolladero en el que se encontraban: de la pared adyacente a la puerta, partían unos soportes para
colocar camillas que impulsados por un generador independiente transportaban al
enfermo con gran celeridad al quirófano,Ronar los conocía de anteriores visitas al pabellón médico. por fortuna, el interruptor de
activación estaba a su alcance, en concreto justo al lado de la puerta. Tras explicarle rápidamente el plan, el enfermo
meditó un par de segundos antes de asentir . Ronar se aferró al soporte y con gran lentitud debido a la
inclinación, comenzó a ascender hacia la salida, hacia la salvación, la
arena le golpeaba el rostro, los calambres de sus brazos regresaron con más fuerza todavía pero no le
importaba en absoluto, lo había conseguido . Finalmente sus pies pudieron tocar tierra y con la
sensación de que se le fueran a caer los brazos, el soldado, se arrojó al
suelo, permaneció un par de segundos recobrando el aliento. Acto seguido se levantó y se aproximó con cautela al borde, a unos cinco
metros el enfermo que le había salvado, ahora le miraba con tristeza, Ronar
entendió al instante el por qué: La puerta estaba a punto de ceder, apenas le
quedaban unos segundos antes de que se desprendiese finalmente, tiempo
insuficiente para que el soporte pudiese llegar a tiempo, el enfermo negó con
la cabeza y se encogió de hombros… Ronar golpeó con el puño la pared mientras
las lágrimas se escapaban de su cara y caían al vacío. La puerta cedió
finalmente, y el enfermo quedó tristemente suspendido por su brazo del marco de
la puerta, el soldado repasó con la mirada a su alrededor en busca de algo que
permitiese salvar a aquel desconocido que había intercambiado su vida por la de
Ronar, tras unos segundos, el soldado finalmente desistió y clavó la mirada en
su anónimo y condenado salvador, aquellos ojos grises, aquel pelo largo y
enmarañado y aquella mirada de: -No importa- le perseguirían toda su vida. La triste
mirada que ahora se clavaba en él le impelía a gritar, a llorar, a hacer
cualquier cosa por salvarlo, sin embargo, el destino de aquella persona estaba
sellado. El brazo finalmente se soltó y como si el tiempo se hubiese detenido
por completo, el enfermo comenzó a caer al vacío, su cuerpo descendía
suavemente, su cabello ondulaba de forma fantasmal y etérea, pero lo peor,
verdaderamente desgarrador para el alma del soldado era sin duda alguna las palabras que formaban los labios
de aquel anónimo personaje que ahora fallecía empalado en los afilados restos
metálicos que leo aguardaban doscientos metros más abajo.
Esas palabras le perseguirían toda su vida.
Ronar grito mientras corría a toda velocidad en dirección a
la puerta de salida, gritaba para no desgarrarse por dentro, gritaba para
intentar reducir su culpabilidad, pero sobretodo, gritaba para que alguien le
oyese, para que si alguien seguía ahí fuera, que lo esperase. Salió al desierto
solo pero a la vez acompañado… por una auténtica masacre.
Al ceder el generador de escudo, los Turydos, guiados por su
instinto asesino, atacaron a un campamento Central totalmente conmocionado por
las gigantescas explosiones de los drones arietes que se habían lanzado por los
túneles subterráneos hasta situarse justo debajo del generador de escudo. La
explosión había destruido por completo el pabellón médico, la armería y el
barracón principal: en pocas palabras, Trónico había perdido la guerra.
Los supervivientes pugnaban por huir de los Turydos antes de
que la inevitable limpieza blanca llegase, cualquier vehículo era asaltado sin
miramientos… por ello todos los vehículos se hallaban destruidos o habían
abandonado el campamento… Todos menos uno...
Un viejo L-45 que intrépido zigzagueaba entre los turydos y las ruinas en dirección a la libertad. Yakie se sentía vivo, por fin una situación de peligro de muerte real!, como caundo era un joven de 20 años!!,un desafío digno de Elen y su experto conductor. La opinión de los casi 25 soldados que se apretujaban dentro del L-45 era otra, querían salir de allí lo antes posible , con cada violento bandazo del L-45 un profundo hedor a orín invadía el vehiculo, Yakie fingía no escuchar las protestas, en cambio, como contestación,una vieja cinta comenzó a sonar en el vehiculo, tras un violento bandazo Yakie vio algo que le hizo dar un trompo completo que provocó que el olor a vómito se sumase al olor a orines, haciendo como que no oía las blasfemias que provenían del compartimento de pasajeros, el viejo piloto frenó por completo el L-45, aguardó los 19 segundos que calculó que su nuevo pasajero tardaría en llegar hasta él y acto seguido abrió la puerta.
Un viejo L-45 que intrépido zigzagueaba entre los turydos y las ruinas en dirección a la libertad. Yakie se sentía vivo, por fin una situación de peligro de muerte real!, como caundo era un joven de 20 años!!,un desafío digno de Elen y su experto conductor. La opinión de los casi 25 soldados que se apretujaban dentro del L-45 era otra, querían salir de allí lo antes posible , con cada violento bandazo del L-45 un profundo hedor a orín invadía el vehiculo, Yakie fingía no escuchar las protestas, en cambio, como contestación,una vieja cinta comenzó a sonar en el vehiculo, tras un violento bandazo Yakie vio algo que le hizo dar un trompo completo que provocó que el olor a vómito se sumase al olor a orines, haciendo como que no oía las blasfemias que provenían del compartimento de pasajeros, el viejo piloto frenó por completo el L-45, aguardó los 19 segundos que calculó que su nuevo pasajero tardaría en llegar hasta él y acto seguido abrió la puerta.
Ronar contempló con estupor como el transporte que acaba de
divisar viraba en redondo ante sus señales, paraba y le daba las luces, sin
pensarlo siquiera, Ronar se precipitó tropezando y cayendo contra la arena en
varias ocasiones antes de aparecer ante el vehiculo que abrió su puerta para
revelar a un conductor más bien gordo, de larga melena, dotado de un bigote
canoso( que haría llorar de envidia /orgullo a Otto Von Bismark) comparable a sus no menos
velludos brazos que le señaló el asiento del copiloto al tiempo que decía:
-Ding Dong… atención señores pasajeros, el último transporte
para salir del infierno va a salir en escasos cinco segundos… Vienes, chico?-
No había nada que pensar, Ronar ascendió de un salto y cerró
la puerta del vehículo al tiempo que se desplomaba sobre el asiento. Yakie
arrancó el L-45 y pivotó de un volantazo hasta volver a colocarse sobre el
camino inicial, con un rugido Elen arrancó atropellando a un Turydo que se
aproximaba por la retaguardia, el caparazón de la criatura crujió cuando el
L-45 la arroyó sin miramientos dejándola totalmente destrozada en la arena.
Yakie sonrió a través de su increíble bigote y tendió una barrita Coronel Skar que Ronar aceptó y deglutió de un solo
bocado. El L-45 se baría paso entre la marea de Turydos y ruinas con una
habilidad que solo podía calificarse como perfección. Yakie reía mientras
efectuaba maniobras casi suicidas y Ronar prudentemente optó por abrocharse el
cinturón. Finalmente y tras aplastar a un molesto y persistente Turydo que se
empeñaba en contarles el paso, el L-45 se alejó del campamento… pero no lo
suficiente.
Las luces blancas comenzaron a recortarse contra el
horizonte cuando el L-45 apenas se había alejado un centenar de metros. Yakie
maldijo y pisó a fondo el acelerador, Ronar sintió que el corazón se le
detenía: Tanto esfuerzo… para esto?-.pensó mientras las luces se intensificaban
hasta tal punto que el L-45 totalmente negro parecía durante unos instantes
completamente blanco. La luz los cegó, se oyeron gritos, los chillidos de los
Turydos al desintegrarse o quemarse… y
después ya no hubo nada.
Tras aquel incidente, la zona conocida como la trinchera
Gigas, pasó a llamarse, las tres líneas de la derrota, una hace 250 años a
manos de Trónico, las dos actuales son de Ciudad Futura y representan dos
cosas: La caída de la tecnología frente a la inteligencia y que ciudad futura
no conoce la piedad. Esos dos recordatorios perduraran en el mundo de Eternal,
mientras una de estas dos facciones siga con vida. La primera división del
ejercito Trónico fue totalmente destruida y el odio impera en estas dos
facciones que no cesarán su guerra hasta que una de las dos caiga.
Yakie observó al muchacho que ahora se alejaba caminando en
dirección a aquellas perdidas montañas donde según él le esperaba una persona
que requería su compañía, al principio Yakie había pensado que el muchacho le
tomaba el pelo, nadie habitaba en el desierto como el aseguraba, sin embargo,
el tono y su mirada hacían dudar al viejo piloto que dudaba entre dejarlo
marchar o acompañarlo hasta su misteriosa acompañante. Le bastaron un par de
segundos para decidirse, en cuanto pusiese un solo pie fuera de Elen cualquiera
de aquellos malandrines que tenía por pasajeros se apropiaría de su tesoro y se
perdería en el desierto. Sin embargo, no podía dejarlo marchar así, le
recordaba tanto a su hijo más pequeño… Yakie tomó aire y gritó:
-Ronar!, más vale que te cuides!, me oyes?, y si algún día
regresas a Trónico pásate por el taller de Rafert & Fife y pregunta por mí…
de acuerdo?-
Ronar no dio señales de haber oído al piloto, este meneó la
cabeza con desaprobación y con una manó comenzó a atusarse el bigote mientras arrancaba de nuevo el L-45 y se
perdía en el horizonte preguntándose si alguna vez volvería a ver a aquel
pequeñajo. Ronar no había girado siquiera la cabeza para ocultar las gruesas
lágrimas que ahora rodaban libres por su mejilla y veían su fin en la arena,
nunca podría pagar la deuda que había contraído con Yakie. Nunca jamás. Ronar
se detuvo un momento y observó como el L-45 de nombre Elen se perdía en la
distancia hasta desaparecer, acto seguido extrajo una barrita Coronel Skar y la
engulló dedicando cada mordisco al viejo piloto de legendario bigote, tenía dos
pero reservó una, al fin y al cabo alguien le esperaba a no más de 500 metros.
Ella le esperaba
sentada en lo alto de una de las primeras rocas que marcaban el fin del
desierto contemplando el anochecer embelesada, él se acercó lentamente, no
había prisa, ya no. Por fin estaba donde tenía que estar, por fin estaba en su
sitio. Ella al verle lanzó un grito de júbilo y saltó los casi 7 metros desde
lo alto de la roca hasta el suelo de forma limpia y por supuesto sin recibir
daño alguno, él ya no se sorprendió, como tampoco lo hizo cuando ella trató de
asestarle un rápido puñetazo. Es más, lo esperaba, por eso se adelantó y
transmitió todo lo que había vivido, todas las emociones, todos los peligros y
las promesas, todos los horrores y errores que cuajaban su vida hasta ahora con
un largo, húmedo (Debido a las lágrimas) y apasionado beso que ella por primera
vez no le negó. Ella no preguntó nada, todo estaba dicho, simplemente sonrió y
esta vez ella lo besó a él con un beso de perdón. Acto seguido ambos recogieron
los Odres y los trozos de lagarto. Y, cargados de sueños, esperanzas y temores,
llenos de curiosidad pero sobretodo y más importante… juntos,se encaminaron
hacia las montañas conocidas como la Espalda de Kadwal.
Hacia su destino.
lunes, 10 de febrero de 2014
La Sangre en la Botella: Cap 1 (Moral inexistente)
Tolezz descendió por la cuerda lentamente al tiempo que
arrojaba varias bengalas al fondo del abismo, este túnel era de construcción
reciente y partía desde el medio del campamento arrasado hasta las entrañas de
la tierra. Él y su patrulla habían sido enviados del campamento principal hasta
uno de las bases avanzadas del frente. El panorama que encontraron era el del
silencio absoluto y un hoyo de unos 3 metros situado en el centro del
campamento que se perdía en las entrañas de la tierra. Nadie en la partida de
reconocimiento había encontrado un solo cadáver durante su barrido inicial por
la zona, lo cual era extraño ya que los blancos nunca tocaban los cadáveres de
sus enemigos. El capitán de la partida cuando hubieron informado de la situación determinó que por precaución
uno de los soldados investigaría
ligeramente el túnel y si: Habían elegido a Tolezz. Este,molesto, refunfuñaba
mientras sus compañeros disponían un sistema de cuerdas para subirlo en caso de
emergencia, el propio capitán de la partida lo instruyó de que diese un tirón
fuerte de la cuerda si se encontraba en apuros
o el túnel finalizaba. Dicho esto el soldado comenzó a descender por la
pared del vertical túnel hasta que la oscuridad lo engulló. Ahora el soldado lamentaba haberse ofrecido
voluntario para aquella misión de reconocimiento, él no era un explorador, era
simplemente un soldado raso que nunca había entrado en combate, había creído
que la
tarea de explorar sería constatar que todos estaban muertos o rescatar a
los heridos y volver… Craso error, como podía ahora constatar al descender
penosamente por la pared de roca. –Al menos ya se ve el fondo- Pensó, eso lo
animó un poco y de forma temeraria decidió salvar los metros que le separaban
del suelo de un salto. Su tobillo crujió de forma desagradable al estrellarse
pesadamente contra el suelo, no gritó pero soltó una maldición en voz alta y se
retorció en el suelo mientras el dolor subía en oleadas desde su tobillo, la
altura no presentaba problemas para alguien que tuviese cierta experiencia en
espeleología. Sin embargo, como se adivinaría sin esfuerzo alguno la
experiencia de nuestro soldado era nula y no solo eso, además cayó de forma
bastante ridícula aterrizando sobre su pierna
y partiéndose el tobillo con los 20 kilos de armadura añadidos a la
gravedad. No obstante aunque Tolezz Eurecian (Así se llamaba en realidad) fuese
un inútil conservó la calma y en lugar de gritar de dolor como muchos otros
hubiesen hecho en su lugar, activó la función de autonomía hidráulica de su
armadura al tiempo que se ponía en pie con dificultad. La función de autonomía
hidráulica de la armadura estándar de las Fuerzas de Trónico era un gran
invento que permitía al soldado herido por fracturas continuar empleando esa
extremidad sin dificultad aunque esta se encontrase totalmente inutilizada,
esto también permitía a los soldados de Trónico proseguir la lucha aún cuando
les faltase alguna extremidad. Esto no calmaba el dolor punzante que sentía el
soldado pero al menos le permitía moverse libremente por el suelo del túnel. El
túnel se bifurcaba en una serie de oscuras galerías sumidas en la sombra , el
aspecto de las galerías también parecía reciente y Tolezz se planteó tomar una de las bengalas e investigar. El
abuelo de Tolezz había sido un gran explorador y algo en la sangre de su nieto
se activó animándolo a proseguir, por desgracia el soldado no había estado en
un desierto en su vida y no conocía los peligros de gritar en un lugar donde el
silencio que reina es sepulcral y un simple paso puede ser oído a unas decena
de metros por unos oídos normales, ya no diremos unos especialmente aguzados
ara los que la caída del soldado era como el sonido de uno de los grandes
cañones de plasma de la artillería Trónica.
Por ello no reparó en el furtivo sonido de patas en movimiento que se
desplazaban a gran velocidad hacia su
posición y que doblaron el paso grito de: -Despejado!- . Hasta que para Tolezz fue tarde, nuca pudo
avisar a sus compañeros siquiera del peligro terrible que corrían. Surgiendo de un corredor lateral a la
velocidad de un coche en marcha media,
un inmenso ser blanco con aspecto de escorpión
provisto de unas afiladas pinzas clavó un afilado aguijón en el pecho de Tolezz,
la armadura Trónica salvó la vida del soldado pues el apéndice rebotó aunque el
impulso catapultó a Tolezz con fuerza contra la pared de roca cortándole la
respiración, el soldado cayó pesadamente y la criatura sin perder tiempo trató
de ensartarlo nuevamente, en un acto reflejo Tolezz rodó hacia un lado y trató
de incorporarse pero la criatura siguió avanzando y atacándolo sin tregua a
rodar y a retorcerse al tiempo que el peligroso aguijón oscilaba tratando de
apuntar correctamente. Finalmente Tolezz rodó esquivando las pinzas de la bestia
hasta acabar bajo su cuerpo y abrió fuego con el arma de pico de su armadura,
la bestia se retorció de dolor cuando las agujas balísticas se clavaron en su
carne perforando el exoesqueleto y arrojando fluidos que empaparon al soldado.
Tolezz se arrastró fuera del alcance de la criatura y continúo disparando hasta
que cesó de moverse, la criatura
semejaba un gigantesco escorpión totalmente blanco de casi 5 metros de largo.-Y
quizás 2 de alto, aunque es difícil saberlo tumbado en el suelo- pensó. No
penséis que Tolezz no tenía miedo, todo lo contrario, le temblaban las piernas
de tal manera que tuvo que activar la autonomía hidráulica completa de la
armadura. Su miedo se duplicó cuando de la abertura del túnel comenzaron a
llegarle unos gritos horribles y el sonido inconfundible de los rifles de
plasma abriendo fuego.
Permaneció paralizado sin poder siquiera pensar hasta que un
cuerpo cayó desde la superficie sobre él, derribándolo y provocando una oleada
de dolor proveniente del tobillo, el soldado se desplomó pesadamente contra el
suelo pero el cuerpo rodó y se incorporó de inmediato, poniéndose en
guardia y parapetándose tras una roca al
tiempo que abría fuego a diestro y siniestro. Ninguno de los disparos alcanzó a
Tolezz de puro milagro,su compañero desconocido continúo disparando hasta que
el soldado gritó: -Basta!, Basta!. Soy Tolezz, alto al fuego!- Los disparos
cesaron de inmediato y Tolezz se incorporó usando su rifle como apoyo. Ante él
se encontraba uno de los soldados de su partida con la armadura estándar
salpicada de sangre y una grieta en la placa del brazo izquierdo que le colgaba
inerte. No pudo continuar su observación
ya que un segundo cuerpo cayó desde la superficie y esta vez, preparado
y alerta ,pudo esquivarlo sin dificultad arrojándose contra la pared. Dos
cuerpos más se estrellaron contra el suelo y el primero que resultó ser su
capitán al cual reconoció por su ametralladora de hombro acoplada que delataba
su rango, el capitán se incorporó como un rayo y tiró de los dos cuerpos que
trataban penosamente de incorporarse al tiempo que gritaba:- Fuego!! Fuego!
Disparad a la boca del túnel! .Alejaos y disparad! Vamos vamos vamos
vamooosss!.- De forma inconsciente, guiado únicamente por su instinto, Tolezz
comenzó a correr en dirección a una de las galerías centrales mientras abría
fuego contra la boca del túnel con su rifle de plasma, el hecho de que
disparaba sin ver en absoluto propició la muerte instantánea de uno de sus
compañeros al impactarle en plena cabeza un chorro ardiente de plasma que llenó
el aire del túnel con un espantoso hedor a carne quemada aunque afortunadamente
para Tolezz el grito de agonía de su
compañero fue silenciado por el inmenso estruendo causado por el túnel al
derrumbarse. Una nube de polvo y rocas envolvió a los soldados que pugnaban por
huir del derrumbe que amenazaba con sepultarlos bajo un manto de rocas. Tolezz
corría como no lo había hecho en su vida, su armadura no daba más de sí como
atestiguaban los mensajes mentales de alerta que él apartaba sin más de su mente, era jugarse
todo o nada ya que si la armadura cedía no podría moverse y sería sepultado,
pero, si se detenía sería enterrado por las rocas lo cual no le dejaba muchas
opciones. Sin apenas pensar y sin ver en absoluto tropezó, cayó y dobló incontables
corredores hasta que finalmente emergió a la superficie, justo a tiempo, para
ver cómo el soldado que había tratado de asesinarlo era alcanzado por una roca
en el casco. Tolezz nunca supo explicar qué le impulsó a volver a entrar en el
túnel e ignorando el aluvión de piedra, sacar el cuerpo del soldado
ensangrentado rápidamente y
arrastrarlo fuera del túnel donde se desplomó sin sentido y con la
sensación de tener la espalda partida en dos.
Despertó en plena noche temblando de frío, la autonomía de
la armadura todavía se mantenía de forma milagrosa, consultó el estado y la
cantidad de horas que restaban para que el ingenio tecnológico dejase de actuar
de forma autónoma y se convirtiese en un armazón de titanio con revestimiento
de Zeltark totalmente inútil , la estructura aguantaba perfectamente, sin
apenas daños, considerando la cantidad de eventos que había sufrido. Se
incorporó con lentitud y se quitó el casco. El aire del desierto acarició su
rostro, era gélido pero lo necesitaba, el casco le provocaba claustrofobia pero
Tolezz tenía que reconocer que esta vez le había salvado la vida, sin él las
rocas lo habrían dejado inconsciente como a su compañero…Era cierto! Su
compañero!, ahora recordaba haberlo sacado penosamente en lugar de
abandonarlo.- Por qué lo hice?- se preguntó. Debo decir que aquel tipo de actos
no se adaptaban para nada a la forma de proceder habitual de Tolezz, mientras se sumía en estos pensamientos retiró
con cuidado el casco de Rojo (Así había decidido llamar al misterioso
compañero). Su sorpresa fue mayúscula al
descubrir… una mujer!. El ejército Trónico aceptaba mujeres, estas eran tanto o
más capaces y letales que los hombres pero sin embargo lo que de verdad
sorprendió a Tolezz era que su compañera no parecía pasar de los 16 años cuando
era de sobra sabido que los soldados
permanecían en la academia hasta los 21 años. Momento en el que se licenciaban
y pasaban a engrosar filas en el ejército Trónico como soldados completos y
entrenados. ÉL mismo acababa de graduarse en la academia y era su primera
misión… Tolezz no pudo pensar ya que su compañera se encogió y le asestó una
patada en la cabeza que le partió el labio y lo lanzó rodando cuesta abajo
medio aturdido. El soldado no tuvo mucho tiempo de lamentarse antes de que unas
manos expertas lo inmovilizaran por completo, comenzó a patalear tratando de
liberarse, sin embargo, la presa no solo
no cedió ni un centímetro sino que además de ello Tolezz constató aterrorizado
que no podía respirar, su compañera roja trataba de matarlo!, lentamente el
soldado comenzó a perder la visión, el sueño de la muerte lo llamaba y
débilmente intentó un último esfuerzo antes de entregarse a su aparentemente
ineludible destino… Desactivó totalmente su armadura. Sin la autonomía, la
armadura se transformó en un saco metálico de 60 kg de peso que se derrumbaron
sobre el desierto, la presa se desvaneció y Tolezz permaneció inmóvil respirando débilmente. La primera patada en
la cabeza le hizo gritar, la sangre lo cegó y todo comenzó a dar vueltas,
reactivó la armadura y alzo los brazos deteniendo la siguiente patada que
resonó de forma metálica contra la armadura de Tolezz. En unos segundos otra
patada llovió sobre él, esta vez no la vio venir y la bota metálica se estrelló
contra su nariz, la sangre comenzó a brotar y toda su visión se tiñó de rojo al
tiempo que el dolor cruzaba su mente y estallaba invitándolo al sueño.
–Duerme…. Vamos , duerme… es hora de dejar que otros tomen tu lugar…ya has
sufrido bastante… duerme…-. –No…-pensó el soldado.-Todavía no…Dame un último
intento… solo quiero intentarlo una vez más… esto no puede acabar así… no
puede…. No puede… NO PUEDE!-.Subitamente Tolezz se levantó a ciegas gritando, con su
visión totalmente teñida de rojo y el dolor martillándole las sienes y el
cuerpo entero. Se arrojó contra su asaltante
en un último intento de huir o al
menos infringirle algún daño antes de fenecer, esto pilló por sorpresa a su
agresora que en ese momento se disponía a asestar una nueva patada sobre el
soldado, desequilibrándola y cayendo ambos al suelo en un abrazo que los hizo
rodar hasta la base de la duna mientras se asestaban mutuamente puñetazos y
patadas que resultaban inútiles por sus armaduras. Tolezz renunció a tratar de
incorporarse y se aferró a las piernas de su rival derribándola de nuevo, esta
trató de golpear con las piernas en la cara al soldado pero Tolezz esquivó por
puro instinto la bota metálica y asestó un puñetazo en lo que sospechó que podía ser la cara de su
rival. Para sorpresa mayúscula del soldado, su grito no fue de dolor sino de
enfado y Tolezz pudo oir la voz de su rival por primera vez, una suave y
melódica voz ahora iracunda que gritó:
-POR QUÉ ME PEGAS?!.
Acto seguido se derrumbó por el golpe que le asestó en la
sien y se desplomó.
Despertó con el calor del sol sobre él, el dolor ahora era
un sordo zumbido en su cerebro que reverberaba en su interior, con esfuerzo
trató de moverse pero la armadura carecía ya de autonomía y no tenía fuerzas
para quitársela, para colmo de males en su radio de visión una cosa blanca
diminuta se acercaba: un escorpión
diminuto de menos de un palmo iba en su dirección, blanco como la nieve, lo
identificó vagamente como uno de los animales peligrosos mencionados en el folleto
de información distribuido por el alto mando a todos los soldados de la base,
en aquel neurofolleto , que Tolezz ojeó con desgana aparecía el diminuto
insecto que ahora se dirigía hacia él: Turydos Tasarios, si usted o su patrulla
es herido por uno, no soliciten ningún tipo de asistencia. Ejecuten de
inmediato el protocolo nº 7. El protocolo número siete era conocido entre los
soldados con el siniestro nombre: último beso del ejército y consistía básicamente ajusticiar a tu
compañero con un tiro en la cabeza. El protocolo nº 7 se ejecutaba normalmente
en casos de deserción, de traición o en caso de que alguien cayese herido grave
durante una operación militar. Aunque, hay que decir que no todo el ejército
usaba este código, de hecho era considerado obsoleto y solo su división lo
utilizaba todavía. Ante su inevitable
destino, Tolezz, se sorprendió al comprobar que no tenía miedo, al fin y al
cabo, aunque pudiese levantarse, no podría llegar al campamento él solo, antes
moriría de sed, ya que el campamento se encontraba a no menos de 200km de
distancia insalvables a pie… -Pero por qué pienso todo esto?- se preguntó-.
–Si la realidad es
que ese pequeño insecto pondrá fin a mi vida… nadie sabrá nada de mí jamás, mi
abuela nunca sabrá que caí sin llegar al frente… Oh dios! Pero que patético
soy! Un soldado que muere sin llegar a luchar!. Esto no es justo!, se suponía
que no debía acabar así… al menos moriré mirando a mi adversario… que no es
otro que un simple insecto…-.
Lentamente giró el cuello hasta apoyar su ensangrentada
mejilla en la ardiente arena, esta quemaba su cara, pero, aguantó el dolor, si
tenía que morir moriría viendo como aquel pequeño bastardo se acercaba. Por una
vez no sería un cobarde. El pequeño insecto se encontraba a menos de 30
centímetros de su cara, ya podía verle los diminutos, múltiples y brillantes
ojos que adornaban su cabeza, como un delicado encaje negro, la travesía de su
ejecutor era totalmente recta, casi como si hubiese sido enviado por el mismo
desierto para aliviar la carga de aquel soldado herido. Sus ojos se llenaron súbitamente
de inesperadas lágrimas, pero, sin dejar de esbozar una sonrisa, se preparó, y
respiró una última vez antes de que su verdugo cumpliera su tarea. En ese mismo
momento, una bota metálica de color carmesí aplastó al níveo asesino. Tolezz,
tan concentrado y preparado como estaba no pudo evitar lanzar un grito de
protesta y enfado, su esperanza de muerte rápida se había esfumado al igual que
su aplomo, ahora la mejilla estaba totalmente quemada y le dolía mucho, con
esfuerzo, trató de regresar su cara a su posición original. Pero la bota metálica
se posó contra el su otra mejilla y le apretó con fuerza, hundiéndole la cara
en la arena candente, el soldado aulló al sentir como la parte derecha de su
cara era introducida en algo a una temperatura similar a una plancha y comenzó a llorar. Pero no podía,
no le quedaban lágrimas así que solo gritaba. Poco a poco, ante los gritos, la
bota aflojó la presión, aunque, no se retiró de su mejilla. Tolezz no sabía que
cojones quería lograr aquella psicópata pero si quería que suplicara, si lo
único que quería antes de matarlo era que le suplicase que lo hiciera. Lo
haría. Débilmente comenzó a susurrar de
forma monótona y repetitiva: -Mátame ya, por favor… hazlo… no sé quién eres ni
qué diablos quieres pero… por favor… mátame ya…-
Los primeros cinco intentos no tuvieron éxito pero tras un
rato repitiendo de forma demencial aquella desesperada petición, el soldado
notó que un sombra caía sobre él y el aliento de alguien sobre su cara, no
trató de abrir los ojos… ya no le importaba la cara de su verdugo, escorpión o
soldado… eran lo mismo. –Por qué me pegaste en la cara?- le preguntó la voz de
la niña asesina. –Por qué?... por qué me
atacaste de esa forma?- logró decir con esfuerzo y no menos estupor.
–Atacarte?, te estaba saludando y dándote las gracias.- replicó con un tono de
sorpresa que de no ser por la situación actual y los hechos acontecidos sonaba
de alguna forma, sincero. Tolezz no pudo evitarlo, no quiso evitarlo, una risa
maníaca, desesperada y rota brotó de sus maltrechos labios y resonó demente por
el desierto, era la risa de la desesperación, la risa de la incongruencia y
sobretodo, era la risa de la confusión más grande que había albergado el
soldado en su vida. Tras reponerse de
las convulsiones que le produjo aquella diabólica risa , con grandes dosis de
esfuerzo y sarcasmo Tolezz finalmente contestó:- Lamento… mucho… haberte
pegado, damisela…. En cuanto a agradecimiento…. Habría bastado con darme la
mano, un abrazo o un beso…
Ella se encogió de hombros y le cortó cualquier pensamiento inclinándose
sobre él y besándolo sin preocuparse en absoluto por la sangre o la arena, él
estaba demasiado impactado para poder reaccionar, luchar o hablar y permaneció
quieto hasta que ella se separó de él, trató de decir algo pero su lengua
estaba paralizada, la sombra se retiró y el sol volvió a golpearle en la cara.
– Se ha ido- pensó. –Se va para dejarme morir… pero no ha sido una mala
despedida, sino estuviese rematadamente loca… en fin, el final está aquí y yo…
Oh! No!, que es eso? Que va a hacer? No… por qué?, por qué no lo dejaba morir
en paz, bajo el abrasador sol del desierto…- La razón de estos pensamientos era
que la sombra había vuelto y ahora portaba un objeto alargado que no auguraba
nada bueno para él. Armadura Carmesí le rodeó
y se colocó justo delante de sus pies blandiendo una espada que parecía hecha
de arena, el soldado en un acto reflejo trató de alzar los brazos pero entonces
,recordó el estado de su armadura y
desistió, la hoja parda descendió y se
estrelló contra la armadura de la pierna emitiendo un sonido metálico, la hoja
se descargó de nuevo, esta vez contra su
pecho. Tolezz estaba confundido, el rostro de Armadura carmesí era
imperturbable mientras sin descanso golpeaba con su extraño sable pardo la
armadura generando un repiqueteo metálico que se perdía en el desierto, con el
paso de los minutos el repiqueteo se
convirtió en una sorda letanía que culminó con un crujido que indicaba que la
armadura había cedido, pero la mirada de Tolezz se nublaba y la sed y el
sentimiento de resistencia que había albergado secretamente se desvanecía. Su cabeza cayó sin fuerzas
sobre la arena y los parpados empezaron a pesarle demasiado como para
mantenerlos abiertos. La muerte había llegado… y él la saludaba con la mano…
que curioso… la muerte vestía de una manera extravagante , con prendas rojas y
capa verde…
Ella soltó un grito de desánimo cuando la cabeza del soldado
cayó sin fuerzas a la ardiente arena. La
espada se disolvió y la arena resbaló entre sus dedos, con rapidez se acercó y
se dejó caer de rodillas frente al cuerpo de su presa, tomó la cabeza del
soldado y la puso en su regazo acorazado, acto seguido, comenzó a retirarle la
armadura del pecho extrayendo la placa delantera, el soldado estaba
completamente desnudo pero no le importó, tirando con suavidad pero con firmeza
fue sacando al soldado de la armadura. Sin pensar siquiera, activó la autonomía
de la armadura y se cargó al soldado al hombro. No sabía si viviría, tampoco es
que le importase demasiado pero había encontrado una fuente de información por
primera en todo los años que llevaba en aquel desierto y le interesaba saber
que más cosas podía enseñarle aquel interesante personaje, caminó durante horas
a través del sol abrasador sin detenerse en ningún momento, ningún habitante de
la zona se atrevió a cruzarse en su camino, ya que conocían de sobra al
misterioso demonio rojo que habitaba en aquel desierto. Caminó sin desviarse en dirección a las gigantescas montañas que se
recortaban en el horizonte al oeste. Cada hora le tomaba el pulso para comprobar
si su invitado seguía con vida, le daba
de beber agua cada cierto tiempo o más bien: Le humedecía los labios con un
dedo al tiempo que ella bebía copiosamente. Con calma,lo arrastró hasta su
cueva oculta bajo una pequeña duna, la entrada era apenas visible, un pequeño
hueco sobresalía de la duna, suficientemente ancho como para que ella pasase
pero fue un problema arrastrar al soldado por la pequeña abertura ya que en
varios momentos se atascó, pero con paciencia finalmente logró , la cueva era
espaciosa, de techo alto y acomodada con toscos muebles de madera que ella
misma había tallado en sus intentos de viajar a las montañas, las paredes
estaban revestidas planchas metálicas de factura extrañas y gran cantidad de
abolladuras, como si algo las golpease con fuerza regularmente. tras depositar
al soldado en su nido de suaves pieles, salió de la cueva en busca de comida,
halló dos lagartos Fomárides cerca de las ruinas antiguas a los que dio caza
fácilmente y tras cortarlos en pedazos los transportó a la cueva.
El soldado despertó
seis horas después de que los lagartos comenzaran a asarse (Ya despellejados,
eviscerados y sazonados), fuera, el anochecer cubría el desierto con una capa
de aterciopelada oscuridad y unas temperaturas gélidas. Supo que estaba
despierto por el quejido que emitió al tratar de incorporarse con demasiada
velocidad, tras desplomarse de nuevo, el invitado habló con voz pastosa
pidiendo lo que toda persona que sobrevive por intervención divina en un
desierto pide…. Agua. –Agua… por favor, agua… por…por…. Por piedad… agua…-.
Ella se levantó y llenó un cuenco de piel con agua, se lo tendió y observó cómo
bebía con avidez, pidió más y ella volvió a levantarse de nuevo a por el
preciado líquido. Saciada la sed del invitado, ambos se miraron en silencio, su
aspecto era horrible, su nariz rota colgaba torcida hacia la derecha y sus
labios estaban partidos, no obstante se abstuvo a hacer ningún comentario, al
menos, hasta que él habló: -Como te llamas?- preguntó. –Tolezz- contestó ella
al instante. –Eso es imposible, ese es mi nombre, así me llamo yo… a ver, cómo
te llamas tú?-. –Tolezz- repitió ella con una sonrisa impresa en el rostro.
–Agggg, no importa, en fin, ya veo que sabes mi nombre muy bien… Ahora… si
puedo preguntar… Por qué me has salvado?-
continuó él, resignado, no le apetecía discutir con alguien como
Armadura Carmesí, de hecho temía por su vida, pensaba que solo le había salvado
para continuar torturandolo… Hasta que recordó el beso. –Para disculparme por
haberte agradecido el que me salvaras- Contestó ella con rapidez.
Tolezz todavía no
creía nada de lo que decía su anfitriona, estaba loca, eso era un hecho, pero
le había salvado y el soldado no era ningún desagradecido con lo cual…
-Gracias, supongo- dijo mientras trataba de lavarse la cara con el resto del
agua del cuenco, al tocar su nariz una ola de dolor le recorrió el cuerpo. –Esto
va a doler… mucho- pensó él al tiempo que de un tirón colocaba su apéndice
nasal en su lugar correcto. No pudo evitar gritar y se mordió la lengua que
empezó a sangrar abundantemente, su anfitriona se alejó de él de un salto al
tiempo que se daba la vuelta creyendo, quizás, que algo había entrado en la
cueva sin invitación. El soldado la calmó con un gesto y le señaló su nariz, explicándole
el motivo del grito, ella más tranquila recuperó la sonrisa y él prosiguió
–Pero la próxima vez, si puede ser , agradécemelo con… -Con un beso- completó ella, acto seguido lo
besó de nuevo y Tolezz perdió el equilibrio, cayendo de espaldas sobre las
pieles. Mentiríamos si dijésemos que no enrojeció.
No era para menos, ya que Armadura
carmesí era la primera chica real que besaba a Tolezz,- y eso marca a uno-
pensó él mucho más tarde en su defensa, aunque la chica haya tratado de matarte
previamente.
Se separaron y ella sonrió de nuevo, tenía una sonrisa muy bella
que contrastaba con su pelo corto en punta de color carmesí, como su armadura,
sus labios en cambio eran de un tono negro que Tolezz nunca había visto antes,
estos, constrastaban de igual forma con la palidez casi marmórea . El soldado
también sonrió y se atrevió a tomar la iniciativa un poco más confiado, fue
rechazado con un bofetón por su anfitriona que hizo que se desplomara de nuevo.
La cabeza le daba vueltas, mientras pensaba en que clase de mujer abofeteaba al
hombre que besaba… -Está loca, pero me ha salvado la vida, no sé sus motivos,
ni creo que sean lógicos… debería preguntarle donde estamos y donde están sus
padres-. Ella le contestó que a salvo, en su casa y después preguntó con completa inocencia que
qué eran los padres y, si se podían comer, él la escuchó con incredulidad, era
imposible, una niña de su edad sola en el desierto, zona catalogada como muy
peligrosa por el ejército. Y ella, sin embargo, sobrevivía sin problemas, como
pudo constatar al ver las numerosas pieles colgadas por la cueva. Ante su
silencio, ella comenzó a hablar y le
preguntó qué era “saludar” y “abrazo”, interesándose en especial en la palabra
“por favor”.Tolezz intentó explicarle lo que era cada una, aunque al principio
creyó que ella le tomaba el pelo, sin embargo, al mirar sus ojos verdes lo
descartó por completo, aquellos ojos reflejaban la soledad más profunda que el
soldado había visto en su vida. Con lo cual, le creyó, y trató de explicárselo de
forma neutral, aunque no pudo evitar sentirse ligeramente estúpido mientras lo
hacía, ella absorbía cada gota de información como él había bebido el agua que
le había ofrecido: con anhelo. Por su parte,al quedar satisfecha su aparente e
infantil curiosidad, le habló de como llevaba viviendo en el desierto desde que
tenía memoria y le explicó como por simple curiosidad y diversión se había
integrado en la patrulla de exploración asesinando a uno de los miembros y
robandole la armadura, acto seguido habían atacados por los acechantes de la
arena y había tenido que saltar al interior del túnel, -Tus compañeros- dijo
con total naturalidad- ya estarán muertos, ya sea a mano de los acechantes, por
el calor abrasador o congelados por los gélidos vientos que barrían el desierto.-
Tolezz escuchaba con una mezcla de espanto y pena, él nunca había sido una
persona ejemplar.pero al menos tenía un mínimo sentido moral, cosa de lo que
ella, al parecer, carecía por completo, -Qué
le ha pasado para qué su moral esté destruida?, que terrible trauma había
sufrido para que la muerte y la vida no significaran nada para ella?- pensó él.
Le habló mientras cenaban el lagarto fomárides (Que Tolezz devoró con verdadero
entusiasmo) del chasquido musical de las vértebras del cuello al quebrarse y la
diversión de ver brotar la sangre como un torrente, no solo de seres del
desierto como aquellos lagartos, sino también soldados moribundos que eran
abandonados en el frente. Finalmente concluyó que no sabía lo que era un
nombre, dado que nunca lo había necesitado y que Tolezz era el único nombre que
había oído en su vida. Tolezz, después de salir de su asombro inicial, trató de
explicarle que había muchos nombres en el mundo, que , de echo, todas las
personas en el mundo tenían nombre, a continuación le habló de su propio
nombre. –Pues en realidad ese no es mi nombre completo, es mi apellido paterno.
Mi nombre real es Ronar, Ronar Tolezz Eurecian es mi nombre completo… y tú…-
prosiguió- Tú… necesitas un nombre, un nombre de verdad y no mi apellido…mmm…si…
un nombre facilitaría las cosas… nos da identidad…y define un poco lo que somos.-
Finalizó. Ella, que había permanecido al otro lado de la hoguera escuchando
extasiada en silencio, se levantó y se acercó, Ronar temió que fuera a golpearle
de nuevo, ya que de nuevo su rostro carecía de emoción alguna, pero, para su
sorpresa ella se sentó a su lado con suavidad, le agarró del hombro, acercó la
boca a su oreja y susurró con una voz muy distinta a la que
hasta ahora había empleado, una voz profunda con un timbre mecánico que puso
los pelos de punta al soldado:
-Entonces… Ronar, dame un nombre...dame
identidad… quiero un nombre…-
La forma en qué lo dijo estremeció a Ronar, que se alejó de
forma inconsciente, ella por su parte se acercó de nuevo y formuló en voz alta
la misma petición, Ronar comenzó a sentir un miedo desconocido dentro de sí, un
miedo primigenio e insondable que no sabía identificar, ambos pena y miedo
chocaban entre sí, debatiéndose dentro de él, luchando para tomar una decisión,
que, era simple , pero a la vez le parecía la más difícil que había tomado en
su vida. Como si de un holograma se tratase, recordó ,todo lo que había
sucedido y de alguna manera que jamás comprendió vio llamas, muerte y un mundo
que no era lo que parecía. Permaneció aturdido durante unos instantes pero finalmente
la pena venció, una sola palabra le vino
al instante a la mente, como traída por
el mismo desierto, algo que, aunque no era un nombre, cumplía la misma función,
quizás incluso más que un nombre. Esa fue la única palabra que acudió a él cuando pensó en ella y
curiosamente, le pareció un buen nombre, ella por su parte, aguardaba en
silencio talandrándolo con sus ojos verdes… expectante. El tiempo se detuvo y
él tomó aliento para decir:
-Alma- dijo Ronar Tolezz Eurecian, descendiente de una
familia de importantes científicos, soldados y exploradores, cobarde, inútil y
patético ser que ahora desempeñaba uno de los papeles más importantes de su
vida, aunquea, como es lógico, no lo sabía. –Te llamas alma, porque es lo que
te falta y lo que sinceramente espero
que encuentres, eres Alma, mi salvadora y espero que algún día… mi amiga…- Dejó
de hablar cuando aturdido comprobó cómo los ojos de su anfitriona habían
cambiado del verde a un color dorado
salpicado de extraños símbolos violetas que no reconoció. Nunca en su vida
había visto unos ojos así, tan profundos y hermosos, ella entonces, con sus
ojos divinos y su voz melódica de vuelta ,preguntó: -Que es una amiga?-
Y Ronar no pudo evitar comenzar a llorar y a reir con gruesas
lágrimas saladas para desconcierto de su anfitriona.
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