El crepitar de la hoguera y el masticar de los ocupantes,
era el único sonido que reinaba en la cueva, este espeso silencio, tan poco habitual desde
que el nuevo invitado había llegado a la cueva. Era generado por el resultado de una
disputa. La discusión, que había tenido lugar hacia apenas unos instantes todavía
se saboreaba en el ambiente. Esta fue provocada por el soldado. A raíz, de la idea de Ronar de
proponerle a Alma abandonar para siempre junto a él la cueva. Sin embargo, los
planes acerca de que destino debían tomar divergían: Ella deseaba que él la acompañase a las montañas que adoptaban la función de frontera natural del Gran Desierto y al mundo que se ocultaba tras de
estas. Él, deseaba que ella le acompañase al campamento central del ejército, donde, tras dar
parte, se alistaría en las fuerzas Trónicas. Ya que, conocía el desierto, mejor
que cualquier campista Trónico, por no citar, el hecho de que era letal en
combate.
– Pero es tan Tozuda…- Pensó.-Si supiera lo que podría hacer
con su potencial, se convertiría en un soldado de élite en menos de un año…-.
Ronar había visto como Alma cazaba los lagartos Femárides que constituían su
principal fuente de alimento en el desierto. Para el estupor de Ronar, los
Femárides eran grandes depredadores de casi 3 m de largo y 2 de alto, provistos
de 6 patas rematadas en garras y unas mandíbulas comparables a cepos de cazar osos, si
eso no fuese suficiente, los reptiles estaban dotados de un potente veneno
somnífero que inyectaban con un simple roce de las púas que los recubrían por
completo, dándoles el aspecto de gigantescos erizos verdosos. Alma, sin embargo, los cazaba cuerpo a cuerpo, sin arma alguna. Ronar
se había quedado asombrado el primer día ya que suponía que su anfitriona
disponía de primitivas armas para realizar tan arriesgada tare. Cuando la
interrogó acerca de sus herramientas de caza, ella, por toda respuesta había
señalado sus nudillos y él no le había creído hasta que ella se lo demostró
cazando sin esfuerzo alguno tres grandes lagartos con una destreza que Ronar solo podía
soñar. Por si aquello no fuese suficiente prueba de valía, de un solo puñetazo, aplastó
el cráneo de uno de los escamosos seres sin apenas inmutarse y sin verse afectada en absoluto por el potente agente somnífero.Tras semejante hazaña, sin siquiera resoplar, arrastró las tres pesadas presas de vuelta a la cueva. El soldado, no había podido arrastrar una sola, cada uno de los reptiles pesaba más de 200 kilos, por no mencionar el hecho de que el desierto castigaba la tarea con unas temperaturas de más de 40º. Ronar, al regresar de vuelta a la cueva con los tres grandes trofeos, comenzó a pensar seriamente la posible veracidad sobre las intenciones de Alma cuando casi acaba con su vida...
Ahora, tras discutir acaloradamente, los dos comían en
silencio y se negaban a mirarse siquiera, al menos ella, (ya que el soldado no
podía dejar de contemplarla e intentar medir su increíble capacidad de
combate). Fue Ronar, tras casi 30 minutos de miradas furtivas e intentos vanos de convencerse de que él poseía la razón (No era así). Cuando, finalmente, tomó aire para empezar a disculparse y
acabar con aquella reyerta inútil, pero ella, antes de que comenzase a hablar
siquiera ,lo fulminó con la mirada de tal forma que él solo pudo arrebujarse en
sus pieles y, tras lanzar una última mirada de tristeza hacia su aparentemente indiferente
anfitriona, que daba cuenta de otra ración de lagarto medio cruda con entusiasmo. sumirse en un sueño intranquilo y plagado de
pesadillas.
Ronar soñó con la muerte, la sangre y la derrota, veía a las
fuerzas de un ejército desconocido, compuesto por seres deformes y monstruos
mecánicos, aplastar a las fuerzas Trónicas que trataban de retirarse mediante
transporte aéreos que nunca llegaban. Tolezz era uno de los encargados de
aguantar la posición y observaba impotente como todos sus compañeros eran
destrozados hasta que algo se vislumbraba en los cielos, pero no eran los
transportes, sino fuerzas de ataque de Ciudad Futura que se abalanzaban sobre
el ejército Trónico para rematarlo. Finalmente, una luz blanca llovía del cielo
y lo siguiente que vió Tolezz fue su blanca calavera siglos después, todavía en
el desierto que le miraba como reprochándole su decisión…
Despertó empapado de sudor, con el corazón latiéndole
desaforadamente en el pecho, reprimió un grito y miró a su alrededor: El alegre fuego era ahora una serie de brasas que se debatían por mantener a raya a las sombras, extasiado contempló durante unos minutos la débil lumbre. Con un suspiro, se desperezó y a tientas comenzó a empacar su escaso equipaje. Quince minutos más tarde partió en medio de la noche, pertrechado únicamente con un odre de agua y un poco de lagarto frío, las 13
lunas adornaban el firmamento desde lo alto, esa noche Lifer destacaba inusualmente en la bóveda celeste. Ronar contempló el orbe azul que arrojaba una tenue luz etérea sobre el
desierto transformándolo con un poco de imaginación en un mar cuajado de gigantescas olas congeladas, silencio y frío eterno. Un súbito ruído proveniente de la cueva le sobresaltó, miró hacia atrás y vió a Alma deslizarse por la pequeña abertura de la cueva y ponerse en pie. Ambos permanecieron en silencio, ella clavó sus cautivadores ojos en Ronar y
formó una sola palabra con los labios sin llegar a hablar en ningún momento… Ven…
Él, de forma casi inconsciente, negó con la cabeza. Ella al instante se dio la vuelta y comenzó a ascender por una gran duna en dirección oeste, hacia las montañas que se vislumbraban en el horizonte. Ronar se quedó clavado sin moverse en el sitio, consciente de que estaba cometiendo un error, quizás el más grave de toda su corta vida, al dejarla marchar de esa
forma. No obstante, permaneció sin moverse hasta que ella desapareció tras la duna.Tras un instante de duda remanente, él comenzó a andar en dirección Este, hacia el campamento central de
las fuerzas Trónicas.
La noche traía al desierto un frío glacial que provocó que
el soldado se mantuviese en movimiento en todo momento, en cuanto se detenía,
un sueño dulce y conveniente trataba de apoderarse de él y sumirlo en un sopor
que equivaldría a una muerte segura. Por ello, el soldado se movía al trote sin
detenerse siquiera para introducir en su garganta unas gotas de agua . En el
lejano horizonte, al sur, se recortaban en el cielo las luces del frente de
batalla Trónico. A pesar de la gran distancia (No menos de 100 km) que lo separaban de la zona de combate,grandes estallidos en el firmamento nocturno marcaban el lugar donde los Drones de los
Blancos y los Aeras de Trónico, combatían sin cesar en arriesgadas maniobras y
misiones casi suicidas en busca de un hueco que permitiese comenzar un ataque
de bombardeo sobre los campamentos centrales de ambos ejércitos. En tierra, los soldados Trónicos
resistían la acometida de los Drones de ciudad futura desde los fortines usados en la guerra antigua,sin ceder siquiera un palmo
de tierra al enemigo, aún asi, la situación era desesperada, los soldados enviados al
frente eran considerados desaparecidos en combate desde el mismo momento en que
los convoyes blindados abandonaban el campamento central. Sin embargo,ese sacrificio era necesario,
sin la línea de tierra no había posibilidad alguna de resistir los embates de las
devastadoras fuerzas de Ciudad Futura. Por ello, el soldado se había alistado
en aquella misión de rastreo y exploración, dado que, la alternativa, era
dirigirse al frente. El soldado sintió nauseas al pensar en el simple hecho de
ser enviado al frente, incluso los perforadores, grandes guerreros que siempre
había considerado como indestructibles,
tenían problemas para aguantar más de unos segundos fuera de las trincheras,
bajo el arrasador fuego de línea de las cruces blancas, contra este ataque, que
consistía en un barrido a nivel minúsculo con laser de alta potencia en forma
de red de pesca, no había defensa posible. Conocía este ataque de boca de uno
de los pocos supervivientes del frente que habían vuelto cuerdos del frente. A
aquel tipo un Drone le había arrancado un brazo limpiamente y sus piernas
habían quedado reducidas a simples jirones sanguinolientos. Sin embargo, aquel
tipo de nombre olvidado, daba gracias constantemente por haber salido de aquel
lugar con al menos una extremidad intacta, y no era para menos. Ya que un superviviente del frente era considerado un milagro viviente, normalmente, los
convoyes traían cadáveres o moribundos que presentaban las habituales dantescas
quemaduras provocadas por los avanzados sistemas de armamento de Ciudad Futura.
Ante heridas como esas, las atenciones que recibían los heridos se reducían a
una eutanasia rápida basada en un tiro en la cabeza y un entierro en una fosa
común, aún asi, todos los efectivos entendían la importancia de mantener el frente
e incluso algunos se ofrecían voluntariamente para ser destinados allí.
Ronar comenzó a pensar mientras corría atravesando de forma irregular las gigantescas dunas que conformaban aquella parte del desierto:
En el fondo de su corazón no podía
entenderlo… que razón existía para dejarse la vida en aquella gigantesca sartén
llamada El Gran Desierto?... tantos seres vivos que veían su fin en el frente o
a los mandos de vehículos de combate, tantos heridos de guerra que quedarían marcados en cuerpo y alma durante el resto de sus vidas… todo para qué?...- por venganza… por
simple y cruda venganza- dijo una voz oscura en su cabeza… la guerra está totalmente justificada. Y
eso es lo único que te tiene que importar soldado de nombre Ronar Eurecian Tolezz- prosiguió la voz… Venganza, por tus hermanos y hermanas y por todos
los habitantes de Pateutare que habían sido masacrados sin piedad por los
Drones de Ciudad Futura.- completó
Ante estos pensamientos, el soldado dobló el paso, al tiempo
que clavaba su mirada en el sur y observaba preocupado los crecientes
resplandores que bañaban el desierto con una luz fantasmagórica y sombría. Él
no podía saberlo, pero, mientras el soldado atravesaba el desierto en dirección
al campamento central, mientras se esforzaba por atravesar el mar de dunas en dirección contraria a su auténtico destino… EL FRENTE TRÓNICO CAÍA.
Sucedió como suelen suceder estas cosas, por un error, un
simple y estúpido error que en este caso consistió en no cerrar una simple
puerta que conducía a una pequeña despensa donde los soldados guardaban las
reservas de suero alimenticio existentes. Esa pequeña puerta, que los centinelas de ese sector habían olvidado cerrar fue la causa de todo, por esa puerta penetró la
ruina del frente, la misteriosa causa de la derrota Trónica en la guerra de la trinchera Gigas que durante años y años, eruditos Trónicos buscaron sin descanso para tratar de completar el complejo puzzle que suponía la derrota de Tres Líneas. El frente Trónico, consistía en una serie de búnkeres de forma octogonal protegidos por un gigantesco generador de escudo que garantizaba que el frente continuase siendo totalmente
impenetrable (Incluso ante los devastadores ataques de ciudad Futura). Sin embargo, dentro de este acorazado complejo, algunos de los edificios aún conservaban su antigua estructura base,de entre todos ellos,el decimoquinto
edificio era especial, databa de la antigua guerra y en concreto en esa zona, en esa pequeña sala, tras los tanques de suero
que proveían a los soldados de alimento, la pared simplemente estaba revestida de roca
natural, por tanto, carecía de escudo defensor alguno. Esto no resultó problema alguno en la antigua
guerra, de hecho, los soldados agradecían este hecho ya que la temperatura de
la sala era de unos 15 grados, comparándolo con los casi 75 grados
achicharrantes que imperaban en el resto de la base. Por este motivo, nadie
informó jamás de este hecho ya que los soldados temían que el oficial al mando
restringiese las guardias en aquel pequeño cuarto, privándolos del único respiro
verdadero en toda la base, quizás algún ingeniero informó de ello pero su
informe fue convenientemente extraviado o quizás simplemente fuese el destino.
Ciudad Futura, utilizaba con gran eficacia unos ingenios
extremadamente letales conocidos como Drones
explosivos, modelo araña o como los llamaban los soldados; Las
latas de polvora (Aludiendo a su forma cilíndrica). Estos drones poseían dos
pares de patas rematados en ganchos que permitían a los Drones trepar con
facilidad por paredes, estos ingenios causaban pavor en las fuerzas Trónicas,
ya que además de poseer tres letales vectores laser en la parte superior ,
estaban equipados con un potentísimo explosivo limitado por un escudo que
reducía su rango a una decena de metros, no obstante, algunos de esos Drones
eran usados simplemente como arietes para derribar las fortificaciones enemigas. Estos drones ariete se diferenciaban de
los Drones araña estándar simplemente por ser totalmente negros, además de
carentes de escudo limitador, las explosiones dejadas por estos drones en la
guerra habían creado una segunda
Trinchera Gigas alrededor del frente Trónico (un abismo de cientos de metros de profundidad y casi 80 de anchoque bordeaba el frente Trónico de forma perfecta). Además de todo su equipamiento destructor,
estos drones estaban equipados con un taladro excavador en su parte superior que les permitía abrir túneles con gran
facilidad, esto usualmente era usado para transformar estos letales ingenios en
terribles minas anti-vehículos capaces de atravesar el blindaje más resistente,
sin embargo, recientemente, eran usados
para tender emboscadas emergiendo por la retaguardia y detonando en las
posiciones vulnerables del enemigo. Ahora la táctica había evolucionado y el plan actual consistía en un intento de infiltración Drone a traves del frente por los túneles
excavados por los Tuoppis escorpión o Turydos que se extendían por todo el desierto, sin embargo la operación inicial había
fracasado ya que la colmena había destruido de inmediato todos y cada uno de
los efectivos enviados… salvo uno.
El Drone Uk-1352 actualizaba sus datos, casi emocionado,
como todo drone de combate de ciudad
futura el uk-1352 estaba pilotado por un soldado suspendido en la red, esto
quería decir que pese a que el soldado controlaba absolutamente todas las
acciones realizadas por el drone. En caso de detonación o simple destrucción el soldado no sufría daño alguno, de hecho, reaparecía de nuevo en otro drone
similar para guiarlo en su misión. El drone uk-1352 procesaba a toda velocidad
las ordenes enviadas por su piloto, la emoción nublaba ligeramente el contenido
de estas pero entendió lo básico. Habían abierto brecha, se aplicaba el paquete
de misión número 32, esta misión, comprendía el hecho de que de alguna forma,
uno o más drones habían logrado atravesar el impenetrable escudo y se
encontraban en la base enemiga.
Cargando… aplicando paquete de misión nº 32… validando
paquete… descargando directrices protocolarias restringidas… eliminando escudo
limitador… espere… espere… espere… escudo eliminado… escaneando área local…
área local descargada… objetivo a 1755 metros… eliminando obstáculos… espere…
eliminando objetivo hostil… ejecutando… eliminación completada… Perforador
destruido… dirigiéndose a objetivo…
espere… espere… espere…espere… objetivo a 35 metros… resistencia localizada…
múltiples objetivos detectados… procesando… procesando… calculando consecuencias
por detonación… cálculos finalizados… misión cumplida… elaborando informe…
informe enviado… eyectando piloto… espere… espere… espere… piloto asegurado…
detonación inminente…3…2…1…0.
La explosión inicial barrió por completo la sede de mando,
el generador de escudo y los edificios 7,9,12 y 43. Sin el escudo protector,
los drones ariete desintegraron en escasos segundos los edificios restantes. A la mayoría de efectivos no les dio tiempo
siquiera de darse cuenta de lo que sucedía antes de desaparecer engullidos por
la cegadora luz blanca,en menos de un minuto, el frente Trónico dejó de
existir. Un balance posterior indicó que el número de victimas había rozado la
escalofriante suma de casi 10.000 efectivos. Los salones de Exitus recibieron una cantidad inusitada de
huéspedes súbitamente que provocó que la durmiente diosa se agitase en su sueño, molesta por los gritos que desgarraban el habitual silencio del salón, pero pronto, regresó a su eterno sopor.
Debido a la rapidez del ataque el campamento central
Trónico nunca supo que el frente había caído, achacaron la imposibilidad de
comunicarse a la gran tormenta de arena que ahora azotaba el desierto y que
dificultaba de forma importante el avance de Ronar. La tormenta le había pillado por sorpresa y lo
había rodeado en cuestión de segundos, la visibilidad era nula y la arena se
introducía en sus ojos y boca por mucho que tratase de escupirla. Por unos
instantes se quedó quieto, tratando de cubrirse inútilmente con las pieles,
desistió y volvió a ponerse en marcha solo para descubrir que era incapaz de encontrar sus
huellas, lo único que le indicaba que dirección seguir dentro de aquel vórtice
que ahora lo acosaba sin descanso. El soldado trataba de encontrar
algún rastro de sus huellas, Esto lo condujo a andar en círculos durante lo que
le parecieron horas hasta que presa de un cansancio y una sed terribles (Ya que
durante su forcejeo con las pieles había perdido su odre) se desplomó sobre la
arena incapaz de moverse.Poco después la tormenta siguió su camino, dejando al pobre soldado
tirado en medio del desierto a merced de sus habitantes.
A Yakie le gustaba su trabajo como conductor de transportes
de exploración, combate, mercancías y expediciones. Este trabajo le brindaba la
seguridad del blindaje de su L-45 y conseguía poner un plato caliente al final
del día ante su familia, que constaba de 19 hijos, 3 hermanos, su mujer y 3 Pattales (Unos curiosos animales miméticos similares a los perros). En aquella ocasión Yakie, trasladaba un grupo de
Ingenieros del frente al campamento central, donde les esperaba un merecido
descanso tras realizar ciertas reparaciones en los generadores de energía. Los ingenieros no ofrecían mucha conversación a diferencia de Yakie, al que le
encantaba bombardear con anécdotas de sus numerosos viajes a sus pasajeros, la realidad es que no era para menos: Yakie había sido una leyenda en las carreras en su juventud y le avalaban casi 40 años de experiencia como piloto. En aquel
momento, Yakie, se encontraba ocupado describiendo a los ausentes pasajeros
como él solo había logrado destruir un Drone clase dragón con su L-45.
-Os lo aseguro…- Relataba él con su voz cascada –Yo esquivé
no se hoy todavía como la salva de proyectiles que aquel cabrón me había soltado...el aire se llenó del olor a carne quemada y metal fundido y supe que estaba solo ante aquel engendro mecánico. Tras
eso decidí jugármelo todo a una carta y entonces… Oh mierda…- Cortó. –Chicos, vamos a
tener un trayecto un poco movido dentro de unos minutos… pero tranquilos eh?
Que no hay tormenta que pueda con Elen…- Aseguró mientras se abrochaba el
cinturón y se atusaba el grueso bigote de morsa que poblaba su cara. La
tormenta se acercaba hacia el vehículo a gran velocidad, semejaba que el
desierto deseaba jugar a ser mar y había decidido empezar con un pequeño
Tsunami ,que ahora se arrojaba, contra el L-45 y su intrépido conductor.Penetraron en la tormenta con un rugido de motor y tras eso durante 3 casi 4 horas no escucharon nada más que el terrible aullido del viento. La
visibilidad se redujo a una ilusión y la oscuridad los cubrió por completo,
Yakie ni siquiera trató de encender las luces , sabía por experiencia que eran
totalmente inútiles ante un fenómeno como ese. Esquivó casi por instinto los
dos Femárides que se cruzaron en su camino y aumentó la velocidad del L-45. El
vehículo se desplazaba dando violentos bandazos que amenazaban constantemente con hacerlo volcar, sin
embargo, Yakie siempre lograba mantener el control en el último segundo
devolviendo al L-45 la estabilidad, al menos durante unos segundos. La fuerza
de la tormenta crecía por momentos, golpeando sin piedad al L-45 mientras este
luchaba por no ser arrastrado, los pasajeros habían abandonado su actitud
ausente y ahora miraban de forma nerviosa al conductor. Yakie, al reparar en
esto, se apresuró a tranquilizarlos:
-Tranquilos amigos, Elen (Asi llamaba de
forma cariñosa a su L-45) nunca me ha fallado en mis 38 años de piloto. Os digo
que esta tormenta no es nada, las he visto mucho peores, la clave está en no
disminuir la velocidad…-se interrumpió para esquivar de un brusco volantazo a
un Femárides que dormitaba en el medio de la planicie que ahora atravesaban y
al que estuvieron a punto de arrollar.
.
-Maldita sea!,… bien como os decía, si disminuímos por un casual la velocidad, la tormenta nos
arroyará y es probable que no lo contemos… pero si mantenemos esta velocidad
seremos como un cuchillo que
atraviese la mantequilla… y hablando de
mantequilla. ¿Quereis unas barritas coronel Skar?, si?, toma toma y tu reparte
las demás… Y estad Tranquilos eh?, saldremos de esta, como que me llamo Yakie
Rafert Fife.-
La situación se prolongó 3 horas más, 3 horas insomnes que
transcurrieron con lentitud, salvo para el piloto. Yakie, a diferencia de los
ingenieros, disfrutaba de la situación enormemente, para él aquel tipo de cosas le hacían sentirse vivo, le daban un
sentido a su existencia, era algo mágico que solo Elen y Yakie eran capaces de
entender, le recordaba a cuando competía en las carreras ilegales Trónicas en el mar de chatarra, donde era ganar o morir. Por eso la decepción tiñó la voz de Yakie cuando anunció:
-Bien chicos, esto se ha acabado, Lo que os decía no?, no
hay tormenta que pueda con el viejo Yakie amigos míos… Jajajajajaja, en fin, ya
estamos fuera, que precioso cielo nocturno… Hoy Lifer está enorme… a mi hijo
pequeño le encanta Lifer, tiene su cuarto lleno de trastos de astronomía y yo
siempre… un momento!, que es eso?.-
Los potentes sensores
del L-45 habían llamado la atención del viejo piloto, a unos 3km al norte según
el radar se encontraba un ser humano.Yakie meneó la cabeza con desaprobación,
era imposible que alguien merodease por aquella parte del desierto en plena
noche menos aún en medio de una tormenta de arena. Aún así Yakie volvió a
consultar el escáner, más por averiguar si el escáner había sufrido una avería durante la tormenta que por tratar de averiguar si era un ser humano lo que el radar había detectado. Sin embargo, no había error posible, era un ser humano, con un suspiro
Yakie informó de la situación a los ingenieros que aprobaron su petición de comprobar la zona e
investigar el origen de la señal. Con un giro de volante, El L-45 comenzó a
ascender por una enorme duna de formación reciente al tiempo que un timido sol despuntaba en el
horizonte, Yakie contempló el amanecer mientras se toqueteaba el bigote en
busca de los restos de la barrita Coronel Skar que había engullido durante la tormenta,
el vehículo coronó la duna y descendió a toda velocidad en dirección al bulto
que ahora era visible y que aguardaba tirado en el desierto a unos 500 metros
de distancia, al pie de la duna. Suspirando de nuevo, Yakie se desabrochó el
cinturón de seguridad que le oprimía la voluminosa panza y abrió la compuerta
de salida, acto seguido se incorporó y descendió por la escalerilla que
conducía a la dorada arena, el viento cortante agitó su melena plateada que alcanzaba la nada desdeñable longitud de su cintura. Sus pesados zapatos de seguridad hicieron contacto
con la arena con un peculiar crujido, con calma, comenzó a aproximarse
lentamente al bulto que yacía a apenas unos 20 metros de su posición, al
alcanzar el enigmático bulto cubierto con burdas pieles. Yakie, comenzó a
desenvolver otra sabrosa barrita energética al tiempo que con el pie, retiraba
las pieles lo suficiente como para revelar a un muchacho alto, delgado, de
cabello rizo negro y con signos de violencia por toda la cara; su nariz
ligeramente torcida, el labio aún sin curar del todo, el morado que adornaba su
ojo… Fuese quien fuese aquel pobre diablo, había recibido una buena tunda-
Pensó el viejo piloto al tiempo que se metía la barrita entre los escasos
dientes que aún le restaban y se cargaba al muchacho al hombro, sin esfuerzo
aparente.
Acto seguido, regresó al
vehículo y entregó al inconsciente muchacho a los ingenieros, que lo
observaban con una mezcla de curiosidad y sospecha. Cerró de nuevo la compuerta y puso a Elen de nuevo
en marcha, el L-45 respondió con un suave ronroneo y Yakie ejecutó un temerario
trompo, ignorando las protestas que llegaban del compartimento de pasajeros el
piloto sonrió.
-Y ahora… sin más preámbulos… A casa Elen!!- Gritó con voz
potente y descendió la duna a toda velocidad hasta perderse en El gran desierto.
Ronar despertó con un potente reflector de luz que le golpeó
en la cara cegándolo por completo, trató de moverse instintivamente pero descubrió que estaba completamente atado de forma tan
experta que no podía moverse un solo milímetro. El haz le golpeaba en pleno
rostro obligándole a cerrar completamente lo ojos. No bien había cerrado los ojos cuando oyó que alguien cerraba una puerta metálica, tomaba asiento o al menos
arrastraba algo similar a una silla y depositaba algo en ella. En ese momento
un voz potente, profunda y afectada habló:
-Nombre?-
Ronar no respondió en el acto y eso le costó caro. Tras un tiempo de 7 segundos
exactos recibió un puñetazo en plena cara que volvió a fracturarle su mal
curada nariz, Ronar gritó de dolor al tiempo trató de abrir los ojos sin éxito, tras unos segundos notó de nuevo la sangre chorreando por su cara y entonces regresó
la voz:
-Nombre?:
-Ronar Eurecian Tolezz- contestó de inmediato. Prefería no tentar demasiado a la suerte.
No hubo golpe esta vez, tras una pausa breve de menos de un
minuto la voz continúo:
-Ronar Eurecian Tolezz, se le considera muerto en acto de
servicio, en concreto en una misión de exploración. Como explica el hecho de
que lo encontrara un transporte a más de 350 km de su posición original de desaparición?-.
-Qué?… un transporte?, no recuerdo…- esta vez el golpe fue
entre las costillas. El soldado comenzó a toser mientras pugnaba por respirar, la fuerza de los golpes le recordaban las caricias de Alma solo que carecían totalmente de aquella delicadeza que siempre distinguía sus golpes.
La voz regresó, como ajena a las circunstancias, el tono no había cambiado pero Ronar adivinó un deje de impaciencia:
-Expliquese o nos veremos obligados a usar métodos más
severos, no le conviene alargar mucho más su estancia aquí sabe?. Si es usted
quien dice ser no hay ningún problema, le soltaremos y trataremos sus heridas, ya que al fin y al cabo usted es uno de los nuestros, sin embargo, debo
confesarle que tememos que sea usted un espía del bando enemigo, si bien es cierto que es poco probable, en estos tiempos no podemos correr riesgos innecesarios. De ser asi
usted ya conoce su destino, lo que si puedo decirle es que si no responde a
todo lo que le pregunto, es decir, si se niega a cooperar… jamás saldrá de esta
sala con vida.
La voz se detuvo, sin
duda, esperaba causar miedo en el corazón del
prisionero. Y en el caso de Ronar
funcionó a las mil maravillas. La voz esperó un par de minutos antes de proseguir.
-Bien, ha decidido cooperar?-
-Si,- Contestó el soldado secamente.
-Explique cómo llegó hasta el lugar donde lo encontraron-
-Fui… salvado-
-De qué fue salvado- Preguntó de inmediato la voz.
-De… de unos monstruos con forma de insecto, nos atacaron y
creo que toda mi patrulla fue asesinada…-
-Limitese a contestar la pregunta, no nos interesan sus
divagaciones-le cortó la voz.
-Por quien fue salvado?- continúo.
-Por un habitante del desierto…-
-Un habitante del desierto?, expliquese- inquirió la voz.
Ronar procedió a explicarle todo con pelos y señales, el
túnel, la salvación, su estancia con su salvadora y finalmente su marcha, la
voz permaneció en silencio mientras el soldado desgranaba sus últimos 12 días, aunque por alguna razón omitió el incidente del nombre. No hubo interrupciones durante su relato, que duró aproximadamente 1 hora,finalmente, la voz emitió un profundo suspiro y comenzó a hablar:
-Es decir, que usted fue rescatado por una niña que posee
una fuerza increíble, capaz de matar a un femárides de un puñetazo cuando hasta
nuestros perforadores tienen problemas al lidiar con tales criaturas. Además de eso, la niña en cuestión vive
sola, sin padres en uno de los lugares más inhóspitos de todo Eternal. Ah! Si claro!,
tiene en teoría un refugio decorado con
un montón de pieles de lagartos que ha cazado, y encima de todo eso usted
abandonó a esa niña para regresar al campamento base, solo, sin comida y
únicamente provisto de un supuesto pellejo de agua. Pero claro, ya no lo tiene
porque fue sorprendido por una tormenta de arena y acabó desmayándose de
cansacio… Amigo, reconozco una cosa: es usted valiente, nadie hasta ahora ha tratado de tomarme el pelo de esta forma, te felicito esta es la historia más falsa que he oído
en mi larga vida de interrogador… y creeme... he oído cosas muy curiosas...Bien, tu que crees que debería hacer contigo
y esa especie de explicación delirante que me has dado?.-
-Haga lo que quiera, yo le he contado la verdad.- Contestó
Ronar abatido, ya estaba, era hombre muerto.
-La verdad… curioso concepto cita usted… en mi opinión es
usted un espía y un mentiroso, será fusilado y su cuerpo será arrojado al
desierto donde las alimañas y los Turydos, así se llaman esos monstruos que le atacaron darán buena cuenta de él. O al menos
eso es lo que me gustaría poder hacerle con mis propias manos, sin vacilación
ni piedad…pero... parece que mis superiores no están de acuerdo conmigo y han
decidido que si que es usted Ronar Eurecian Tolezz, por tanto su destino ya no
me compete a mi, lástima… en fin, ha
tenido suerte. Desatadlo, dadle de comer y de beber e internadlo en el pabellón
médico... Sacadlo fuera de mi vista…-
Ronar notó como alguien aflojaba sus ataduras, el soldado se
masajeó las dormidas manos mientras
lentamente se ponía de pie sin poder creerselo todavía, estaba vivo e iba a vivir, sintió que podría ponerse a cantar pero se abstuvo de hacerlo. Todavía estaba cegado y notaba el sabor de la
sangre en la boca, sin miramientos, alguien lo agarró de la mano aún dormida y sin mediar
palabra alguna fue guiado hasta una diminuta habitación. Era un cubículo de no más de 3 metros de largo, totalmente
desprovista de muebles salvo una silla metálica y una pequeña mesa, la vista
del soldado se recuperaba lentamente pero pudo detectar al instante los
pequeños envases metálicos que aguardaban encima de la mesa. Se abalanzó sobre
ellos y engulló las raciones de comida Trónicas compuestas por una pasta gris
de sabor neutro y un liquido blanco ( cuyo sabor se aproximaba bastante a una cerveza
sin alcohol rebajada con agua) con una voracidad rayana en la desnutrición. No
tardó ni cinco minutos en dar cuenta de la comida, sus centinelas aguardaron
pacientemente sin hace comentario alguno hasta que constataron que había
finalizado tan frugal almuerzo, acto seguido lo condujeron por una serie de
pasillos metálicos con una gran cantidad de puertas, el soldado los reconoció
al instante; Los barracones de los regulares, cuantos días había pasado Ronar
limpiando aquellos pasillos que siempre estaban en silencio, por muchos efectivos que circulasen por ellos, no se oía
una voz en ningún momento del día, la razón era muy simple, no había motivo
alguno de alegría en que finalizase un día…si otro idéntico o peor te aguardaba.
Sus captores aceleraron el paso y finalmente lo condujeron
al exterior. La luna de Lifer pendía
como una esfera de agua pura en el
firmamento, el viento seco y frío del desierto le agitó el cabello, el soldado
movió la cabeza para aprovechar mejor la sensación de libertad, con calma, respiró
profundamente, la nariz le dolía pero quizás fuese ya cuestión de costumbre
porque la verdad no le daba demasiada importancia. Los dos soldados que lo
escoltaban le increparon en un tono hueco que se pusiese en marcha de nuevo, el
campamento permanecía completamente silencioso y oscuro, salvo por las intermitentes
luces producidas por las numerosas hogueras que indicaban el lugar de las patrullas
Trónicas. Rápidamente, descendieron hasta la hoguera más cercana, antes de
llegar, torcieron a la derecha y se internaron en la oscuridad, los dos
soldados portaban linternas que iluminaban una suerte de camino metálico que había
sido cubierto por la arena. Tras unos minutos siguiendo el camino, Ronar
distinguió la forma de una gigantesca duna, en su base, se adivinaba una
compuerta custodiada por no menos de seis figuras que aguardaban inmóviles. Al llegar hasta la puerta,
las figuras dieron el alto a sus carceleros, un perforador (Un soldado equipado con una armadura
acorazada de casi 4 metros de altura, provisto de un taladro gigantesco en una de sus
manos y una ametralladora de plasma pesada en la otra) interrogó con rapidez a
los soldados por el motivo de su visita, estos le explicaron que Ronar había
sido identificado como un posible espía. El perforador frunció el ceño durante un instante pero finalmente asintió y se apartó, al
instante el resto le imitó y Ronar se internó en el pabellón médico.
Las paredes blancas que revestían su habitación ofrecían un
panorama más que de curación, de desesperación. Siniestros artilugios quirúrgicos reposaban
en una mesa de tonalidad clara ubicada en la esquina, su cama, de un blanco
cegador, yacía en el medio de la habitación iluminada por luz totalmente
artificial, un gotero descansaba al lado derecho de esta junto con una pequeña mesita
auxiliar con varios Neuro-Libros de temas tan apasionantes como: Vida feliz,
guía de como vivir en armonía sin necesidad de Neuro-estimulantes artificiales
experimentales u otro todavía más positivo llamado Lo que se oculta tras el
velo, un estudio de lo que nos aguarda tras la muerte…
La puerta de la habitación estaba firmemente cerrada, ya lo
había comprobado cuando diez minutos atrás lo habían dejado solo en aquella
habitación que apestaba a muerte y a sueños rotos. Ronar tomó aire y golpeó con
el puño la puerta al tiempo que las lágrimas recorrían su cara y se mezclaban
con la sangre reseca cayendo al suelo donde formaba rosas liquidas que parecían mirarlo de forma burlona. Había cometido un terrible error, debía de haberla
acompañado, acompañarla si era necesario al fin del mundo y más allá. Pero en lugar de eso
la había rechazado y ahora era juzgado como espía, como traidor. Había atravesado el desierto
y renunciado a la libertad para encontrarse con el devastador puño mecánico del
ejercito Trónico. –Tanto esfuerzo… tanto sacrificio… tanta lealtad… para esto-
pensó Ronar. Encerrado en un habitación subterránea, juzgado como espía y
probablemente sería ejecutado por ello… -Salve Trónico, patria de la libertad!-
pensó con amargura, durante casi 40 minutos se mantuvo en pie mientras reflexionaba sobre la auténtica cara del ejército, la inhumanidad que imperaba era dantesca y reflejaba la verdadera naturaleza de su pueblo: Una naturaleza mecánica fría y eficiente que no permitía ningún tipo de piedad o pensamiento. Nadie acudió en las siguientes 3 horas según su neuro-reloj y Ronar finalmente
optó por tumbarse en la cama y sumirse en un sueño superficial y febril.
La habitación había cambiado, ahora era negra y goteaba un
liquido rojizo que se le antojó sangre, la puerta era ahora una bestia de
fauces horrendas y rostro metálico que no cesaba de escupir
epítetos acerca de la libertad, el respeto y la paz con voz solemne y deshumanizada. Las sabanas
poseían una textura y un olor similar al de la carne humana y el gotero parecía
haber cobrado vida y trataba inútilmente de atacarle con la aguda púa con la que
estaba dotado, el suero antes blanco ahora era de un color negruzco donde tumores innombrables flotaban en la superficie costrosa de color rojizo que lo cubría. El soldado se incorporó de un brinco y saltó de la cama, el
suelo al igual que la pared estaba inundado de sangre, Ronar se incorporó empapado en aquel icor rojo que apestaba a muerte y a vacío lentamente y vio con horror como las fauces de la bestia ondulaban hasta transformarse en
una compuerta totalmente negra, sin picaporte ni manilla alguna, una simple lámina de pura oscuridad. El soldado se acercó a la puerta chapoteando entre la sangre que se acumulaba en la habitación pero antes de
que pudiese abrirla esta se abrió y desde la más infinita oscuridad penetró por
ella un grupo de sombras sólidas que planearon de forma espectral por la habitación, Ronar chilló y trató de huir sin embargo la puerta se había cerrado, las sombras comenzaron a ondularse y aterrizaron frente a la cama, como monstruosas garrapatas comenzaron a inflarse al drenar la sangre que cubría el suelo,Ronar retrocedió horrorizado, finalmente las sombras eliminaron la sangre de la habitación y comenzaron a moldearse de forma extraña hasta
tomar la forma de hombres deformes.
-Asi que este es el…-comenzó una de ellas.
-Shhhhssss- cortó otro
-No es un poco joven para…?-
-Que cierres la boca!-
-No lo creo, yo a los siete años ya había cazado un blanco…-
-Una somanta de palos es lo que vas a cazar como no te calles…-
- Ya amenazas? No amenaces si no puedes cumplir…-
-Silencio- Cortó la más grande de las sombras.
Era difícil discernir si su piel era negra o simplemente el
tono negro era debido al hecho de que fuese una sombra difusa, sus ojos en
cambio era profundos penetrantes y estaban llenos de luz verdosa antinatural, portaba en las manos
un gran martillo de lo que parecían ser sombras sólidas y una gruesa armadura del mismo material provista de puntas misteriosas que brotaban de forma aparentemente aleatoria
por toda su estructura.
Alzó su martillo y golpeó a las demás sombras hasta que
estas finalmente cesaron su parloteo y se disolvieron, acto seguido se acercó a Ronar y le puso
una enorme mano informe sobre el hombro, el tacto era viscoso y muy frío, similar al pescado semicongelado.
Entonces fijó su mirada en el soldado y comenzó a hablar, su voz estaba
terriblemente distorsionada y perforaba los tímpanos del soldado con espantosos gallos que rivalizaban con las sirenas de aviso de ataque de las fuerzas Trónicas:
-Soy Gram Khram y lamento invadir tus sueños pequeño… pero
hay algo que tienes que saber… y no queda tiempo...-
-Qu-Qué eres?- preguntó el soldado con voz entrecortada al
tiempo que trataba de retroceder, pero, el abrazo de la sombra era férreo.
-Soy…o más bien debería decir era, hasta hace escasos quince
minutos, un cazador del valle de Ann… un mercenario si así lo prefieres ver… la
cuestión es que tienes que despertar… te han inyectado un suero que te mantiene
profundamente dormido pero…debes resistir y despertar... algo muy grave ha ocurrido… debes salir de aquí…
como puedas…tu destino no es morir aquí... ese es mi mensaje… ahora despierta y vete…-
-Que ha sucedido?!-inquirió Ronar con un deje de pánico en la voz-Que es eso tan grave?!-
-El esferador de escudo… ha caído… el de este campamento…
ahora debes despertar muchacho- contestó rápidamente la sombra.
Ronar sintió como el miedo le invadía como si se tratase de
una ola de agua helada, lo notó filtrarse dentro de él pugnando por hacerle
gritar y que la esperanza lo abandonase. Hasta aquel momento había albergado la
esperanza de poder escapar en un despiste de los médicos, conocía bien el campamento y aprovechando la noche la idea de escapar no parecía tan complicada, era una esperanza
casi nula pero estaba ahí, ahora, ante tan terribles noticias, Ronar se sintió
desfallecer, el miedo había tomado el control y ahora lo dominaba por completo.
Trató de zafarse del abrazo de la sombra y precipitarse a la infinita oscuridad
pero esta, adelantándose a sus movimientos, le bloqueó el paso justo antes de
que pudiese cruzar la puerta. Acto seguido, tomó a Ronar por una mano y lo
acercó a su rostro al tiempo que decía:
-Creeme pequeño, no quieres salir ahí afuera… lo que alberga
esa oscuridad es algo que no quieres conocer… si yo estuviera en tu lugar
despertaría lo más rápido posible… verás, mientras hablamos aquí… amigablemente…
el tiempo corre… y ya sabes lo que se aproxima…cuando ha caído el escudo…puedo
verlo entre tus pesadillas… la limpieza blanca…entonces si fuera tu…trataría de
salvarme…quizás aún puedas alcanzarla…ya sabes de qué hablo…ahora…mírame y dime…lucharas como lo haría un guerrero?...o
te hundirás con nosotros en la infinita oscuridad?... No hay mucho tiempo…decide
rápido pequeño…-
Ronar tragó saliva mientras trataba de imponerse al miedo,
la voz le temblaba de tal manera que no pudo hablar, solo asentir, algo que
Gram Khram interpretó como un: -si, lucharé-.
La sombra sonrió al tiempo que acercaba su boca a la oreja
de Ronar para susurrarle:
-Bien hecho…Una cosa más… si algún día
visitas el valle de Ann… Busca a Gram Kamino y dile…. Dile que su padre le
considera digno de entrar…él lo entenderá… ahora permite que te
ayude una vez más… te ayudaré a despertar… Adiós Eurecian… y… Buena Suerte…-.
Acto seguido, la sombra le asestó
un mordisco que se transformó en una explosión de dolor en la oreja izquierda.
Y Ronar despertó.
Despertó justo en el momento en que su cama comenzaba a
desplazarse contra la pared de la habitación, de un salto e ignorando tanto el
gotero, como el abrasador dolor en la oreja que lo atenazaban se precipitó
fuera de la cama, de forma inconsciente se arrancó el gotero que rodó hasta
estrellarse contra la pared con un sonido metálico. Acto seguido la cama siguió
el gotero y esta si que emitió un crujido importante al abollarse por el
impacto, sin embargo, el sonido de la cama era melodía de violines comparado
con la marabunta de sonidos y gritos que surgían de más allá de la puerta.
Ronar se dirigió a toda velocidad hacia la puerta y comprobó que seguía
cerrada, retrocedió rápidamente y cargó contra ella, la puerta emitió un sonido
metálico horrible pero permaneció inmutable,en ese momento el soldado escuchó una cacofonía de metálica espantosa que se intensificaba con cada segundo que pasaba, se agachó por puro instinto segundos antes de que
una inmensa viga metálica destruyese parte de la pared y aplastase totalmente
la puerta. Se levantó con el corazón latiéndole a toda velocidad y se precipitó al pasillo, la inclinación del
pabellón todavía permitía desplazarse por él, pero, esta aumentaba por momentos
y la viga que ahora bloqueaba el pasillo comenzaba a emitir unos crujidos que
indicaban de forma inequívoca que podía ceder en cualquier momento. El miedo dio
alas a los pies de Ronar, que enfiló el pasillo a toda velocidad en dirección a la abertura que se adivinaba en la cima de la viga metálica, Ronar esquivaba los restos metálicos que caían rodando por el pasillo en dirección desconocida ya que Ronar en ningún momento consideró viable mirar atrás. Respirando con dificultad por fin alcanzó la viga y comenzó a trepar por la inestable masa de escombros hasta
alcanzar la abertura, sin embargo, esta se hallaba bloqueada por un trozo de lo parecía ser los restos de una camilla. Desesperado, continúo escalando haciendo caso omiso a los cada vez más frecuentes crujidos que emitía la pesada viga. Soltó un grito de alegría cuando vislumbró un posible paso
hasta el otro lado del pasillo y se arrastró penosamente por el estrecho hueco
que separaba la viga del techo, sin siquiera pensarlo, cayó los dos metros que lo
separaban del suelo entre camillas y material médico. Además del lógico dolor al caer de cabeza sobre un montón de material médico y restos de pared, notó en particular un
afilado bisturí hundirse en su nalga derecha con lo que lanzó un grito de mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de dolor, aunque,
eso no le impidió incorporarse, y tras arrancarse el afiladísimo instrumento
quirúrgico que arrojó sin pensar comenzó a correr a toda velocidad en dirección a la
salida que se perfilaba a unos cien metros en línea recta. Sin embargo, había perdido mucho tiempo, Con horror no tardó
en comprobar que la inclinación comenzaba a aumentar de manera alarmante, más
alarmante aún era el hecho de que un horrible crujido indicaba que la viga había
cedido y que ahora la caída sería letal.
Aún asi no cejó en su empeño e ignoró
totalmente los brutales pinchazos que comenzaba a notar en las piernas, apenas
quedaban 6 metros cuando sintió que
comenzaba a resbalar, la pendiente era excesiva, ya no podía avanzar, mantener el equilibrio era una ilusión al igual que alcanzar la puerta que blandía un rótulo ahora torcido que anunciaba: SALIDA. Con
un aullido de terror se aferró al
picaporte de la puerta más cercana para no caer y observó impotente como entre
aterradores crujidos y chasquidos las paredes comenzaban a resquebrajarse, la arena comenzó a entrar a raudales en el pabellón,
acelerando aún más su inevitable hundimiento. El
soldado se aferraba desesperadamente al
picaporte de la puerta, cualquier cosa antes que soltarse y precipitarse
al vacío que ahora se abría bajo él, sus pies pataleaban en el vacío intentando aferrarse al marco de la puerta. Tras unos segundos comprendió que era inútil y entonces trató de respirar con calma,el miedo comenzaba a invadirlo de nuevo, notaba a los terribles pinchazos de sus piernas sumarse terribles calambres en los brazos, la cada vez más oscura idea casi certera de que la muerte era su único destino comenzaba a mermar su voluntad. En ese
momento recordó la única frase dicha por su padre que le sería útil en muchas
ocasiones:- Ronar, cuando el miedo te atenace de forma incontrolable es cuando
no tienes tiempo de tener miedo, afronta lo que te asusta y cuando estés a
salvo ya tendrás tiempo de tener miedo-. Ronar suspiró al tiempo que trataba de
apoyar al menos un pie en el marco de la puerta, lo que fuera para darse el
impulso que necesitaba para apoyarse sobre el picaporte alargado de esta. Al cabo de unos segundos sucedió
algo inesperado: la puerta se abrió y Ronar estuvo a punto de soltarse por la sacudida, su cuerpo quedó suspendido simplemente del
picaporte al que se aferraba con un brazo desesperadamente. Desde el torcido umbral de la puerta caminó vacilante un renqueante y aturdido enfermo que dio unos pasos antes de observar el vacío desde la puerta, Ronar no se lo pensó un segundo y gritó:
-Tu!, ayúdame!, rápido!-. El enfermo se sobresaltó de tal manera que estuvo a punto de precipitarse al vacío. Acto seguido se asomó con cautela y observó con estupor a
Roran, rápidamente se agachó con dificultad y procedió a quitarse el cabestrillo que le envolvía el brazo, con cuidado le tendió una mano totalmente vendada. El
soldado calculó mentalmente las posibilidades de que tuviese fuerzas suficientes para tomar el impulso necesario, finalmente tomó aire y se soltó del picaporte al tiempo que se aferraba al brazo
del enfermo, en un principio el enfermo se inclinó peligrosamente,sin embargo, recuperó el equilibrio y comenzó a tirar del brazo, en menos de 1 minuto entre quejidos y resoplidos finalmente Ronar se encontró en la
relativa seguridad que ofrecía la puerta. Ronar permaneció unos instantes en el suelo sin levantarse mientras asimilaba el hecho de que seguía vivo. A continuación sin perder un instante, abrazó al
desconocido como no había abrazado a nadie en su vida, el enfermo de ojos grises emitió un débil grito de dolor que Ronar ignoró completamente, el desconocido trató de
hablar pero Ronar le cortó antes de que pudiese empezar siquiera. La razón era muy simple, el soldado había encontrado una forma de salir del atolladero en el que se encontraban: de la pared adyacente a la puerta, partían unos soportes para
colocar camillas que impulsados por un generador independiente transportaban al
enfermo con gran celeridad al quirófano,Ronar los conocía de anteriores visitas al pabellón médico. por fortuna, el interruptor de
activación estaba a su alcance, en concreto justo al lado de la puerta. Tras explicarle rápidamente el plan, el enfermo
meditó un par de segundos antes de asentir . Ronar se aferró al soporte y con gran lentitud debido a la
inclinación, comenzó a ascender hacia la salida, hacia la salvación, la
arena le golpeaba el rostro, los calambres de sus brazos regresaron con más fuerza todavía pero no le
importaba en absoluto, lo había conseguido . Finalmente sus pies pudieron tocar tierra y con la
sensación de que se le fueran a caer los brazos, el soldado, se arrojó al
suelo, permaneció un par de segundos recobrando el aliento. Acto seguido se levantó y se aproximó con cautela al borde, a unos cinco
metros el enfermo que le había salvado, ahora le miraba con tristeza, Ronar
entendió al instante el por qué: La puerta estaba a punto de ceder, apenas le
quedaban unos segundos antes de que se desprendiese finalmente, tiempo
insuficiente para que el soporte pudiese llegar a tiempo, el enfermo negó con
la cabeza y se encogió de hombros… Ronar golpeó con el puño la pared mientras
las lágrimas se escapaban de su cara y caían al vacío. La puerta cedió
finalmente, y el enfermo quedó tristemente suspendido por su brazo del marco de
la puerta, el soldado repasó con la mirada a su alrededor en busca de algo que
permitiese salvar a aquel desconocido que había intercambiado su vida por la de
Ronar, tras unos segundos, el soldado finalmente desistió y clavó la mirada en
su anónimo y condenado salvador, aquellos ojos grises, aquel pelo largo y
enmarañado y aquella mirada de: -No importa- le perseguirían toda su vida. La triste
mirada que ahora se clavaba en él le impelía a gritar, a llorar, a hacer
cualquier cosa por salvarlo, sin embargo, el destino de aquella persona estaba
sellado. El brazo finalmente se soltó y como si el tiempo se hubiese detenido
por completo, el enfermo comenzó a caer al vacío, su cuerpo descendía
suavemente, su cabello ondulaba de forma fantasmal y etérea, pero lo peor,
verdaderamente desgarrador para el alma del soldado era sin duda alguna las palabras que formaban los labios
de aquel anónimo personaje que ahora fallecía empalado en los afilados restos
metálicos que leo aguardaban doscientos metros más abajo.
Esas palabras le perseguirían toda su vida.
Ronar grito mientras corría a toda velocidad en dirección a
la puerta de salida, gritaba para no desgarrarse por dentro, gritaba para
intentar reducir su culpabilidad, pero sobretodo, gritaba para que alguien le
oyese, para que si alguien seguía ahí fuera, que lo esperase. Salió al desierto
solo pero a la vez acompañado… por una auténtica masacre.
Al ceder el generador de escudo, los Turydos, guiados por su
instinto asesino, atacaron a un campamento Central totalmente conmocionado por
las gigantescas explosiones de los drones arietes que se habían lanzado por los
túneles subterráneos hasta situarse justo debajo del generador de escudo. La
explosión había destruido por completo el pabellón médico, la armería y el
barracón principal: en pocas palabras, Trónico había perdido la guerra.
Los supervivientes pugnaban por huir de los Turydos antes de
que la inevitable limpieza blanca llegase, cualquier vehículo era asaltado sin
miramientos… por ello todos los vehículos se hallaban destruidos o habían
abandonado el campamento… Todos menos uno...
Un viejo L-45 que intrépido zigzagueaba
entre los turydos y las ruinas en dirección a la libertad. Yakie se sentía
vivo, por fin una situación de peligro de muerte real!, como caundo era un joven de 20 años!!,un desafío digno de
Elen y su experto conductor. La opinión de los casi 25 soldados que se
apretujaban dentro del L-45 era otra, querían salir de allí lo antes posible ,
con cada violento bandazo del L-45 un profundo hedor a orín invadía el vehiculo,
Yakie fingía no escuchar las protestas, en cambio, como contestación,una vieja
cinta comenzó a sonar en el vehiculo, tras un violento bandazo Yakie vio algo
que le hizo dar un trompo completo que provocó que el olor a vómito se sumase
al olor a orines, haciendo como que no oía las blasfemias que provenían del
compartimento de pasajeros, el viejo piloto frenó por completo el L-45, aguardó
los 19 segundos que calculó que su nuevo pasajero tardaría en llegar hasta él y
acto seguido abrió la puerta.
Ronar contempló con estupor como el transporte que acaba de
divisar viraba en redondo ante sus señales, paraba y le daba las luces, sin
pensarlo siquiera, Ronar se precipitó tropezando y cayendo contra la arena en
varias ocasiones antes de aparecer ante el vehiculo que abrió su puerta para
revelar a un conductor más bien gordo, de larga melena, dotado de un bigote
canoso( que haría llorar de envidia /orgullo a Otto Von Bismark) comparable a sus no menos
velludos brazos que le señaló el asiento del copiloto al tiempo que decía:
-Ding Dong… atención señores pasajeros, el último transporte
para salir del infierno va a salir en escasos cinco segundos… Vienes, chico?-
No había nada que pensar, Ronar ascendió de un salto y cerró
la puerta del vehículo al tiempo que se desplomaba sobre el asiento. Yakie
arrancó el L-45 y pivotó de un volantazo hasta volver a colocarse sobre el
camino inicial, con un rugido Elen arrancó atropellando a un Turydo que se
aproximaba por la retaguardia, el caparazón de la criatura crujió cuando el
L-45 la arroyó sin miramientos dejándola totalmente destrozada en la arena.
Yakie sonrió a través de su increíble bigote y tendió una barrita Coronel Skar que Ronar aceptó y deglutió de un solo
bocado. El L-45 se baría paso entre la marea de Turydos y ruinas con una
habilidad que solo podía calificarse como perfección. Yakie reía mientras
efectuaba maniobras casi suicidas y Ronar prudentemente optó por abrocharse el
cinturón. Finalmente y tras aplastar a un molesto y persistente Turydo que se
empeñaba en contarles el paso, el L-45 se alejó del campamento… pero no lo
suficiente.
Las luces blancas comenzaron a recortarse contra el
horizonte cuando el L-45 apenas se había alejado un centenar de metros. Yakie
maldijo y pisó a fondo el acelerador, Ronar sintió que el corazón se le
detenía: Tanto esfuerzo… para esto?-.pensó mientras las luces se intensificaban
hasta tal punto que el L-45 totalmente negro parecía durante unos instantes
completamente blanco. La luz los cegó, se oyeron gritos, los chillidos de los
Turydos al desintegrarse o quemarse… y
después ya no hubo nada.
Tras aquel incidente, la zona conocida como la trinchera
Gigas, pasó a llamarse, las tres líneas de la derrota, una hace 250 años a
manos de Trónico, las dos actuales son de Ciudad Futura y representan dos
cosas: La caída de la tecnología frente a la inteligencia y que ciudad futura
no conoce la piedad. Esos dos recordatorios perduraran en el mundo de Eternal,
mientras una de estas dos facciones siga con vida. La primera división del
ejercito Trónico fue totalmente destruida y el odio impera en estas dos
facciones que no cesarán su guerra hasta que una de las dos caiga.
Yakie observó al muchacho que ahora se alejaba caminando en
dirección a aquellas perdidas montañas donde según él le esperaba una persona
que requería su compañía, al principio Yakie había pensado que el muchacho le
tomaba el pelo, nadie habitaba en el desierto como el aseguraba, sin embargo,
el tono y su mirada hacían dudar al viejo piloto que dudaba entre dejarlo
marchar o acompañarlo hasta su misteriosa acompañante. Le bastaron un par de
segundos para decidirse, en cuanto pusiese un solo pie fuera de Elen cualquiera
de aquellos malandrines que tenía por pasajeros se apropiaría de su tesoro y se
perdería en el desierto. Sin embargo, no podía dejarlo marchar así, le
recordaba tanto a su hijo más pequeño… Yakie tomó aire y gritó:
-Ronar!, más vale que te cuides!, me oyes?, y si algún día
regresas a Trónico pásate por el taller de Rafert & Fife y pregunta por mí…
de acuerdo?-
Ronar no dio señales de haber oído al piloto, este meneó la
cabeza con desaprobación y con una manó comenzó a atusarse el bigote mientras arrancaba de nuevo el L-45 y se
perdía en el horizonte preguntándose si alguna vez volvería a ver a aquel
pequeñajo. Ronar no había girado siquiera la cabeza para ocultar las gruesas
lágrimas que ahora rodaban libres por su mejilla y veían su fin en la arena,
nunca podría pagar la deuda que había contraído con Yakie. Nunca jamás. Ronar
se detuvo un momento y observó como el L-45 de nombre Elen se perdía en la
distancia hasta desaparecer, acto seguido extrajo una barrita Coronel Skar y la
engulló dedicando cada mordisco al viejo piloto de legendario bigote, tenía dos
pero reservó una, al fin y al cabo alguien le esperaba a no más de 500 metros.
Ella le esperaba
sentada en lo alto de una de las primeras rocas que marcaban el fin del
desierto contemplando el anochecer embelesada, él se acercó lentamente, no
había prisa, ya no. Por fin estaba donde tenía que estar, por fin estaba en su
sitio. Ella al verle lanzó un grito de júbilo y saltó los casi 7 metros desde
lo alto de la roca hasta el suelo de forma limpia y por supuesto sin recibir
daño alguno, él ya no se sorprendió, como tampoco lo hizo cuando ella trató de
asestarle un rápido puñetazo. Es más, lo esperaba, por eso se adelantó y
transmitió todo lo que había vivido, todas las emociones, todos los peligros y
las promesas, todos los horrores y errores que cuajaban su vida hasta ahora con
un largo, húmedo (Debido a las lágrimas) y apasionado beso que ella por primera
vez no le negó. Ella no preguntó nada, todo estaba dicho, simplemente sonrió y
esta vez ella lo besó a él con un beso de perdón. Acto seguido ambos recogieron
los Odres y los trozos de lagarto. Y, cargados de sueños, esperanzas y temores,
llenos de curiosidad pero sobretodo y más importante… juntos,se encaminaron
hacia las montañas conocidas como la Espalda de Kadwal.
Hacia su destino.