viernes, 28 de febrero de 2014

La Sangre En La Botella: Cap 3 (Ka)

El cazador despertó por el viento que atravesaba la montaña, un viento frío, que barrió la cornisa en la que dormitaba. Despertó al instante, sus profundos ojos azules recorrieron la cornisa lentamente al tiempo que se incorporaba. Con calma, olisqueó el aire y tras unos segundos se aproximó al borde de la cornisa: El viento le golpeó en la cara y revolvió su melena blanca, observó el diminuto camino que se distinguía débilmente un centenar de metros más abajo, permaneció por un espacio de casi cinco minutos sin moverse, observando la ladera opuesta  en busca de la más mínima sensación de peligro. Finalmente suspiró satisfecho y regresó hasta su lecho donde recogió con movimientos  ágiles su saco de viaje, que cargó al hombro. De una patada extinguió la pequeña hoguera que lo había mantenido caliente durante su siesta y se dirigió hacia el peligroso sendero que ascendía desde la cornisa hasta lo alto de la montaña.

 Para la mayoría de personas, llamar sendero a aquello era como decir que un puente es una rama de madera que toque ambos lados de un abismo, este era una suerte de muescas grabadas en la piedra por el viento que se intercalaban con la pared lisa de la montaña creando huecos de una distancia variable entre los 2 y los 6 metros. Sin embargo  al cazador, esto no le suponía problema alguno, saltaba ágilmente los escalofriantes  huecos con una seguridad completa ante la letal senda, en cierta ocasión el cazador erró por espacio unos centímetros y solo pudo aferrarse con su única mano a un saliente en la roca, durante unos instantes permaneció suspendido en el vacío sin más lugar en el que apoyar los pies que la pared de resbaladiza roca (Había comenzado a llover de forma copiosa). El cazador permaneció aferrado mientras la lluvia empapaba sus ropas y cegaba su rostro, en ese momento apoyó las piernas en la pared y de un potente impulso ascendió hasta la relativa seguridad del peldaño.  Tras unos diez minutos de peligrosa ascensión la pared de roca se tornó en una pronunciada ladera  atravesada por un pequeño sendero que ascendía lentamente hasta perderse en un denso bosque de Edös.Más allá del bosque la Cordillera conocida como Los Nidos se levantaba como un conjunto de gigantescos centinelas rocosos que custodiaban la frontera del valle.

El cazador se internó en la maleza que cubría por completo la ladera con un manto de tonos marrones y verdes, a pesar de desplazarse entre arbustos espinosos y pequeños arboles de montaña el cazador apenas hacía ruido al abrirse paso, caminaba con ligereza, sin signos de fatiga visibles, con sus ojos y oídos atentos a cualquier sonido que indicara la proximidad de algún habitante de las montañas. No era para menos, ya que Los Nidos ,eran las montañas con mayor población de dragones de todo Eternal, estos acudían de todas partes del mundo a desovar en la montaña conocida como Ann Zieger (El Gran Padre) en la lengua natal del valle (El Anng). Aparte de dragones otros seres no menos peligrosos habitaban las montañas, seres capaces de reducir aldeas o ciudades enteras a meros escombros. El sonido de un pequeño curso de agua le indicó que el sendero se encontraba a un par de metros de distancia de su posición, aceleró el paso y empapó sus botas grises en el pequeño riachuelo que ahora era la citada senda. Sin darle demasiada importancia, ascendió chapoteando al tiempo que hacía una coleta con la mojada melena y trataba de localizar el punto más seco del sendero. Un poco más tarde, la pendiente se volvió más pronunciada y en el horizonte el cazador distinguió una masa de nubes terriblemente negras que avanzaban rápidamente desde la gran alfombra verde del Gigantesco bosque de Foskogur que limitaba con el valle por el Noreste, su ánimo mejoró notablemente cuando tras doblar una curva del camino divisó a poco más de un kilómetro la arboleda azul de los arboles Edö, dobló el paso mientras observaba con el ceño fruncido la masa tormentosa que se abatiría en breves sobre él, el viento empeoraba por momento y hasta él llegaba claramente el sonido del crujido del bosque azotado por el inclemente viento que descendía de Los Nidos como el aliento de los dragones que allí moraban. Finalmente alcanzó la densa arboleda azul  al tiempo que el sonido del primer trueno aportaba el toque de percusión a la tormentosa sinfonía.

En pocos minutos el accidentado sendero-riachuelo se reveló invadido por la maleza hasta tal punto que el cazador prefirió internarse en el bosque aún a riesgo de extraviarse, a medida que el cazador avanzaba estoicamente por el bosque la pálida luz azulada que se filtraba entre las hojas de los árboles se transformaba en una mortecina y fantasmal claridad que otorgaba al bosque un aspecto encantado  y misterioso. Los Edö se contaban entre las pocas especies de árboles capaces de moverse de forma perceptible para el ojo humano, de carácter bondadoso con los visitantes del bosque, los Edö guiaban a los viajeros perdidos de buen corazón hasta la salida del bosque con débiles destellos de luz purpura que emitían a voluntad en su corteza, la madera de estos árboles era completamente ignifuga y a diferencia de la mayoría de vegetales los Edö carecían de raíces, en su lugar poseían una suerte de ventosa que los fijaba al suelo y que les permitía resistir los más potentes embates de los vientos y las tormentas. Cuando la luz finalmente se extinguió por completo y una penumbra azulada lo rodeó solo rota por el ocasional destello de los relámpagos, no le sorprendió ver poco después un lejano coro de luces purpuras  que iluminaban el bosque con una extraña luz pulsante, el cazador sonrió y avanzó en dirección a las luces con seguridad, al cabo de media hora alcanzó el final del bosque donde los árboles lo despedían emitiendo unas cálidas luces que inundaban el bosque entero.

jueves, 20 de febrero de 2014

La sangre en la Botella: Cap 2: Fuego Luz Y Miedo.

El crepitar de la hoguera y el masticar de los ocupantes, era el único sonido que reinaba en la cueva, este espeso silencio, tan poco habitual desde que el nuevo invitado había llegado a la cueva. Era generado por el resultado de una disputa. La discusión, que había tenido lugar hacia apenas unos instantes todavía se saboreaba en el ambiente. Esta fue provocada por el soldado. A raíz, de la idea de Ronar de proponerle a Alma abandonar para siempre junto a él la cueva. Sin embargo, los planes acerca de que destino debían tomar  divergían: Ella  deseaba que él la acompañase a las montañas que adoptaban la función de frontera natural del Gran Desierto y al mundo que se ocultaba tras de estas. Él, deseaba que ella le acompañase al campamento central del ejército, donde, tras dar parte, se alistaría en las fuerzas Trónicas. Ya que, conocía el desierto, mejor que cualquier campista Trónico, por no citar, el hecho de que era letal en combate.

– Pero es tan Tozuda…- Pensó.-Si supiera lo que podría hacer con su potencial, se convertiría en un soldado de élite en menos de un año…-. Ronar había visto como Alma cazaba los lagartos Femárides que constituían su principal fuente de alimento en el desierto. Para el estupor de Ronar, los Femárides eran grandes depredadores de casi 3 m de largo y 2 de alto, provistos de 6 patas rematadas en garras y unas mandíbulas comparables a  cepos de cazar osos, si eso no fuese suficiente, los reptiles estaban dotados de un potente veneno somnífero que inyectaban con un simple roce de las púas que los recubrían por completo, dándoles el aspecto de gigantescos erizos verdosos. Alma, sin embargo, los cazaba cuerpo a cuerpo, sin arma alguna. Ronar se había quedado asombrado el primer día ya que suponía que su anfitriona disponía de primitivas armas para realizar tan arriesgada tare. Cuando la interrogó acerca de sus herramientas de caza, ella, por toda respuesta había señalado sus nudillos y él no le había creído hasta que ella se lo demostró cazando sin esfuerzo alguno tres grandes lagartos con una destreza que Ronar solo podía soñar. Por si aquello no fuese suficiente prueba de valía, de un solo puñetazo, aplastó el cráneo de uno de los escamosos seres sin apenas inmutarse y sin verse afectada en absoluto por el potente agente somnífero.Tras semejante hazaña, sin siquiera resoplar, arrastró las tres pesadas presas de vuelta a la cueva. El soldado, no había podido arrastrar  una sola, cada uno de los reptiles  pesaba más de 200 kilos, por no mencionar el hecho de que el desierto castigaba la tarea con unas temperaturas de más de 40º. Ronar, al regresar de vuelta a la cueva con los tres grandes trofeos, comenzó a pensar seriamente la posible veracidad sobre las intenciones de Alma  cuando casi acaba con su vida...

Ahora, tras discutir acaloradamente, los dos comían en silencio y se negaban a mirarse siquiera, al menos ella, (ya que el soldado no podía dejar de contemplarla e intentar  medir su increíble capacidad de combate). Fue Ronar, tras casi 30 minutos de miradas furtivas e intentos vanos de convencerse de que él poseía la razón (No era así). Cuando, finalmente, tomó aire para empezar a disculparse y acabar con aquella reyerta inútil, pero ella, antes de que comenzase a hablar siquiera ,lo fulminó con la mirada de tal forma que él solo pudo arrebujarse en sus pieles y, tras lanzar una última mirada de tristeza hacia su aparentemente indiferente anfitriona, que daba cuenta de otra ración de lagarto medio cruda con entusiasmo.  sumirse en un sueño intranquilo y plagado de pesadillas.

Ronar soñó con la muerte, la sangre y la derrota, veía a las fuerzas de un ejército desconocido, compuesto por seres deformes y monstruos mecánicos, aplastar a las fuerzas Trónicas que trataban de retirarse mediante transporte aéreos que nunca llegaban. Tolezz era uno de los encargados de aguantar la posición y observaba impotente como todos sus compañeros eran destrozados hasta que algo se vislumbraba en los cielos, pero no eran los transportes, sino fuerzas de ataque de Ciudad Futura que se abalanzaban sobre el ejército Trónico para rematarlo. Finalmente, una luz blanca llovía del cielo y lo siguiente que vió Tolezz fue su blanca calavera siglos después, todavía en el desierto que le miraba como reprochándole su decisión…

Despertó empapado de sudor, con el corazón latiéndole desaforadamente en el pecho, reprimió un grito y miró a su alrededor: El alegre fuego era ahora una serie de brasas que se debatían por mantener a raya a las sombras, extasiado contempló durante unos minutos la débil lumbre. Con un suspiro, se desperezó y a tientas comenzó a empacar su escaso equipaje. Quince minutos más tarde partió en medio de la noche, pertrechado únicamente con un odre  de agua y un poco de lagarto frío, las 13 lunas adornaban el firmamento desde lo alto, esa noche Lifer destacaba inusualmente en la bóveda celeste. Ronar contempló el orbe azul que arrojaba una tenue luz etérea sobre el desierto transformándolo con  un poco de imaginación en un mar cuajado de gigantescas olas congeladas, silencio y  frío eterno. Un súbito ruído proveniente de la cueva le sobresaltó, miró hacia atrás y  vió a Alma deslizarse por la pequeña abertura de la cueva y ponerse en pie. Ambos permanecieron en silencio, ella clavó sus cautivadores ojos  en Ronar y formó una sola palabra con los labios sin llegar a hablar en ningún momento… Ven…   Él, de forma casi inconsciente, negó con la cabeza. Ella  al instante se dio la vuelta y comenzó a ascender por una gran duna en dirección oeste, hacia las montañas que se vislumbraban en el horizonte. Ronar se quedó clavado sin moverse en el sitio, consciente de que estaba cometiendo un error, quizás el más grave de toda su corta vida, al dejarla marchar de esa forma. No obstante, permaneció sin moverse hasta que ella desapareció tras la duna.Tras un instante de duda remanente, él comenzó a andar en dirección Este, hacia el campamento central de las fuerzas Trónicas.

La noche traía al desierto un frío glacial que provocó que el soldado se mantuviese en movimiento en todo momento, en cuanto se detenía, un sueño dulce y conveniente trataba de apoderarse de él y sumirlo en un sopor que equivaldría a una muerte segura. Por ello, el soldado se movía al trote sin detenerse siquiera para introducir en su garganta unas gotas de agua . En el lejano horizonte, al sur, se recortaban en el cielo las luces del frente de batalla Trónico. A pesar de la gran distancia (No menos de 100 km) que lo separaban de la zona de combate,grandes estallidos en el firmamento nocturno marcaban el lugar donde los Drones de los Blancos y los Aeras de Trónico, combatían sin cesar en arriesgadas maniobras y misiones casi suicidas en busca de un hueco que permitiese comenzar un ataque de bombardeo sobre los campamentos centrales de ambos ejércitos. En tierra, los soldados Trónicos resistían la acometida de los Drones de ciudad futura desde los fortines usados en la guerra antigua,sin ceder siquiera un palmo de tierra al enemigo, aún asi, la situación  era desesperada, los soldados enviados al frente eran considerados desaparecidos en combate desde el mismo momento en que los convoyes blindados abandonaban el campamento central. Sin embargo,ese sacrificio era necesario, sin la línea de tierra no había posibilidad alguna de resistir los embates de las devastadoras fuerzas de Ciudad Futura. Por ello, el soldado se había alistado en aquella misión de rastreo y exploración, dado que, la alternativa, era dirigirse al frente. El soldado sintió nauseas al pensar en el simple hecho de ser enviado al frente, incluso los perforadores, grandes guerreros que siempre había considerado como  indestructibles, tenían problemas para aguantar más de unos segundos fuera de las trincheras, bajo el arrasador fuego de línea de las cruces blancas, contra este ataque, que consistía en un barrido a nivel minúsculo con laser de alta potencia en forma de red de pesca, no había defensa posible. Conocía este ataque de boca de uno de los pocos supervivientes del frente que habían vuelto cuerdos del frente. A aquel tipo un Drone le había arrancado un brazo limpiamente y sus piernas habían quedado reducidas a simples jirones sanguinolientos. Sin embargo, aquel tipo de nombre olvidado, daba gracias constantemente por haber salido de aquel lugar con al menos una extremidad intacta, y no era para menos. Ya que  un superviviente del frente era  considerado un milagro viviente, normalmente, los convoyes traían cadáveres o moribundos que presentaban las habituales dantescas quemaduras provocadas por los avanzados sistemas de armamento de Ciudad Futura. Ante heridas como esas, las atenciones que recibían los heridos se reducían a una eutanasia rápida basada en un tiro en la cabeza y un entierro en una fosa común, aún asi, todos los efectivos entendían la importancia de mantener el frente e incluso algunos se ofrecían voluntariamente para ser destinados allí.

Ronar comenzó a pensar mientras corría atravesando de forma irregular las gigantescas dunas que conformaban aquella parte del desierto:

 En el fondo de su corazón no podía entenderlo… que razón existía para dejarse la vida en aquella gigantesca sartén llamada El Gran Desierto?... tantos seres vivos que veían su fin en el frente o a los mandos de vehículos de combate, tantos heridos de guerra que quedarían marcados en cuerpo y alma durante el resto de sus vidas… todo para qué?...- por venganza… por simple y cruda venganza- dijo una voz oscura en su cabeza…   la guerra está totalmente justificada. Y eso es lo único que te tiene que importar soldado de nombre Ronar Eurecian Tolezz- prosiguió la voz… Venganza, por tus hermanos y hermanas y por todos los habitantes de Pateutare que habían sido masacrados sin piedad por los Drones de Ciudad Futura.- completó

Ante estos pensamientos, el soldado dobló el paso, al tiempo que clavaba su mirada en el sur y observaba preocupado los crecientes resplandores que bañaban el desierto con una luz fantasmagórica y sombría. Él no podía saberlo, pero, mientras el soldado atravesaba el desierto en dirección al campamento central, mientras se esforzaba por atravesar el mar de dunas en dirección contraria a su auténtico destino… EL FRENTE TRÓNICO CAÍA.

Sucedió como suelen suceder estas cosas, por un error, un simple y estúpido error que en este caso consistió en no cerrar una simple puerta que conducía a una pequeña despensa donde los soldados guardaban las reservas de suero alimenticio existentes. Esa pequeña puerta, que los centinelas de ese sector habían olvidado cerrar fue la causa de todo, por esa puerta penetró la ruina del frente, la misteriosa causa de la derrota Trónica en la guerra de la trinchera Gigas que durante años y años, eruditos Trónicos buscaron sin descanso para tratar de completar el complejo puzzle que suponía la derrota de Tres Líneas. El frente Trónico, consistía en una serie de búnkeres de forma octogonal  protegidos por un gigantesco generador de escudo que garantizaba que el frente continuase siendo  totalmente impenetrable (Incluso ante los devastadores ataques de ciudad Futura). Sin embargo, dentro de este acorazado complejo, algunos de los edificios aún conservaban su antigua estructura base,de entre todos ellos,el decimoquinto edificio era especial, databa de la antigua guerra y en concreto en esa zona,  en esa pequeña sala, tras los tanques de suero que proveían  a los soldados de alimento, la pared simplemente estaba revestida de roca natural, por tanto, carecía de escudo defensor alguno.  Esto no resultó problema alguno en la antigua guerra, de hecho, los soldados agradecían este hecho ya que la temperatura de la sala era de unos 15 grados, comparándolo con los casi 75 grados achicharrantes que imperaban en el resto de la base. Por este motivo, nadie informó jamás de este hecho ya que los soldados temían que el oficial al mando restringiese las guardias en aquel pequeño cuarto, privándolos del único respiro verdadero en toda la base, quizás algún ingeniero informó de ello pero su informe fue convenientemente extraviado o quizás simplemente fuese el destino.

Ciudad Futura, utilizaba con gran eficacia unos ingenios extremadamente letales conocidos  como Drones explosivos, modelo araña o como los llamaban los soldados; Las latas de polvora (Aludiendo a su forma cilíndrica). Estos drones poseían dos pares de patas rematados en ganchos que permitían a los Drones trepar con facilidad por paredes, estos ingenios causaban pavor en las fuerzas Trónicas, ya que además de poseer tres letales vectores laser en la parte superior , estaban equipados con un potentísimo explosivo limitado por un escudo que reducía su rango a una decena de metros, no obstante, algunos de esos Drones eran usados simplemente como arietes para derribar las fortificaciones enemigas. Estos drones ariete se diferenciaban de los Drones araña estándar simplemente por ser totalmente negros, además de carentes de escudo limitador, las explosiones dejadas por estos drones en la guerra  habían creado una segunda Trinchera Gigas alrededor del frente Trónico (un abismo de cientos de metros de profundidad y casi 80 de anchoque bordeaba el frente Trónico de forma perfecta).  Además de todo su equipamiento destructor, estos drones estaban equipados con un taladro excavador en su parte superior  que les permitía abrir túneles con gran facilidad, esto usualmente era usado para transformar estos letales ingenios en terribles minas anti-vehículos capaces de atravesar el blindaje más resistente, sin embargo, recientemente,  eran usados para tender emboscadas emergiendo por la retaguardia y detonando en las posiciones vulnerables del enemigo. Ahora la táctica había evolucionado y el plan actual consistía en un intento de infiltración  Drone a traves del frente por los túneles excavados por los Tuoppis escorpión o Turydos que se extendían por todo el desierto, sin embargo la operación inicial había fracasado ya que la colmena había destruido de inmediato todos y cada uno de los efectivos enviados… salvo uno.

El Drone Uk-1352 actualizaba sus datos, casi emocionado, como  todo drone de combate de ciudad futura el uk-1352 estaba pilotado por un soldado suspendido en la red, esto quería decir que pese a que el soldado controlaba absolutamente todas las acciones realizadas por el drone. En caso de detonación o simple destrucción el soldado no sufría daño alguno, de hecho, reaparecía de nuevo en otro drone similar para guiarlo en su misión. El drone uk-1352 procesaba a toda velocidad las ordenes enviadas por su piloto, la emoción nublaba ligeramente el contenido de estas pero entendió lo básico. Habían abierto brecha, se aplicaba el paquete de misión número 32, esta misión, comprendía el hecho de que de alguna forma, uno o más drones habían logrado atravesar el impenetrable escudo y se encontraban en la base enemiga.

Cargando… aplicando paquete de misión nº 32… validando paquete… descargando directrices protocolarias restringidas… eliminando escudo limitador… espere… espere… espere… escudo eliminado… escaneando área local… área local descargada… objetivo a 1755 metros… eliminando obstáculos… espere… eliminando objetivo hostil… ejecutando… eliminación completada… Perforador destruido… dirigiéndose  a objetivo… espere… espere… espere…espere… objetivo a 35 metros… resistencia localizada… múltiples objetivos detectados… procesando… procesando… calculando consecuencias por detonación… cálculos finalizados… misión cumplida… elaborando informe… informe enviado… eyectando piloto… espere… espere… espere… piloto asegurado… detonación inminente…3…2…1…0.

La explosión inicial barrió por completo la sede de mando, el generador de escudo y los edificios 7,9,12 y 43. Sin el escudo protector, los drones ariete  desintegraron en escasos segundos los edificios restantes. A la mayoría de efectivos no les dio tiempo siquiera de darse cuenta de lo que sucedía antes de desaparecer engullidos por la cegadora luz blanca,en menos de un minuto, el frente Trónico dejó de existir. Un balance posterior indicó que el número de victimas había rozado la escalofriante suma de casi 10.000 efectivos. Los salones de Exitus recibieron una cantidad inusitada de huéspedes súbitamente  que provocó que la durmiente diosa se agitase en su sueño, molesta por los gritos que desgarraban el habitual silencio del salón, pero pronto,  regresó a su eterno sopor.

Debido a la rapidez del ataque el campamento central Trónico nunca supo que el frente había caído, achacaron la imposibilidad de comunicarse a la gran tormenta de arena que ahora azotaba el desierto y que dificultaba de forma importante el avance de Ronar.  La tormenta le había pillado por sorpresa y lo había rodeado en cuestión de segundos, la visibilidad era nula y la arena se introducía en sus ojos y boca por mucho que tratase de escupirla. Por unos instantes se quedó quieto, tratando de cubrirse inútilmente con las pieles, desistió y volvió a ponerse en marcha solo para descubrir que era incapaz de encontrar  sus huellas, lo único que le indicaba que dirección seguir dentro de aquel vórtice que ahora lo acosaba sin descanso. El soldado trataba de encontrar algún rastro de sus huellas, Esto lo condujo a andar en círculos durante lo que le parecieron horas hasta que presa de un cansancio y una sed terribles (Ya que durante su forcejeo con las pieles había perdido su odre) se desplomó sobre la arena incapaz de moverse.Poco después la tormenta siguió su camino, dejando al pobre soldado tirado en medio del desierto a merced de sus habitantes.

A Yakie le gustaba su trabajo  como conductor de transportes de exploración, combate, mercancías y expediciones. Este trabajo le brindaba la seguridad del blindaje de su L-45 y conseguía poner un plato caliente al final del día ante su familia, que constaba de 19 hijos, 3 hermanos, su mujer y 3 Pattales (Unos curiosos animales miméticos similares a los perros). En aquella ocasión Yakie, trasladaba un grupo de Ingenieros del frente al campamento central, donde les esperaba un merecido descanso tras realizar ciertas reparaciones en los generadores de energía. Los ingenieros no ofrecían mucha conversación a diferencia de Yakie, al que le encantaba bombardear con anécdotas de sus numerosos viajes a sus pasajeros, la realidad es que no era para menos: Yakie había sido una leyenda en las carreras en su juventud y le avalaban casi 40 años de experiencia como piloto. En aquel momento, Yakie, se encontraba ocupado describiendo a los ausentes pasajeros como él solo había logrado destruir un Drone clase dragón con su L-45.

-Os lo aseguro…- Relataba él con su voz cascada –Yo esquivé no se hoy todavía como la salva de proyectiles que aquel cabrón me había soltado...el aire se llenó del olor a carne quemada y metal fundido y supe que estaba solo ante aquel engendro mecánico. Tras eso decidí jugármelo todo a una carta y entonces… Oh mierda…- Cortó. –Chicos, vamos a tener un trayecto un poco movido dentro de unos minutos… pero tranquilos eh? Que no hay tormenta que pueda con Elen…- Aseguró mientras se abrochaba el cinturón y se atusaba el grueso bigote de morsa que poblaba su cara. La tormenta se acercaba hacia el vehículo a gran velocidad, semejaba que el desierto deseaba jugar a ser mar y había decidido empezar con un pequeño Tsunami ,que ahora se arrojaba, contra el L-45 y su intrépido conductor.Penetraron en la tormenta con un rugido de motor y tras eso durante 3 casi 4 horas no escucharon nada más que el terrible aullido del viento. La visibilidad se redujo a una ilusión y la oscuridad los cubrió por completo, Yakie ni siquiera trató de encender las luces , sabía por experiencia que eran totalmente inútiles ante un fenómeno como ese. Esquivó casi por instinto los dos Femárides que se cruzaron en su camino y aumentó la velocidad del L-45. El vehículo se desplazaba dando violentos bandazos que amenazaban constantemente con hacerlo volcar, sin embargo, Yakie siempre lograba mantener el control en el último segundo devolviendo al L-45 la estabilidad, al menos durante unos segundos. La fuerza de la tormenta crecía por momentos, golpeando sin piedad al L-45 mientras este luchaba por no ser arrastrado, los pasajeros habían abandonado su actitud ausente y ahora miraban de forma nerviosa al conductor. Yakie, al reparar en esto, se apresuró a tranquilizarlos:

 -Tranquilos amigos, Elen (Asi llamaba de forma cariñosa a su L-45) nunca me ha fallado en mis 38 años de piloto. Os digo que esta tormenta no es nada, las he visto mucho peores, la clave está en no disminuir la velocidad…-se interrumpió para esquivar de un brusco volantazo a un Femárides que dormitaba en el medio de la planicie que ahora atravesaban y al que estuvieron a punto de arrollar.
.
-Maldita sea!,… bien como os decía, si disminuímos  por un casual la velocidad, la tormenta nos arroyará y es probable que no lo contemos… pero si mantenemos esta velocidad seremos como un cuchillo que 
atraviese la mantequilla… y hablando de mantequilla. ¿Quereis unas barritas coronel Skar?, si?, toma  toma y tu reparte las demás… Y estad Tranquilos eh?, saldremos de esta, como que me llamo Yakie Rafert Fife.-

La situación se prolongó 3 horas más, 3 horas insomnes que transcurrieron con lentitud, salvo para el piloto. Yakie, a diferencia de los ingenieros, disfrutaba de la situación enormemente, para él aquel tipo de  cosas le hacían sentirse vivo, le daban un sentido a su existencia, era algo mágico que solo Elen y Yakie eran capaces de entender, le recordaba a cuando competía en las carreras ilegales Trónicas en el mar de chatarra, donde era ganar o morir. Por eso la decepción tiñó la voz de Yakie cuando anunció:

-Bien chicos, esto se ha acabado, Lo que os decía no?, no hay tormenta que pueda con el viejo Yakie amigos míos… Jajajajajaja, en fin, ya estamos fuera, que precioso cielo nocturno… Hoy Lifer está enorme… a mi hijo pequeño le encanta Lifer, tiene su cuarto lleno de trastos de astronomía y yo siempre… un momento!, que es eso?.-

 Los potentes sensores del L-45 habían llamado la atención del viejo piloto, a unos 3km al norte según el radar se encontraba un ser humano.Yakie meneó la cabeza con desaprobación, era imposible que alguien merodease por aquella parte del desierto en plena noche  menos aún en medio de una tormenta de arena. Aún así Yakie volvió a consultar el escáner, más por  averiguar si el escáner había sufrido una avería durante la tormenta que por tratar de averiguar si era un ser humano lo que el radar había detectado. Sin embargo,  no había error posible, era un ser humano, con un suspiro Yakie informó de la situación a los ingenieros que  aprobaron su petición de comprobar la zona e investigar el origen de la señal. Con un giro de volante, El L-45 comenzó a ascender por una enorme duna de formación reciente al tiempo que un timido sol despuntaba en el horizonte, Yakie contempló el amanecer mientras se toqueteaba el bigote en busca de los restos de la barrita Coronel Skar que había engullido durante la tormenta, el vehículo coronó la duna y descendió a toda velocidad en dirección al bulto que ahora era visible y que aguardaba tirado en el desierto a unos 500 metros de distancia, al pie de la duna. Suspirando de nuevo, Yakie se desabrochó el cinturón de seguridad que le oprimía la voluminosa panza y abrió la compuerta de salida, acto seguido se incorporó y descendió por la escalerilla que conducía a la dorada arena, el viento cortante agitó su melena plateada que alcanzaba  la nada desdeñable longitud de su cintura. Sus pesados zapatos de seguridad hicieron contacto con la arena con un peculiar crujido, con calma, comenzó a aproximarse lentamente al bulto que yacía a apenas unos 20 metros de su posición, al alcanzar el enigmático bulto cubierto con burdas pieles. Yakie, comenzó a desenvolver otra sabrosa barrita energética al tiempo que con el pie, retiraba las pieles lo suficiente como para revelar a un muchacho alto, delgado, de cabello rizo negro y con signos de violencia por toda la cara; su nariz ligeramente torcida, el labio aún sin curar del todo, el morado que adornaba su ojo… Fuese quien fuese aquel pobre diablo, había recibido una buena tunda- Pensó el viejo piloto al tiempo que se metía la barrita entre los escasos dientes que aún le restaban y se cargaba al muchacho al hombro, sin esfuerzo aparente.

Acto seguido, regresó al  vehículo y entregó al inconsciente muchacho a los ingenieros, que lo observaban con una mezcla de curiosidad y sospecha. Cerró de nuevo la compuerta y puso a Elen de nuevo en marcha, el L-45 respondió con un suave ronroneo y Yakie ejecutó un temerario trompo, ignorando las protestas que llegaban del compartimento de pasajeros el piloto sonrió.

-Y ahora… sin más preámbulos… A casa Elen!!- Gritó con voz potente y descendió la duna a toda velocidad hasta perderse en El gran desierto.


Ronar despertó con un potente reflector de luz que le golpeó en la cara cegándolo por completo, trató de moverse instintivamente pero descubrió que estaba completamente atado de forma tan experta que no podía moverse un solo milímetro. El haz le golpeaba en pleno rostro obligándole a cerrar completamente lo ojos. No bien había cerrado los ojos cuando oyó que alguien cerraba una puerta metálica, tomaba asiento o al menos arrastraba algo similar a una silla y depositaba algo en ella. En ese momento un voz potente, profunda y afectada habló:

-Nombre?-

Ronar no respondió en el acto y eso le costó caro. Tras un tiempo de 7 segundos exactos recibió un puñetazo en plena cara que volvió a fracturarle su mal curada nariz, Ronar gritó de dolor al tiempo trató de abrir los ojos sin éxito, tras unos segundos notó de nuevo la sangre chorreando por su cara y entonces regresó la voz:

-Nombre?:

-Ronar Eurecian Tolezz- contestó de inmediato. Prefería no tentar demasiado a la suerte.

No hubo golpe esta vez, tras una pausa breve de menos de un minuto la voz continúo:

-Ronar Eurecian Tolezz, se le considera muerto en acto de servicio, en concreto en una misión de exploración. Como explica el hecho de que lo encontrara un transporte a más de 350 km de su posición original  de desaparición?-.
-Qué?…  un transporte?, no recuerdo…- esta vez el golpe fue entre las costillas. El soldado comenzó a toser mientras pugnaba por respirar, la fuerza de los golpes le recordaban las caricias de Alma solo que carecían totalmente de aquella delicadeza que siempre distinguía sus golpes. La voz regresó, como ajena a las circunstancias, el tono no había cambiado pero Ronar adivinó un deje de impaciencia:

-Expliquese o nos veremos obligados a usar métodos más severos, no le conviene alargar mucho más su estancia aquí sabe?. Si es usted quien dice ser no hay ningún problema, le soltaremos y  trataremos sus heridas, ya que al fin y al cabo usted es uno de los nuestros, sin embargo, debo confesarle que tememos que sea usted un espía del bando enemigo, si bien es cierto que es poco probable, en estos tiempos no podemos correr riesgos innecesarios. De ser asi usted ya conoce su destino, lo que si puedo decirle es que si no responde a todo lo que le pregunto, es decir, si se niega a cooperar… jamás saldrá de esta sala con vida.

La voz  se detuvo, sin duda, esperaba causar miedo en el corazón del  prisionero.  Y en el caso de Ronar funcionó a las mil maravillas. La voz esperó un par de minutos antes de proseguir.

-Bien, ha decidido cooperar?-

-Si,- Contestó el soldado secamente.

-Explique cómo llegó hasta el lugar donde lo encontraron-

-Fui… salvado-

-De qué fue salvado- Preguntó de inmediato la voz.

-De… de unos monstruos con forma de insecto, nos atacaron y creo que toda mi patrulla fue asesinada…-

-Limitese a contestar la pregunta, no nos interesan sus divagaciones-le cortó la voz.

-Por quien fue salvado?- continúo.

-Por un habitante del desierto…-

-Un habitante del desierto?, expliquese- inquirió la voz.

Ronar procedió a explicarle todo con pelos y señales, el túnel, la salvación, su estancia con su salvadora y finalmente su marcha, la voz permaneció en silencio mientras el soldado desgranaba sus últimos 12 días, aunque por alguna razón omitió el incidente del nombre. No hubo interrupciones durante su relato, que duró aproximadamente 1 hora,finalmente, la voz emitió un profundo suspiro y comenzó a hablar:

-Es decir, que usted fue rescatado por una niña que posee una fuerza increíble, capaz de matar a un femárides de un puñetazo cuando hasta nuestros perforadores tienen problemas al lidiar con tales criaturas. Además de eso, la niña en cuestión vive sola, sin padres en uno de los lugares más inhóspitos de todo Eternal. Ah! Si claro!, tiene en teoría  un refugio decorado con un montón de pieles de lagartos que ha cazado, y encima de todo eso usted abandonó a esa niña para regresar al campamento base, solo, sin comida y únicamente provisto de un supuesto pellejo de agua. Pero claro, ya no lo tiene porque fue sorprendido por una tormenta de arena y acabó desmayándose de cansacio… Amigo, reconozco una cosa: es usted valiente, nadie hasta ahora ha tratado de tomarme el pelo de esta forma, te felicito esta es la historia más falsa que he oído en mi larga vida de interrogador… y creeme... he oído cosas muy curiosas...Bien, tu que crees que debería hacer contigo y esa especie de explicación delirante que me has dado?.-

-Haga lo que quiera, yo le he contado la verdad.- Contestó Ronar abatido, ya estaba, era hombre muerto.

-La verdad… curioso concepto cita usted… en mi opinión es usted un espía y un mentiroso, será fusilado y su cuerpo será arrojado al desierto donde las alimañas y los Turydos, así  se llaman esos monstruos que le atacaron darán buena cuenta de él. O al menos eso es lo que me gustaría poder hacerle con mis propias manos, sin vacilación ni piedad…pero... parece que mis superiores no están de acuerdo conmigo y han decidido que si que es usted Ronar Eurecian Tolezz, por tanto su destino ya no me compete a mi, lástima…  en fin, ha tenido suerte. Desatadlo, dadle de comer y de beber e internadlo en el pabellón médico... Sacadlo fuera de mi vista…-

Ronar notó como alguien aflojaba sus ataduras, el soldado se masajeó las dormidas manos  mientras lentamente se ponía de pie sin poder creerselo todavía, estaba vivo e iba a vivir, sintió que podría ponerse a cantar pero se abstuvo de hacerlo. Todavía estaba cegado y notaba el sabor de la sangre en la boca, sin miramientos, alguien lo agarró de la mano aún dormida y sin mediar palabra alguna fue guiado hasta una diminuta habitación. Era un cubículo de no más de  3 metros de largo, totalmente desprovista de muebles salvo una silla metálica y una pequeña mesa, la vista del soldado se recuperaba lentamente pero pudo detectar al instante los pequeños envases metálicos que aguardaban encima de la mesa. Se abalanzó sobre ellos y engulló las raciones de comida Trónicas compuestas por una pasta gris de sabor neutro y un liquido blanco ( cuyo sabor se aproximaba bastante a una cerveza sin alcohol rebajada con agua) con una voracidad rayana en la desnutrición. No tardó ni cinco minutos en dar cuenta de la comida, sus centinelas aguardaron pacientemente sin hace comentario alguno hasta que constataron que había finalizado tan frugal almuerzo, acto seguido lo condujeron por una serie de pasillos metálicos con una gran cantidad de puertas, el soldado los reconoció al instante; Los barracones de los regulares, cuantos días había pasado Ronar limpiando aquellos pasillos que siempre estaban en silencio, por muchos  efectivos que circulasen por ellos, no se oía una voz en ningún momento del día, la razón era muy simple, no había motivo alguno de alegría en que finalizase un día…si otro idéntico o peor te aguardaba.

Sus captores aceleraron el paso y finalmente lo condujeron al exterior. La luna de Lifer  pendía como una esfera de agua pura  en el firmamento, el viento seco y frío del desierto le agitó el cabello, el soldado movió la cabeza para aprovechar mejor la sensación de libertad, con calma, respiró profundamente, la nariz le dolía pero quizás fuese ya cuestión de costumbre porque la verdad no le daba demasiada importancia. Los dos soldados que lo escoltaban le increparon en un tono hueco que se pusiese en marcha de nuevo, el campamento permanecía completamente silencioso y oscuro, salvo por las intermitentes luces producidas por las numerosas hogueras que indicaban el lugar de las patrullas Trónicas. Rápidamente, descendieron hasta la hoguera más cercana, antes de llegar, torcieron a la derecha y se internaron en la oscuridad, los dos soldados portaban linternas que iluminaban una suerte de camino metálico que había sido cubierto por la arena. Tras unos minutos siguiendo el camino, Ronar distinguió la forma de una gigantesca duna, en su base, se adivinaba una compuerta custodiada por no menos de seis figuras que aguardaban inmóviles. Al llegar hasta la puerta, las figuras dieron el alto a sus carceleros, un perforador  (Un soldado equipado con una armadura acorazada de casi 4 metros de altura, provisto de un taladro gigantesco en una de sus manos y una ametralladora de plasma pesada en la otra) interrogó con rapidez a los soldados por el motivo de su visita, estos le explicaron que Ronar había sido identificado como un posible espía. El perforador frunció el ceño durante un instante pero finalmente asintió y se apartó, al instante el resto le imitó y Ronar se internó en el pabellón médico.



Las paredes blancas que revestían su habitación ofrecían un panorama más que de curación, de desesperación. Siniestros artilugios quirúrgicos reposaban en una mesa de tonalidad clara ubicada en la esquina, su cama, de un blanco cegador, yacía en el medio de la habitación iluminada por luz totalmente artificial, un gotero descansaba al lado derecho de esta junto con una pequeña mesita auxiliar con varios Neuro-Libros de temas tan apasionantes como: Vida feliz, guía de como vivir en armonía sin necesidad de Neuro-estimulantes artificiales experimentales u otro todavía más positivo llamado Lo que se oculta tras el velo, un estudio de lo que nos aguarda tras la muerte…

La puerta de la habitación estaba firmemente cerrada, ya lo había comprobado cuando diez minutos atrás lo habían dejado solo en aquella habitación que apestaba a muerte y a sueños rotos. Ronar tomó aire y golpeó con el puño la puerta al tiempo que las lágrimas recorrían su cara y se mezclaban con la sangre reseca cayendo al suelo donde formaba rosas liquidas que parecían mirarlo de forma burlona. Había cometido un terrible error, debía de haberla acompañado, acompañarla si era necesario al fin del mundo y más allá. Pero en lugar de eso la había rechazado y ahora era juzgado como espía, como traidor. Había atravesado el desierto y renunciado a la libertad para encontrarse con el devastador puño mecánico del ejercito Trónico. –Tanto esfuerzo… tanto sacrificio… tanta lealtad… para esto- pensó Ronar. Encerrado en un habitación subterránea, juzgado como espía y probablemente sería ejecutado por ello… -Salve Trónico, patria de la libertad!- pensó con amargura, durante casi 40 minutos se mantuvo en pie mientras reflexionaba sobre la auténtica cara del ejército, la inhumanidad que imperaba era dantesca y reflejaba la verdadera naturaleza de su pueblo: Una naturaleza mecánica fría y eficiente que no permitía ningún tipo de piedad o pensamiento. Nadie acudió en las siguientes  3 horas según su neuro-reloj y Ronar finalmente optó por tumbarse en la cama y sumirse en un sueño superficial y febril.

La habitación había cambiado, ahora era negra y goteaba un liquido rojizo que se le antojó sangre, la puerta era ahora una bestia de fauces horrendas y rostro metálico que no  cesaba de escupir epítetos acerca de la libertad, el respeto y la paz con voz solemne y deshumanizada. Las sabanas poseían una textura y un olor similar al de la carne humana y el gotero parecía haber cobrado vida y trataba inútilmente de atacarle con la aguda púa con la que estaba dotado, el suero antes blanco ahora era de un color negruzco donde tumores innombrables flotaban en la superficie costrosa de color rojizo que lo cubría. El soldado se incorporó de un brinco y saltó de la cama, el suelo al igual que la pared estaba inundado de sangre, Ronar se incorporó empapado en aquel icor rojo que apestaba a muerte y a vacío lentamente y vio con horror como las fauces de la bestia ondulaban hasta transformarse en una compuerta totalmente negra, sin picaporte ni manilla alguna, una simple lámina de pura oscuridad. El soldado se acercó a la puerta chapoteando entre la sangre que se acumulaba en la habitación pero antes de que pudiese abrirla esta se abrió y desde la más infinita oscuridad penetró por ella un grupo de sombras sólidas que planearon de forma espectral por la habitación, Ronar chilló y trató de huir sin embargo la puerta se había cerrado, las sombras comenzaron a ondularse y aterrizaron frente a la cama, como monstruosas garrapatas comenzaron a inflarse al drenar la sangre que cubría el suelo,Ronar retrocedió horrorizado, finalmente las sombras eliminaron la sangre de la habitación y comenzaron a moldearse de forma extraña hasta tomar la forma de hombres deformes.

-Asi que este es el…-comenzó una de ellas.

-Shhhhssss- cortó otro

-No es un poco joven para…?-

-Que cierres la boca!-

-No lo creo, yo a los siete años ya había cazado un blanco…-

-Una somanta de palos es lo que vas a cazar como no te calles…-

- Ya amenazas? No amenaces si no puedes cumplir…-


-Silencio- Cortó la más grande de las sombras.

Era difícil discernir si su piel era negra o simplemente el tono negro era debido al hecho de que fuese una sombra difusa, sus ojos en cambio era profundos penetrantes y estaban llenos de luz verdosa antinatural, portaba en las manos un gran martillo de lo que parecían ser sombras sólidas y una gruesa armadura del mismo material provista de puntas misteriosas que brotaban de forma aparentemente aleatoria por toda su estructura.

Alzó su martillo y golpeó a las demás sombras hasta que estas finalmente cesaron su parloteo y se disolvieron, acto seguido se acercó a Ronar y le puso una enorme mano informe sobre el hombro, el tacto era viscoso y muy frío, similar al pescado semicongelado. Entonces fijó su mirada en el soldado y comenzó a hablar, su voz estaba terriblemente distorsionada y perforaba los tímpanos del soldado con espantosos gallos que rivalizaban con las sirenas de aviso de ataque de las fuerzas Trónicas:

-Soy Gram Khram y lamento invadir tus sueños pequeño… pero hay algo que tienes que saber… y no queda tiempo...-

-Qu-Qué eres?- preguntó el soldado con voz entrecortada al tiempo que trataba de retroceder, pero, el abrazo de la sombra era férreo.

-Soy…o más bien debería decir era, hasta hace escasos quince minutos, un cazador del valle de Ann… un mercenario si así lo prefieres ver… la cuestión es que tienes que despertar… te han inyectado un suero que te mantiene profundamente dormido pero…debes resistir y despertar... algo muy grave ha ocurrido… debes salir de aquí… como puedas…tu destino no es morir aquí... ese es mi mensaje… ahora despierta y vete…-

-Que ha sucedido?!-inquirió Ronar con un deje de pánico en la voz-Que es eso tan grave?!-

-El esferador de escudo… ha caído… el de este campamento… ahora debes despertar muchacho- contestó rápidamente la sombra.

Ronar sintió como el miedo le invadía  como si se tratase de una ola de agua helada, lo notó filtrarse dentro de él pugnando por hacerle gritar y que la esperanza lo abandonase. Hasta aquel momento había albergado la esperanza de poder escapar en un despiste de los médicos, conocía bien el campamento y aprovechando la noche la idea de escapar no parecía tan complicada, era una esperanza casi nula pero estaba ahí, ahora, ante tan terribles noticias, Ronar se sintió desfallecer, el miedo había tomado el control y ahora lo dominaba por completo. Trató de zafarse del abrazo de la sombra y precipitarse a la infinita oscuridad pero esta, adelantándose a sus movimientos, le bloqueó el paso justo antes de que pudiese cruzar la puerta. Acto seguido, tomó a Ronar por una mano y lo acercó a su rostro al tiempo que decía:

-Creeme pequeño, no quieres salir ahí afuera… lo que alberga esa oscuridad es algo que no quieres conocer… si yo estuviera en tu lugar despertaría lo más rápido posible… verás, mientras hablamos aquí… amigablemente… el tiempo corre… y ya sabes lo que se aproxima…cuando ha caído el escudo…puedo verlo entre tus pesadillas… la limpieza blanca…entonces si fuera tu…trataría de salvarme…quizás aún puedas alcanzarla…ya sabes de qué hablo…ahora…mírame y dime…lucharas como lo haría un guerrero?...o te hundirás con nosotros en la infinita oscuridad?... No hay mucho tiempo…decide rápido pequeño…-

Ronar tragó saliva mientras trataba de imponerse al miedo, la voz le temblaba de tal manera que no pudo hablar, solo asentir, algo que Gram Khram interpretó como un: -si, lucharé-.

La sombra sonrió al tiempo que acercaba su boca a la oreja de Ronar para susurrarle:

-Bien hecho…Una cosa más… si algún día visitas el valle de Ann… Busca a Gram Kamino y dile…. Dile que su padre le considera digno de entrar…él lo entenderá… ahora permite que te ayude una vez más… te ayudaré a despertar… Adiós Eurecian… y… Buena  Suerte…-. 

Acto seguido, la sombra le asestó un mordisco que se transformó en una explosión de dolor en la oreja izquierda. Y Ronar despertó.

Despertó justo en el momento en que su cama comenzaba a desplazarse contra la pared de la habitación, de un salto e ignorando tanto el gotero, como el abrasador dolor en la oreja que lo atenazaban se precipitó fuera de la cama, de forma inconsciente se arrancó el gotero que rodó hasta estrellarse contra la pared con un sonido metálico. Acto seguido la cama siguió el gotero y esta si que emitió un crujido importante al abollarse por el impacto, sin embargo, el sonido de la cama era melodía de violines comparado con la marabunta de sonidos y gritos que surgían de más allá de la puerta. Ronar se dirigió a toda velocidad hacia la puerta y comprobó que seguía cerrada, retrocedió rápidamente y cargó contra ella, la puerta emitió un sonido metálico horrible pero permaneció inmutable,en ese momento el soldado escuchó una cacofonía de metálica espantosa que se intensificaba con cada segundo que pasaba, se agachó por puro instinto segundos antes de que una inmensa viga metálica destruyese parte de la pared y aplastase totalmente la puerta. Se levantó con el corazón latiéndole a toda velocidad y  se precipitó al pasillo, la inclinación del pabellón todavía permitía desplazarse por él, pero, esta aumentaba por momentos y la viga que ahora bloqueaba el pasillo comenzaba a emitir unos crujidos que indicaban de forma inequívoca que podía ceder en cualquier momento. El miedo dio alas a los pies de Ronar, que enfiló el pasillo a toda velocidad en dirección a la abertura que se adivinaba en la cima de la viga metálica, Ronar esquivaba los restos metálicos que caían rodando por el pasillo en dirección desconocida ya que Ronar en ningún momento consideró viable mirar atrás. Respirando con dificultad por fin alcanzó la viga y comenzó a trepar  por la inestable masa de escombros hasta alcanzar la abertura, sin embargo, esta se hallaba bloqueada por un trozo de lo parecía ser  los restos de una camilla. Desesperado, continúo escalando haciendo caso omiso a los cada vez más frecuentes crujidos que emitía la pesada viga. Soltó un grito de alegría cuando vislumbró un posible paso hasta el otro lado del pasillo y se arrastró penosamente por el estrecho hueco que separaba la viga del techo, sin siquiera pensarlo, cayó los dos metros que lo separaban del suelo entre camillas y material médico. Además del lógico dolor al caer de cabeza sobre un montón de material médico y restos de pared, notó en particular un afilado bisturí hundirse en su nalga derecha con lo que lanzó un grito de  mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de dolor, aunque, eso no le impidió incorporarse,  y tras arrancarse el afiladísimo instrumento quirúrgico que arrojó sin pensar comenzó a correr a toda velocidad en dirección a la salida que se perfilaba a unos cien metros en línea recta. Sin embargo, había perdido mucho tiempo, Con horror no tardó en comprobar que la inclinación comenzaba a aumentar de manera alarmante, más alarmante aún era el hecho de que un horrible crujido indicaba que la viga había cedido y que ahora la caída sería letal.

 Aún asi no cejó en su empeño e ignoró totalmente los brutales pinchazos que comenzaba a notar en las piernas, apenas quedaban  6 metros cuando sintió que comenzaba a resbalar, la pendiente era excesiva, ya no podía avanzar, mantener el equilibrio era una ilusión al igual que alcanzar la puerta que blandía un rótulo ahora torcido que anunciaba: SALIDA. Con un  aullido de terror se aferró al picaporte de la puerta más cercana para no caer y observó impotente como entre aterradores crujidos y chasquidos las paredes comenzaban a resquebrajarse, la arena comenzó a entrar a raudales  en el pabellón, acelerando aún más su inevitable hundimiento.  El soldado se aferraba desesperadamente al  picaporte de la puerta, cualquier cosa antes que soltarse y precipitarse al vacío que ahora se abría bajo él, sus pies pataleaban en el vacío intentando aferrarse al marco de la puerta. Tras unos segundos comprendió que era inútil  y entonces trató de respirar con calma,el miedo comenzaba a invadirlo de nuevo, notaba  a los terribles pinchazos de sus piernas sumarse terribles calambres en los brazos, la cada vez más oscura idea casi certera de que la muerte era su único destino comenzaba a mermar su voluntad.  En ese momento recordó la única frase dicha por su padre que le sería útil en muchas ocasiones:- Ronar, cuando el miedo te atenace de forma incontrolable es cuando no tienes tiempo de tener miedo, afronta lo que te asusta y cuando estés a salvo ya tendrás tiempo de tener miedo-. Ronar suspiró al tiempo que trataba de apoyar al menos un pie en el marco de la puerta, lo que fuera para darse el impulso que necesitaba para apoyarse sobre el picaporte alargado de esta. Al cabo de unos segundos sucedió algo inesperado: la puerta se abrió y Ronar estuvo a punto de soltarse por la sacudida, su cuerpo quedó suspendido simplemente del picaporte al que se aferraba con un brazo desesperadamente. Desde el torcido umbral de la puerta caminó vacilante un renqueante y aturdido enfermo que dio  unos pasos antes de observar el vacío desde la puerta, Ronar no se lo pensó un segundo y gritó:

-Tu!, ayúdame!, rápido!-. El enfermo se sobresaltó de tal manera que estuvo a punto de precipitarse al vacío. Acto seguido se asomó con cautela y observó con estupor a Roran, rápidamente se agachó con dificultad y procedió a quitarse el cabestrillo que le envolvía el brazo, con cuidado le tendió una mano totalmente vendada. El soldado calculó mentalmente las posibilidades de que tuviese fuerzas suficientes para tomar el impulso necesario, finalmente  tomó aire y se soltó del picaporte al tiempo que se aferraba al brazo del enfermo, en un principio el enfermo se inclinó peligrosamente,sin embargo, recuperó el equilibrio y comenzó a tirar del brazo, en menos de 1 minuto  entre quejidos y resoplidos finalmente Ronar se encontró en la relativa seguridad que ofrecía la puerta. Ronar permaneció unos instantes en el suelo sin levantarse mientras asimilaba el hecho de que seguía vivo. A continuación sin perder un instante, abrazó al desconocido como no había abrazado a nadie en su vida, el enfermo de ojos grises emitió un débil grito de dolor que Ronar ignoró completamente, el desconocido trató de hablar pero Ronar le cortó antes de que pudiese empezar siquiera. La razón era muy simple, el soldado había encontrado una forma de salir del atolladero en el que se encontraban: de la pared adyacente a la puerta, partían unos soportes para colocar camillas que impulsados por un generador independiente transportaban al enfermo con gran celeridad al quirófano,Ronar  los conocía de anteriores visitas al pabellón médico. por fortuna, el interruptor de activación estaba a su alcance, en concreto justo al lado de la puerta. Tras explicarle rápidamente el plan, el enfermo meditó un par de segundos antes de asentir . Ronar se aferró al soporte y con gran lentitud debido a la inclinación, comenzó a ascender hacia la salida, hacia la salvación, la arena   le golpeaba el rostro, los calambres de sus brazos regresaron con más fuerza todavía pero no le importaba en absoluto, lo había conseguido . Finalmente sus pies pudieron tocar tierra y con la sensación de que se le fueran a caer los brazos, el soldado, se arrojó al suelo, permaneció un par de segundos recobrando el aliento. Acto seguido se levantó y se aproximó con cautela al borde, a unos cinco metros el enfermo que le había salvado, ahora le miraba con tristeza, Ronar entendió al instante el por qué: La puerta estaba a punto de ceder, apenas le quedaban unos segundos antes de que se desprendiese finalmente, tiempo insuficiente para que el soporte pudiese llegar a tiempo, el enfermo negó con la cabeza y se encogió de hombros… Ronar golpeó con el puño la pared mientras las lágrimas se escapaban de su cara y caían al vacío. La puerta cedió finalmente, y el enfermo quedó tristemente suspendido por su brazo del marco de la puerta, el soldado repasó con la mirada a su alrededor en busca de algo que permitiese salvar a aquel desconocido que había intercambiado su vida por la de Ronar, tras unos segundos, el soldado finalmente desistió y clavó la mirada en su anónimo y condenado salvador, aquellos ojos grises, aquel pelo largo y enmarañado y aquella mirada de: -No importa- le perseguirían toda su vida. La triste mirada que ahora se clavaba en él le impelía a gritar, a llorar, a hacer cualquier cosa por salvarlo, sin embargo, el destino de aquella persona estaba sellado. El brazo finalmente se soltó y como si el tiempo se hubiese detenido por completo, el enfermo comenzó a caer al vacío, su cuerpo descendía suavemente, su cabello ondulaba de forma fantasmal y etérea, pero lo peor, verdaderamente desgarrador para el alma del soldado era sin duda  alguna las palabras que formaban los labios de aquel anónimo personaje que ahora fallecía empalado en los afilados restos metálicos que leo aguardaban doscientos metros más abajo.

Esas palabras le perseguirían toda su vida.

Ronar grito mientras corría a toda velocidad en dirección a la puerta de salida, gritaba para no desgarrarse por dentro, gritaba para intentar reducir su culpabilidad, pero sobretodo, gritaba para que alguien le oyese, para que si alguien seguía ahí fuera, que lo esperase. Salió al desierto solo pero a la vez acompañado… por una auténtica masacre.

Al ceder el generador de escudo, los Turydos, guiados por su instinto asesino, atacaron a un campamento Central totalmente conmocionado por las gigantescas explosiones de los drones arietes que se habían lanzado por los túneles subterráneos hasta situarse justo debajo del generador de escudo. La explosión había destruido por completo el pabellón médico, la armería y el barracón principal: en pocas palabras, Trónico había perdido la guerra.

Los supervivientes pugnaban por huir de los Turydos antes de que la inevitable limpieza blanca llegase, cualquier vehículo era asaltado sin miramientos… por ello todos los vehículos se hallaban destruidos o habían abandonado el campamento… Todos menos uno...

Un viejo L-45 que intrépido zigzagueaba entre los turydos y las ruinas en dirección a la libertad. Yakie se sentía vivo, por fin una situación de peligro de muerte real!, como caundo era un joven de 20 años!!,un desafío digno de Elen y su experto conductor. La opinión de los casi 25 soldados que se apretujaban dentro del L-45 era otra, querían salir de allí lo antes posible , con cada violento bandazo del L-45 un profundo hedor a orín invadía el vehiculo, Yakie fingía no escuchar las protestas, en cambio, como contestación,una vieja cinta comenzó a sonar en el vehiculo, tras un violento bandazo Yakie vio algo que le hizo dar un trompo completo que provocó que el olor a vómito se sumase al olor a orines, haciendo como que no oía las blasfemias que provenían del compartimento de pasajeros, el viejo piloto frenó por completo el L-45, aguardó los 19 segundos que calculó que su nuevo pasajero tardaría en llegar hasta él y acto seguido abrió la puerta.

Ronar contempló con estupor como el transporte que acaba de divisar viraba en redondo ante sus señales, paraba y le daba las luces, sin pensarlo siquiera, Ronar se precipitó tropezando y cayendo contra la arena en varias ocasiones antes de aparecer ante el vehiculo que abrió su puerta para revelar a un conductor más bien gordo, de larga melena, dotado de un bigote canoso( que haría llorar de envidia /orgullo  a Otto Von Bismark) comparable a sus no menos velludos brazos que le señaló el asiento del copiloto al tiempo que decía:

-Ding Dong… atención señores pasajeros, el último transporte para salir del infierno va a salir en escasos cinco segundos… Vienes, chico?-

No había nada que pensar, Ronar ascendió de un salto y cerró la puerta del vehículo al tiempo que se desplomaba sobre el asiento. Yakie arrancó el L-45 y pivotó de un volantazo hasta volver a colocarse sobre el camino inicial, con un rugido Elen arrancó atropellando a un Turydo que se aproximaba por la retaguardia, el caparazón de la criatura crujió cuando el L-45 la arroyó sin miramientos dejándola totalmente destrozada en la arena. Yakie sonrió a través de su increíble bigote y tendió una barrita Coronel  Skar que Ronar aceptó y deglutió de un solo bocado. El L-45 se baría paso entre la marea de Turydos y ruinas con una habilidad que solo podía calificarse como perfección. Yakie reía mientras efectuaba maniobras casi suicidas y Ronar prudentemente optó por abrocharse el cinturón. Finalmente y tras aplastar a un molesto y persistente Turydo que se empeñaba en contarles el paso, el L-45 se alejó del campamento… pero no lo suficiente.

Las luces blancas comenzaron a recortarse contra el horizonte cuando el L-45 apenas se había alejado un centenar de metros. Yakie maldijo y pisó a fondo el acelerador, Ronar sintió que el corazón se le detenía: Tanto esfuerzo… para esto?-.pensó mientras las luces se intensificaban hasta tal punto que el L-45 totalmente negro parecía durante unos instantes completamente blanco. La luz los cegó, se oyeron gritos, los chillidos de los Turydos  al desintegrarse o quemarse… y después ya no hubo nada.

Tras aquel incidente, la zona conocida como la trinchera Gigas, pasó a llamarse, las tres líneas de la derrota, una hace 250 años a manos de Trónico, las dos actuales son de Ciudad Futura y representan dos cosas: La caída de la tecnología frente a la inteligencia y que ciudad futura no conoce la piedad. Esos dos recordatorios perduraran en el mundo de Eternal, mientras una de estas dos facciones siga con vida. La primera división del ejercito Trónico fue totalmente destruida y el odio impera en estas dos facciones que no cesarán su guerra hasta que una de las dos caiga.

Yakie observó al muchacho que ahora se alejaba caminando en dirección a aquellas perdidas montañas donde según él le esperaba una persona que requería su compañía, al principio Yakie había pensado que el muchacho le tomaba el pelo, nadie habitaba en el desierto como el aseguraba, sin embargo, el tono y su mirada hacían dudar al viejo piloto que dudaba entre dejarlo marchar o acompañarlo hasta su misteriosa acompañante. Le bastaron un par de segundos para decidirse, en cuanto pusiese un solo pie fuera de Elen cualquiera de aquellos malandrines que tenía por pasajeros se apropiaría de su tesoro y se perdería en el desierto. Sin embargo, no podía dejarlo marchar así, le recordaba tanto a su hijo más pequeño… Yakie tomó aire y gritó:

-Ronar!, más vale que te cuides!, me oyes?, y si algún día regresas a Trónico pásate por el taller de Rafert & Fife y pregunta por mí… de acuerdo?-

Ronar no dio señales de haber oído al piloto, este meneó la cabeza con desaprobación y con una manó comenzó a atusarse el bigote  mientras arrancaba de nuevo el L-45 y se perdía en el horizonte preguntándose si alguna vez volvería a ver a aquel pequeñajo. Ronar no había girado siquiera la cabeza para ocultar las gruesas lágrimas que ahora rodaban libres por su mejilla y veían su fin en la arena, nunca podría pagar la deuda que había contraído con Yakie. Nunca jamás. Ronar se detuvo un momento y observó como el L-45 de nombre Elen se perdía en la distancia hasta desaparecer, acto seguido extrajo una barrita Coronel Skar y la engulló dedicando cada mordisco al viejo piloto de legendario bigote, tenía dos pero reservó una, al fin y al cabo alguien le esperaba a no más de 500 metros.


 Ella le esperaba sentada en lo alto de una de las primeras rocas que marcaban el fin del desierto contemplando el anochecer embelesada, él se acercó lentamente, no había prisa, ya no. Por fin estaba donde tenía que estar, por fin estaba en su sitio. Ella al verle lanzó un grito de júbilo y saltó los casi 7 metros desde lo alto de la roca hasta el suelo de forma limpia y por supuesto sin recibir daño alguno, él ya no se sorprendió, como tampoco lo hizo cuando ella trató de asestarle un rápido puñetazo. Es más, lo esperaba, por eso se adelantó y transmitió todo lo que había vivido, todas las emociones, todos los peligros y las promesas, todos los horrores y errores que cuajaban su vida hasta ahora con un largo, húmedo (Debido a las lágrimas) y apasionado beso que ella por primera vez no le negó. Ella no preguntó nada, todo estaba dicho, simplemente sonrió y esta vez ella lo besó a él con un beso de perdón. Acto seguido ambos recogieron los Odres y los trozos de lagarto. Y, cargados de sueños, esperanzas y temores, llenos de curiosidad pero sobretodo y más importante… juntos,se encaminaron hacia las montañas conocidas como la Espalda de Kadwal.



Hacia su destino.

lunes, 10 de febrero de 2014

La Sangre en la Botella: Cap 1 (Moral inexistente)

Tolezz descendió por la cuerda lentamente al tiempo que arrojaba varias bengalas al fondo del abismo, este túnel era de construcción reciente y partía desde el medio del campamento arrasado hasta las entrañas de la tierra. Él y su patrulla habían sido enviados del campamento principal hasta uno de las bases avanzadas del frente. El panorama que encontraron era el del silencio absoluto y un hoyo de unos 3 metros situado en el centro del campamento que se perdía en las entrañas de la tierra. Nadie en la partida de reconocimiento había encontrado un solo cadáver durante su barrido inicial por la zona, lo cual era extraño ya que los blancos nunca tocaban los cadáveres de sus enemigos. El capitán de la partida cuando hubieron informado  de la situación determinó que por precaución uno de los soldados  investigaría ligeramente el túnel y si: Habían elegido a Tolezz. Este,molesto, refunfuñaba mientras sus compañeros disponían un sistema de cuerdas para subirlo en caso de emergencia, el propio capitán de la partida lo instruyó de que diese un tirón fuerte de la cuerda si se encontraba en apuros  o el túnel finalizaba. Dicho esto el soldado comenzó a descender por la pared del vertical túnel hasta que la oscuridad lo engulló. Ahora  el soldado lamentaba haberse ofrecido voluntario para aquella misión de reconocimiento, él no era un explorador, era simplemente un soldado raso que nunca había entrado en combate, había creído que  la  tarea de explorar sería constatar que todos estaban muertos o rescatar a los heridos y volver… Craso error, como podía ahora constatar al descender penosamente por la pared de roca. –Al menos ya se ve el fondo- Pensó, eso lo animó un poco y de forma temeraria decidió salvar los metros que le separaban del suelo de un salto. Su tobillo crujió de forma desagradable al estrellarse pesadamente contra el suelo, no gritó pero soltó una maldición en voz alta y se retorció en el suelo mientras el dolor subía en oleadas desde su tobillo, la altura no presentaba problemas para alguien que tuviese cierta experiencia en espeleología. Sin embargo, como se adivinaría sin esfuerzo alguno la experiencia de nuestro soldado era nula y no solo eso, además cayó de forma bastante ridícula aterrizando sobre su pierna  y partiéndose el tobillo con los 20 kilos de armadura añadidos a la gravedad. No obstante aunque Tolezz Eurecian (Así se llamaba en realidad) fuese un inútil conservó la calma y en lugar de gritar de dolor como muchos otros hubiesen hecho en su lugar, activó la función de autonomía hidráulica de su armadura al tiempo que se ponía en pie con dificultad. La función de autonomía hidráulica de la armadura estándar de las Fuerzas de Trónico era un gran invento que permitía al soldado herido por fracturas continuar empleando esa extremidad sin dificultad aunque esta se encontrase totalmente inutilizada, esto también permitía a los soldados de Trónico proseguir la lucha aún cuando les faltase alguna extremidad. Esto no calmaba el dolor punzante que sentía el soldado pero al menos le permitía moverse libremente por el suelo del túnel. El túnel se bifurcaba en una serie de oscuras galerías sumidas en la sombra , el aspecto de las galerías también parecía reciente y Tolezz se planteó  tomar una de las bengalas e investigar. El abuelo de Tolezz había sido un gran explorador y algo en la sangre de su nieto se activó animándolo a proseguir, por desgracia el soldado no había estado en un desierto en su vida y no conocía los peligros de gritar en un lugar donde el silencio que reina es sepulcral y un simple paso puede ser oído a unas decena de metros por unos oídos normales, ya no diremos unos especialmente aguzados ara los que la caída del soldado era como el sonido de uno de los grandes cañones de plasma de la artillería Trónica.  Por ello no reparó en el furtivo sonido de patas en movimiento que se desplazaban a  gran velocidad hacia su posición y que doblaron el paso grito de: -Despejado!- .  Hasta que para Tolezz fue tarde, nuca pudo avisar a sus compañeros siquiera del peligro  terrible que corrían.  Surgiendo de un corredor lateral a la velocidad de un coche  en marcha media, un inmenso ser blanco con aspecto de escorpión  provisto de unas afiladas pinzas  clavó un afilado aguijón en el pecho de Tolezz, la armadura Trónica salvó la vida del soldado pues el apéndice rebotó aunque el impulso catapultó a Tolezz con fuerza contra la pared de roca cortándole la respiración, el soldado cayó pesadamente y la criatura sin perder tiempo trató de ensartarlo nuevamente, en un acto reflejo Tolezz rodó hacia un lado y trató de incorporarse pero la criatura siguió avanzando y atacándolo sin tregua a rodar y a retorcerse al tiempo que el peligroso aguijón oscilaba tratando de apuntar correctamente. Finalmente Tolezz rodó esquivando las pinzas de la bestia hasta acabar bajo su cuerpo y abrió fuego con el arma de pico de su armadura, la bestia se retorció de dolor cuando las agujas balísticas se clavaron en su carne perforando el exoesqueleto y arrojando fluidos que empaparon al soldado. Tolezz se arrastró fuera del alcance de la criatura y continúo disparando hasta que cesó de moverse,  la criatura semejaba un gigantesco escorpión totalmente blanco de casi 5 metros de largo.-Y quizás 2 de alto, aunque es difícil saberlo tumbado en el suelo- pensó. No penséis que Tolezz no tenía miedo, todo lo contrario, le temblaban las piernas de tal manera que tuvo que activar la autonomía hidráulica completa de la armadura. Su miedo se duplicó cuando de la abertura del túnel comenzaron a llegarle unos gritos horribles y el sonido inconfundible de los rifles de plasma abriendo fuego.

Permaneció paralizado sin poder siquiera pensar hasta que un cuerpo cayó desde la superficie sobre él, derribándolo y provocando una oleada de dolor proveniente del tobillo, el soldado se desplomó pesadamente contra el suelo pero el cuerpo rodó y se incorporó de inmediato, poniéndose en guardia  y parapetándose tras una roca al tiempo que abría fuego a diestro y siniestro. Ninguno de los disparos alcanzó a Tolezz de puro milagro,su compañero desconocido continúo disparando hasta que el soldado gritó: -Basta!, Basta!. Soy Tolezz, alto al fuego!- Los disparos cesaron de inmediato y Tolezz se incorporó usando su rifle como apoyo. Ante él se encontraba uno de los soldados de su partida con la armadura estándar salpicada de sangre y una grieta en la placa del brazo izquierdo que le colgaba inerte. No pudo continuar su observación  ya que un segundo cuerpo cayó desde la superficie y esta vez, preparado y alerta ,pudo esquivarlo sin dificultad arrojándose contra la pared. Dos cuerpos más se estrellaron contra el suelo y el primero que resultó ser su capitán al cual reconoció por su ametralladora de hombro acoplada que delataba su rango, el capitán se incorporó como un rayo y tiró de los dos cuerpos que trataban penosamente de incorporarse al tiempo que gritaba:- Fuego!! Fuego! Disparad a la boca del túnel! .Alejaos y disparad! Vamos vamos vamos vamooosss!.- De forma inconsciente, guiado únicamente por su instinto, Tolezz comenzó a correr en dirección a una de las galerías centrales mientras abría fuego contra la boca del túnel con su rifle de plasma, el hecho de que disparaba sin ver en absoluto propició la muerte instantánea de uno de sus compañeros al impactarle en plena cabeza un chorro ardiente de plasma que llenó el aire del túnel con un espantoso hedor a carne quemada aunque afortunadamente para Tolezz  el grito de agonía de su compañero fue silenciado por el inmenso estruendo causado por el túnel al derrumbarse. Una nube de polvo y rocas envolvió a los soldados que pugnaban por huir del derrumbe que amenazaba con sepultarlos bajo un manto de rocas. Tolezz corría como no lo había hecho en su vida, su armadura no daba más de sí como atestiguaban los mensajes mentales de alerta que  él apartaba sin más de su mente, era jugarse todo o nada ya que si la armadura cedía no podría moverse y sería sepultado, pero, si se detenía sería enterrado por las rocas lo cual no le dejaba muchas opciones. Sin apenas pensar y sin ver en absoluto tropezó, cayó y dobló incontables corredores hasta que finalmente emergió a la superficie, justo a tiempo, para ver cómo el soldado que había tratado de asesinarlo era alcanzado por una roca en el casco. Tolezz nunca supo explicar qué le impulsó a volver a entrar en el túnel e ignorando el aluvión de piedra, sacar el cuerpo del soldado ensangrentado rápidamente y    arrastrarlo fuera del túnel donde se desplomó sin sentido y con la sensación de tener la espalda partida en dos.


Despertó en plena noche temblando de frío, la autonomía de la armadura todavía se mantenía de forma milagrosa, consultó el estado y la cantidad de horas que restaban para que el ingenio tecnológico dejase de actuar de forma autónoma y se convirtiese en un armazón de titanio con revestimiento de Zeltark totalmente inútil , la estructura aguantaba perfectamente, sin apenas daños, considerando la cantidad de eventos que había sufrido. Se incorporó con lentitud y se quitó el casco. El aire del desierto acarició su rostro, era gélido pero lo necesitaba, el casco le provocaba claustrofobia pero Tolezz tenía que reconocer que esta vez le había salvado la vida, sin él las rocas lo habrían dejado inconsciente como a su compañero…Era cierto! Su compañero!, ahora recordaba haberlo sacado penosamente en lugar de abandonarlo.- Por qué lo hice?- se preguntó. Debo decir que aquel tipo de actos no se adaptaban para nada a la forma de proceder habitual de Tolezz,  mientras se sumía en estos pensamientos retiró con cuidado el casco de Rojo (Así había decidido llamar al misterioso compañero).  Su sorpresa fue mayúscula al descubrir… una mujer!. El ejército Trónico aceptaba mujeres, estas eran tanto o más capaces y letales que los hombres pero sin embargo lo que de verdad sorprendió a Tolezz era que su compañera no parecía pasar de los 16 años cuando era de sobra sabido que los soldados  permanecían en la academia hasta los 21 años. Momento en el que se licenciaban y pasaban a engrosar filas en el ejército Trónico como soldados completos y entrenados. ÉL mismo acababa de graduarse en la academia y era su primera misión… Tolezz no pudo pensar ya que su compañera se encogió y le asestó una patada en la cabeza que le partió el labio y lo lanzó rodando cuesta abajo medio aturdido. El soldado no tuvo mucho tiempo de lamentarse antes de que unas manos expertas lo inmovilizaran por completo, comenzó a patalear tratando de liberarse, sin embargo,  la presa no solo no cedió ni un centímetro sino que además de ello Tolezz constató aterrorizado que no podía respirar, su compañera roja trataba de matarlo!, lentamente el soldado comenzó a perder la visión, el sueño de la muerte lo llamaba y débilmente intentó un último esfuerzo antes de entregarse a su aparentemente ineludible destino… Desactivó totalmente su armadura. Sin la autonomía, la armadura se transformó en un saco metálico de 60 kg de peso que se derrumbaron sobre el desierto, la presa se desvaneció y Tolezz permaneció inmóvil  respirando débilmente. La primera patada en la cabeza le hizo gritar, la sangre lo cegó y todo comenzó a dar vueltas, reactivó la armadura y alzo los brazos deteniendo la siguiente patada que resonó de forma metálica contra la armadura de Tolezz. En unos segundos otra patada llovió sobre él, esta vez no la vio venir y la bota metálica se estrelló contra su nariz, la sangre comenzó a brotar y toda su visión se tiñó de rojo al tiempo que el dolor cruzaba su mente y estallaba invitándolo al sueño. –Duerme…. Vamos , duerme… es hora de dejar que otros tomen tu lugar…ya has sufrido bastante… duerme…-. –No…-pensó el soldado.-Todavía no…Dame un último intento… solo quiero intentarlo una vez más… esto no puede acabar así… no puede…. No puede… NO PUEDE!-.Subitamente   Tolezz se levantó a ciegas gritando, con su visión totalmente teñida de rojo y el dolor martillándole las sienes y el cuerpo entero. Se arrojó contra su asaltante  en un último intento de  huir o al menos infringirle algún daño antes de fenecer, esto pilló por sorpresa a su agresora que en ese momento se disponía a asestar una nueva patada sobre el soldado, desequilibrándola y cayendo ambos al suelo en un abrazo que los hizo rodar hasta la base de la duna mientras se asestaban mutuamente puñetazos y patadas que resultaban inútiles por sus armaduras. Tolezz renunció a tratar de incorporarse y se aferró a las piernas de su rival derribándola de nuevo, esta trató de golpear con las piernas en la cara al soldado pero Tolezz esquivó por puro instinto la bota metálica y asestó un puñetazo en  lo que sospechó que podía ser la cara de su rival. Para sorpresa mayúscula del soldado, su grito no fue de dolor sino de enfado y Tolezz pudo oir la voz de su rival por primera vez, una suave y melódica voz ahora iracunda que gritó: 

-POR QUÉ ME PEGAS?!.

Acto seguido se derrumbó por el golpe que le asestó en la sien y se desplomó.


Despertó con el calor del sol sobre él, el dolor ahora era un sordo zumbido en su cerebro que reverberaba en su interior, con esfuerzo trató de moverse pero la armadura carecía ya de autonomía y no tenía fuerzas para quitársela, para colmo de males en su radio de visión una cosa blanca diminuta se acercaba:  un escorpión diminuto de menos de un palmo iba en su dirección, blanco como la nieve, lo identificó vagamente como uno de los animales peligrosos mencionados en el folleto de información distribuido por el alto mando a todos los soldados de la base, en aquel neurofolleto , que Tolezz ojeó con desgana aparecía el diminuto insecto que ahora se dirigía hacia él: Turydos Tasarios, si usted o su patrulla es herido por uno, no soliciten ningún tipo de asistencia. Ejecuten de inmediato el protocolo nº 7. El protocolo número siete era conocido entre los soldados con el siniestro nombre: último beso del ejército  y consistía básicamente ajusticiar a tu compañero con un tiro en la cabeza. El protocolo nº 7 se ejecutaba normalmente en casos de deserción, de traición o en caso de que alguien cayese herido grave durante una operación militar. Aunque, hay que decir que no todo el ejército usaba este código, de hecho era considerado obsoleto y solo su división lo utilizaba todavía.  Ante su inevitable destino, Tolezz, se sorprendió al comprobar que no tenía miedo, al fin y al cabo, aunque pudiese levantarse, no podría llegar al campamento él solo, antes moriría de sed, ya que el campamento se encontraba a no menos de 200km de distancia insalvables a pie… -Pero por qué pienso todo esto?- se preguntó-.
 –Si la realidad es que ese pequeño insecto pondrá fin a mi vida… nadie sabrá nada de mí jamás, mi abuela nunca sabrá que caí sin llegar al frente… Oh dios! Pero que patético soy! Un soldado que muere sin llegar a luchar!. Esto no es justo!, se suponía que no debía acabar así… al menos moriré mirando a mi adversario… que no es otro que un simple insecto…-.
Lentamente giró el cuello hasta apoyar su ensangrentada mejilla en la ardiente arena, esta quemaba su cara, pero, aguantó el dolor, si tenía que morir moriría viendo como aquel pequeño bastardo se acercaba. Por una vez no sería un cobarde. El pequeño insecto se encontraba a menos de 30 centímetros de su cara, ya podía verle los diminutos, múltiples y brillantes ojos que adornaban su cabeza, como un delicado encaje negro, la travesía de su ejecutor era totalmente recta, casi como si hubiese sido enviado por el mismo desierto para aliviar la carga de aquel soldado herido. Sus ojos se llenaron súbitamente de inesperadas lágrimas, pero, sin dejar de esbozar una sonrisa, se preparó, y respiró una última vez antes de que su verdugo cumpliera su tarea. En ese mismo momento, una bota metálica de color carmesí aplastó al níveo asesino. Tolezz, tan concentrado y preparado como estaba no pudo evitar lanzar un grito de protesta y enfado, su esperanza de muerte rápida se había esfumado al igual que su aplomo, ahora la mejilla estaba totalmente quemada y le dolía mucho, con esfuerzo, trató de regresar su cara a su posición original. Pero la bota metálica se posó contra el su otra mejilla y le apretó con fuerza, hundiéndole la cara en la arena candente, el soldado aulló al sentir como la parte derecha de su cara era introducida en algo a una temperatura similar  a una plancha y comenzó a llorar. Pero no podía, no le quedaban lágrimas así que solo gritaba. Poco a poco, ante los gritos, la bota aflojó la presión, aunque, no se retiró de su mejilla. Tolezz no sabía que cojones quería lograr aquella psicópata pero si quería que suplicara, si lo único que quería antes de matarlo era que le suplicase que lo hiciera. Lo haría. Débilmente comenzó a susurrar  de forma monótona y repetitiva: -Mátame ya, por favor… hazlo… no sé quién eres ni qué diablos quieres pero… por favor… mátame ya…-


Los primeros cinco intentos no tuvieron éxito pero tras un rato repitiendo de forma demencial aquella desesperada petición, el soldado notó que un sombra caía sobre él y el aliento de alguien sobre su cara, no trató de abrir los ojos… ya no le importaba la cara de su verdugo, escorpión o soldado… eran lo mismo. –Por qué me pegaste en la cara?- le preguntó la voz de la niña asesina.  –Por qué?... por qué me atacaste de esa forma?- logró decir con esfuerzo y no menos estupor. –Atacarte?, te estaba saludando y dándote las gracias.- replicó con un tono de sorpresa que de no ser por la situación actual y los hechos acontecidos sonaba de alguna forma, sincero. Tolezz no pudo evitarlo, no quiso evitarlo, una risa maníaca, desesperada y rota brotó de sus maltrechos labios y resonó demente por el desierto, era la risa de la desesperación, la risa de la incongruencia y sobretodo, era la risa de la confusión más grande que había albergado el soldado en su vida. Tras  reponerse de las convulsiones que le produjo aquella diabólica risa , con grandes dosis de esfuerzo y sarcasmo Tolezz finalmente contestó:- Lamento… mucho… haberte pegado, damisela…. En cuanto a agradecimiento…. Habría bastado con darme la mano, un abrazo o un beso…
Ella se encogió de hombros y  le cortó cualquier pensamiento inclinándose sobre él y besándolo sin preocuparse en absoluto por la sangre o la arena, él estaba demasiado impactado para poder reaccionar, luchar o hablar y permaneció quieto hasta que ella se separó de él, trató de decir algo pero su lengua estaba paralizada, la sombra se retiró y el sol volvió a golpearle en la cara. – Se ha ido- pensó. –Se va para dejarme morir… pero no ha sido una mala despedida, sino estuviese rematadamente loca… en fin, el final está aquí y yo… Oh! No!, que es eso? Que va a hacer? No… por qué?, por qué no lo dejaba morir en paz, bajo el abrasador sol del desierto…- La razón de estos pensamientos era que la sombra había vuelto y ahora portaba un objeto alargado que no auguraba nada bueno para él. Armadura Carmesí  le rodeó y se colocó justo delante de sus pies blandiendo una espada que parecía hecha de arena, el soldado en un acto reflejo trató de alzar los brazos pero entonces ,recordó el estado de su armadura  y desistió, la hoja parda descendió  y se estrelló contra la armadura de la pierna emitiendo un sonido metálico, la hoja se descargó de nuevo, esta vez  contra su pecho. Tolezz estaba confundido, el rostro de Armadura carmesí era imperturbable mientras sin descanso golpeaba con su extraño sable pardo la armadura generando un repiqueteo metálico que se perdía en el desierto, con el paso de los minutos  el repiqueteo se convirtió en una sorda letanía que culminó con un crujido que indicaba que la armadura había cedido, pero la mirada de Tolezz se nublaba y la sed y el sentimiento de resistencia que había albergado secretamente  se desvanecía. Su cabeza cayó sin fuerzas sobre la arena y los parpados empezaron a pesarle demasiado como para mantenerlos abiertos. La muerte había llegado… y él la saludaba con la mano… que curioso… la muerte vestía de una manera extravagante , con prendas rojas y capa verde…


Ella soltó un grito de desánimo cuando la cabeza del soldado cayó sin fuerzas a la ardiente arena.  La espada se disolvió y la arena resbaló entre sus dedos, con rapidez se acercó y se dejó caer de rodillas frente al cuerpo de su presa, tomó la cabeza del soldado y la puso en su regazo acorazado, acto seguido, comenzó a retirarle la armadura del pecho extrayendo la placa delantera, el soldado estaba completamente desnudo pero no le importó, tirando con suavidad pero con firmeza fue sacando al soldado de la armadura. Sin pensar siquiera, activó la autonomía de la armadura y se cargó al soldado al hombro. No sabía si viviría, tampoco es que le importase demasiado pero había encontrado una fuente de información por primera en todo los años que llevaba en aquel desierto y le interesaba saber que más cosas podía enseñarle aquel interesante personaje, caminó durante horas a través del sol abrasador sin detenerse en ningún momento, ningún habitante de la zona se atrevió a cruzarse en su camino, ya que conocían de sobra al misterioso demonio rojo que habitaba en aquel desierto. Caminó sin desviarse  en dirección a las gigantescas montañas que se recortaban en el horizonte al oeste. Cada hora le tomaba el pulso para comprobar si su invitado  seguía con vida, le daba de beber agua cada cierto tiempo o más bien: Le humedecía los labios con un dedo al tiempo que ella bebía copiosamente. Con calma,lo arrastró hasta su cueva oculta bajo una pequeña duna, la entrada era apenas visible, un pequeño hueco sobresalía de la duna, suficientemente ancho como para que ella pasase pero fue un problema arrastrar al soldado por la pequeña abertura ya que en varios momentos se atascó, pero con paciencia finalmente logró , la cueva era espaciosa, de techo alto y acomodada con toscos muebles de madera que ella misma había tallado en sus intentos de viajar a las montañas, las paredes estaban revestidas planchas metálicas de factura extrañas y gran cantidad de abolladuras, como si algo las golpease con fuerza regularmente. tras depositar al soldado en su nido de suaves pieles, salió de la cueva en busca de comida, halló dos lagartos Fomárides cerca de las ruinas antiguas a los que dio caza fácilmente y tras cortarlos en pedazos los transportó a la cueva.


 El soldado despertó seis horas después de que los lagartos comenzaran a asarse (Ya despellejados, eviscerados y sazonados), fuera, el anochecer cubría el desierto con una capa de aterciopelada oscuridad y unas temperaturas gélidas. Supo que estaba despierto por el quejido que emitió al tratar de incorporarse con demasiada velocidad, tras desplomarse de nuevo, el invitado habló con voz pastosa pidiendo lo que toda persona que sobrevive por intervención divina en un desierto pide…. Agua. –Agua… por favor, agua… por…por…. Por piedad… agua…-. Ella se levantó y llenó un cuenco de piel con agua, se lo tendió y observó cómo bebía con avidez, pidió más y ella volvió a levantarse de nuevo a por el preciado líquido. Saciada la sed del invitado, ambos se miraron en silencio, su aspecto era horrible, su nariz rota colgaba torcida hacia la derecha y sus labios estaban partidos, no obstante se abstuvo a hacer ningún comentario, al menos, hasta que él habló: -Como te llamas?- preguntó. –Tolezz- contestó ella al instante. –Eso es imposible, ese es mi nombre, así me llamo yo… a ver, cómo te llamas tú?-. –Tolezz- repitió ella con una sonrisa impresa en el rostro. –Agggg, no importa, en fin, ya veo que sabes mi nombre muy bien… Ahora… si puedo preguntar… Por qué me has salvado?-  continuó él, resignado, no le apetecía discutir con alguien como Armadura Carmesí, de hecho temía por su vida, pensaba que solo le había salvado para continuar torturandolo… Hasta que recordó el beso. –Para disculparme por haberte agradecido el que me salvaras- Contestó ella con rapidez.


  Tolezz todavía no creía nada de lo que decía su anfitriona, estaba loca, eso era un hecho, pero le había salvado y el soldado no era ningún desagradecido con lo cual… -Gracias, supongo- dijo mientras trataba de lavarse la cara con el resto del agua del cuenco, al tocar su nariz una ola de dolor le recorrió el cuerpo. –Esto va a doler… mucho- pensó él al tiempo que de un tirón colocaba su apéndice nasal en su lugar correcto. No pudo evitar gritar y se mordió la lengua que empezó a sangrar abundantemente, su anfitriona se alejó de él de un salto al tiempo que se daba la vuelta creyendo, quizás, que algo había entrado en la cueva sin invitación. El soldado la calmó  con un gesto y le señaló su nariz, explicándole el motivo del grito, ella más tranquila recuperó la sonrisa y él prosiguió –Pero la próxima vez, si puede ser , agradécemelo con…  -Con un beso- completó ella, acto seguido lo besó de nuevo y Tolezz perdió el equilibrio, cayendo de espaldas sobre las pieles. Mentiríamos  si dijésemos que no enrojeció. No era para menos,  ya que Armadura carmesí era la primera chica real que besaba a Tolezz,- y eso marca a uno- pensó él mucho más tarde en su defensa, aunque la chica haya tratado de matarte previamente. 


Se separaron y ella sonrió de nuevo, tenía una sonrisa muy bella que contrastaba con su pelo corto en punta de color carmesí, como su armadura, sus labios en cambio eran de un tono negro que Tolezz nunca había visto antes, estos, constrastaban de igual forma con la palidez casi marmórea . El soldado también sonrió y se atrevió a tomar la iniciativa un poco más confiado, fue rechazado con un bofetón por su anfitriona que hizo que se desplomara de nuevo. La cabeza le daba vueltas, mientras pensaba en que clase de mujer abofeteaba al hombre que besaba… -Está loca, pero me ha salvado la vida, no sé sus motivos, ni creo que sean lógicos… debería preguntarle donde estamos y donde están sus padres-. Ella le contestó que a salvo, en su casa  y después preguntó con completa inocencia que qué eran los padres y, si se podían comer, él la escuchó con incredulidad, era imposible, una niña de su edad sola en el desierto, zona catalogada como muy peligrosa por el ejército. Y ella, sin embargo, sobrevivía sin problemas, como pudo constatar al ver las numerosas pieles colgadas por la cueva. Ante su silencio, ella comenzó a hablar y  le preguntó qué era “saludar” y “abrazo”, interesándose en especial en la palabra “por favor”.Tolezz intentó explicarle lo que era cada una, aunque al principio creyó que ella le tomaba el pelo, sin embargo, al mirar sus ojos verdes lo descartó por completo, aquellos ojos reflejaban la soledad más profunda que el soldado había visto en su vida. Con lo cual, le creyó, y trató de explicárselo de forma neutral, aunque no pudo evitar sentirse ligeramente estúpido mientras lo hacía, ella absorbía cada gota de información como él había bebido el agua que le había ofrecido: con anhelo. Por su parte,al quedar satisfecha su aparente e infantil curiosidad, le habló de como llevaba viviendo en el desierto desde que tenía memoria y le explicó como por simple curiosidad y diversión se había integrado en la patrulla de exploración asesinando a uno de los miembros y robandole la armadura, acto seguido habían atacados por los acechantes de la arena y había tenido que saltar al interior del túnel, -Tus compañeros- dijo con total naturalidad- ya estarán muertos, ya sea a mano de los acechantes, por el calor abrasador o congelados por los gélidos vientos que barrían el desierto.-

 Tolezz escuchaba con una mezcla de espanto y pena, él nunca había sido una persona ejemplar.pero al menos tenía un mínimo sentido moral, cosa de lo que ella, al parecer,  carecía por completo, -Qué le ha pasado para qué su moral esté destruida?, que terrible trauma había sufrido para que la muerte y la vida no significaran nada para ella?- pensó él. Le habló mientras cenaban el lagarto fomárides (Que Tolezz devoró con verdadero entusiasmo) del chasquido musical de las vértebras del cuello al quebrarse y la diversión de ver brotar la sangre como un torrente, no solo de seres del desierto como aquellos lagartos, sino también soldados moribundos que eran abandonados en el frente. Finalmente concluyó que no sabía lo que era un nombre, dado que nunca lo había necesitado y que Tolezz era el único nombre que había oído en su vida. Tolezz, después de salir de su asombro inicial, trató de explicarle que había muchos nombres en el mundo, que , de echo, todas las personas en el mundo tenían nombre, a continuación le habló de su propio nombre. –Pues en realidad ese no es mi nombre completo, es mi apellido paterno. Mi nombre real es Ronar, Ronar Tolezz Eurecian es mi nombre completo… y tú…- prosiguió- Tú… necesitas un nombre, un nombre de verdad y no mi apellido…mmm…si… un nombre facilitaría las cosas… nos da identidad…y define un poco lo que somos.- Finalizó. Ella, que había permanecido al otro lado de la hoguera escuchando extasiada en silencio, se levantó y se acercó, Ronar temió que fuera a golpearle de nuevo, ya que de nuevo su rostro carecía de emoción alguna, pero, para su sorpresa ella se sentó a su lado con suavidad, le agarró del hombro, acercó la boca a su oreja  y  susurró con una voz muy distinta a la que hasta ahora había empleado, una voz profunda con un timbre mecánico que puso los pelos de punta al soldado: 

-Entonces… Ronar, dame un nombre...dame identidad…  quiero un nombre…-


La forma en qué lo dijo estremeció a Ronar, que se alejó de forma inconsciente, ella por su parte se acercó de nuevo y formuló en voz alta la misma petición, Ronar comenzó a sentir un miedo desconocido dentro de sí, un miedo primigenio e insondable que no sabía identificar, ambos pena y miedo chocaban entre sí, debatiéndose dentro de él, luchando para tomar una decisión, que, era simple , pero a la vez le parecía la más difícil que había tomado en su vida. Como si de un holograma se tratase, recordó ,todo lo que había sucedido y de alguna manera que jamás comprendió vio llamas, muerte y un mundo que no era lo que parecía. Permaneció aturdido durante unos instantes pero finalmente  la pena venció, una sola palabra le vino al instante  a la mente, como traída por el mismo desierto, algo que, aunque no era un nombre, cumplía la misma función, quizás incluso más que un nombre. Esa fue la única palabra  que acudió a él cuando pensó en ella y curiosamente, le pareció un buen nombre, ella por su parte, aguardaba en silencio talandrándolo con sus ojos verdes… expectante. El tiempo se detuvo y él tomó aliento para decir:


-Alma- dijo Ronar Tolezz Eurecian, descendiente de una familia de importantes científicos, soldados y exploradores, cobarde, inútil y patético ser que ahora desempeñaba uno de los papeles más importantes de su vida, aunquea, como es lógico, no lo sabía. –Te llamas alma, porque es lo que te falta  y lo que sinceramente espero que encuentres, eres Alma, mi salvadora y espero que algún día… mi amiga…- Dejó de hablar cuando aturdido comprobó cómo los ojos de su anfitriona habían cambiado del verde a un color  dorado salpicado de extraños símbolos   violetas que no reconoció. Nunca en su vida había visto unos ojos así, tan profundos y hermosos, ella entonces, con sus ojos divinos y su voz melódica de vuelta ,preguntó: -Que es una amiga?-


Y Ronar no pudo evitar comenzar a llorar y a reir con gruesas lágrimas saladas para desconcierto de su anfitriona.